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jueves, 5 de mayo de 2011

* MAYO, FIESTAS DE LA LANA.

No puedo resistir la tentación, cuando se avecinan las  tradiciones “Fiestas de la lana”, en el Caideros de Gáldar, de identificarme con los pastores de la zona, con los que he compartido distintas jornadas desde el alba hasta que se tiende el oscuro manto oscuro de la noche…
Me he movido entre ellos, reconozco, con la torpeza de un hombre de ciudad que ha tenido que vencer numerosos obstáculos para convertirme en la sombra de cada uno de estos hombres y mujeres que son como un símbolo viviente. He compartido con ellos, fiestas y amarguras; penas y alegrías para que ustedes entiendan la marginalidad en que han quedado quienes cultivan la profesión más vieja del mundo la de pastor. Pastores que, por su existencia, constituye un pequeño milagro…

Valores en desuso, códigos de conducta, ayudas mutuas…ellos continúan manteniendo, su dignidad, su orgullo, su carácter. Son los cimientos firmes en los que se sustenta la tradición heredada. Poco les importa, aunque la sufran, que la sociedad no los tenga en cuenta el pequeño universo en que se mueven.
Me he sentado con ellos y atravesado la isla de un rincón a otro en los movimientos de ganado, cuando abandonan casa, hijos, mujer y pertenencias buscando el sustento de ovejas… Ávido de conocimientos, quería saber de ellos, escucharles, acercarme a su trabajo. Conocer sus historias, sus vivencias… hurgar en lo más profundo de su alma para, buscar el eslabón perdido o escondido en su memoria...
Los pastores atesoran una cultura ligada al aprovechamiento del ganado. Toda la isla, en tiempos pretéritos, formaba el espacio abierto a sus necesidades. Los límites dependían exclusivamente de la  geografía y de las benignas estaciones…
Con el devenir de los tiempos, con leyes casi siempre hechas a espaldas del pastor  su pequeño mundo en tierras de medianías, en tierras cumbreras frescas y acogedoras…

Ese aislamiento unido al enfrentamiento con los agricultores que acotaron sus tierras de cultivo, a veces sin consideraciones, han convertido al pastor en un ser casi marginal… Esa marginación, lo ha llevado a la situación actual de abandono y a olvido…

El pastor canario quedaba enfrentado a unos duros límites que el no podía ignorar ni modificar. Límites que se han ido estrechando en paralelo al olvido y al abandono y, sobretodo, debido a la secular incomprensión de las instituciones acerca del pastor y de su mundo.

El pastor vive otro universo de relaciones y contenidos: unos valores propios sobre los que articula las bases de su supervivencia. Y lo hace con fuerza de tradición, pues tal vez sea el único modo de sostener el orgullo y la dignidad que le caracterizan, la manera de representar el símbolo histórico y vital que todavía supone en estas islas el noble oficio de pastor.
                     
Por eso, para cuantos quieran adentrarse, aunque de manera superficial, yo les invito a una de las fiestas más ilustrativas del pastor y su mundo: La XVII EDICIÓN DE LA FIESTA DE LA LANA, el próximo día 30.
A las 10h Se inaugura la jornada
A las 10.30, trasquila y ordeño
A las 11.30 muestra de artesanía; exhibición de Saltos del pastor: lucha de garrote; exhibición de Lucha Canaria, Trilla tradicional y exposición de perros.
A mediodía actuación de distintos grupos folclóricos, entre ellos el poeta Yeray Rodríguez.
También, una de las cosas que se ha cuidado es la degustación del tradicional sancocho.

La historia de la que el pastor canario es en gran medida protagonista, símbolo y representación, aunque hoy parece ignorarse, podemos refrescarla el próximo día 30. Podemos volver a revivir aquellos tiempos en que la lana era un preciado bien económico… Degustar los sabrosos quesos artesanos de estas benditas tierras… escuchar el acompasado y rítmico “chiar” de las tijeras con su el tris-tras en el momento de la trasquila.

ALFREDO AYALA OJEDA

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