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jueves, 31 de agosto de 2017

* CÓMO HAN CAMBIADO LOS TIEMPOS...

Me levanté tempranito… Hacía un calor insoportable. Sin embargo, debo reconocer que tengo la fortuna, desde que estoy jubilado, de disponer de mi tiempo y, sobre todo, de una casa cueva que cuando llegan estos calores me refugio en cualquiera de sus habitaciones donde reina un fresquito de envidia… También, tengo una manguera entre parterres donde me doy mis remojones junto a mi negro y hercúleo perro de presa de nombre Volcán…

Ayer, cuando el sol traspuso por esa puerta del cielo que es Agaete, con mi perrita caniche de nombre Luna, fui a dar un paseo por el lugar de costumbre. Al poco, detuve mis pasos en un banquito situado frente a una antigua imagen de nuestra Virgen de Fátima, de la que mi madre era muy devota. Y lo era hasta tal punto que cuando nació mi hermana, la más pequeña, ella se empeñó en bautizarla con el nombre de Fátima… Pero el cura párroco de la iglesia de La Salle, quiso disuadirla con la despectiva frase: “eso es nombre de los moros”… Pero mi madre, sin apenas alterarse le dijo “y de una virgen, también”. Tuvieron sus palabras y al final todo se resolvió con un acuerdo salomónico y le pusieron un socorrido nombre compuesto: Fátima Alicia.

El recinto del colegio de La Salle fue una de las tantas donaciones de don Luis Antúnez. También fue uno de los tantos lugares donde la represión franquista dejó imborrable huella. Ahí, como queriendo pasar la página de olvido, queda este punto negro de nuestra luctuosa historia, un edificio que fue en el pasado punto de detención y torturas. En su interior ocurrió el luctuoso suceso que la sociedad recuerda como “Los 27 de Agaete”, hermanos que pensaban diferente y tras su paso por esta comisaría, nunca más se conoció su paradero…

Afortunadamente, eran otros tiempos…

De recalada, caminando suavecito, como dos enamorados cruzamos algunas miradas con mi perrita… El paseo se había prolongado demasiado y valgan verdades, los dos veníamos algo perjudicados y necesitábamos un descansito… Próximo a mi vivienda, han levantado una hornacina en honor a la virgen de Fátima… Frente, un antiguo banco de madera ofrece acomodo a los vecinos y visitantes para que puedan observar a la virgen y elevarle alguna oración… En el parterre que la rodea, las rosas, olorosas, se muestras exuberantes… También, frondoso, un espléndido mato de romero nos brinda su aroma… Al lado del asiento un pilar de metal que si bien para algunos pasa desapercibido para otros vecinos que sabemos de penurias, calamidades y carencias, significó en un pasado cercano un considerable adelanto. Despuntando los años cincuenta del pasado siglo distintos pilares se situaban en lugares cercanos para que los lugareños pudieran abastecerse de agua potable… Para acarrear el agua del pilar hasta sus casas los niños eran los que se encargaban de esa fatigosa labor. En fila india los niños aguardaban su turno y llegado el momento llenaban las latas del líquido elemento y la transportaban hasta su domicilio con un palo atravesado sobre los hombros del que pendía a uno y otro extremo uno ganchos que las latas… Los niños de antes tenían la obligación o la tarea, según su edad, de arrimar el hombro y ayudar al beneficio de la familia…

Hoy, los niños y no tan niños, poca o escasa responsabilidad tienen en las casas. Muchos, para que presten su colaboración para el bienestar de la familia, les cuesta Dios y ayuda…

ALFREDO AYALA OJEDA

domingo, 13 de agosto de 2017

* OFRENDA A LA VIRGEN DE CANDELARIA, TENERIFE




* MI ENCUENTRO CON ROSAURA MARRERO

Reinaba un calor de justicia y desde primera hora el equipo de televisión Canaria, trabajaba en los preparativos para intentar transmitir una de las transmisiones más complicadas que he realizado. En el interior del templo, la virgen de Candelaria estaba lujosamente vestida para presidir la ofrenda. Televisión Canaria no tenía permiso para transmitir ni la ofrenda, ni la misa, ni tampoco la procesión. Los derechos, los tenía Televisión Española… Pero yo tenía tomada la decisión de transmitir esos eventos y la empresa, cuando se le plantea el problema, apoyó mi decisión… Siguiendo instrucciones, el realizador buscó una óptica adecuada para la cámara central y un lugar estratégico donde ubicar los equipos… Y con toda esa localización me hablé con el Puncha, un amigo del carajo y un parrandero excepcional… Puncha, le puse la mano por encima de los hombros y le impliqué: “necesito que me montes una parrandita divertida, con garra… Quiero, te explico, hacerle una ofrenda a la virgen con ficticios ramos de coplas envueltos en sentimiento”… No tenía claro que el Puncha me entendiera, pero como siempre tuve fe en su criterio, dejé correr el tiempo…

Una hora antes de comenzar el evento, en una azotea a medio construir, empezó a situarse el grupo… Fueron llegando el Puncha como maestro de ceremonia, Gracita González, Félix Román “El Grande”, distintos componentes de la Parranda los Punchas”, Jaime León y una mujer irrepetible: Rosaura…También se sumó al acontecimiento el presentador Alexis Hernández… Llegado el momento la óptima de largo alcance captaba los momentos de la ofrenda y la música de la improvisada azotea se colaba fresca y espontánea en los hogares isleños… La innovación captó la atención de la audiencia…

Así con tantos inconvenientes nadie podía pensar que la transmisión ofrecida por la tele canaria superara, en mucho la ofrecida por Televisión Española…


Hoy, me apetecía recordar este momento porque en la actuación, con su cestita de jareas y su vestidito de vendedora de pescao, Rosaura Marrero cantó unas sentidas folías que después repetiría en el programa que yo dirigía “La Bodega de Julián”. Y llegó incluso más allá cuando en el plató del desaparecido programa nos ofrecía una página recordatoria de aquellas mujeres que por las distintas calles de nuestra geografía, coronadas con sus cestitas repletas de los frutos del mar y su pesa romana ofrecían a la vecindad sardinas, bogas, chicharros, sargos guardando para el último momento las morenas, un pescado que no se pregonaba y que muchas veces terminaba en la sartén de la vendedora.

Rosaura, precisamente, falleció en la víspera de la festividad de la virgen de Candelaria, cuando, la muerte, traicionera, después de visitarla, la sorprendió en un recodo del camino de regreso a su casa…

Mañana, en honor a su memoria “Noche de Parrandas, en la Plaza de la Patrona de Canarias, su 5ª edición, le ofrece un sentido homenaje con la participación de distintas figuras de nuestro folclore.

Rosaura, siempre te recordaré.

ALFREDO AYALA OJEDA