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domingo, 22 de mayo de 2011

* FUI A SORPRENDER Y RESULTÉ SORPRENDIDO

Hoy, leyendo y repasando… metiéndome en la piel del amigo José Hernández, me he metido por los caminos y veredas de mis idas y venidas alrededor del mundo… cuando cada regreso era como un feliz encuentro con olores y sabores con los que me siento plenamente identificado…

El amigo Pepe Hernández, en su reciente escrito referido al mojo picón y publicado en este mismo blog, me sirvió de eslabón para recordar aquella ocasión que, en mi última estancia en San Antonio de Texas, intenté sorprender y fui sorprendido. Me sucedió algo así como el cazador, cazado… Viene a cuento, por la añoranza que todos sentimos, de esta bendita tierra, cuando se está lejos de ella… cuando el más mínimo detalle, olores o sabores, vagan por los rincones del alma identificándonos o devolviéndonos, casi sin saberlo, a nuestros orígenes… Cuando nos encontramos lejos de nuestro sonoro mar Atlántico como cantara nuestro poeta Tomas Morales.

Con un reducido equipo de Televisión Española en Canarias, habíamos seguido la diáspora * isleña, desde Punta del Este hasta EE.UU haciendo grabaciones y levantando en documento sonoro y gráfico sobre la situación en la que se encontraba nuestros emigrantes lejos del terruño… Yo, sabía por anteriores desplazamientos, las penurias que pasaban; las carencias de información; las maguas y tristezas. Por eso, a parte del equipaje, llevaba una abultada maleta conteniendo diverso material de alfarería, discos, cintas, documentación y algunos pañuelos bordados en la isla de La Palma… Tenía previsto, con todos esos obsequios entregarlos en las distintas visitas que teníamos previsto realizar por hogares canarios, por casas particulares… Previamente, para dar cercanía y estrechar lazos, decía unas palabras de agradecimiento y reconocimiento…

Cuando llegamos a San Antonio de Texas, la comunidad isleña nos preparó una extensa e interesante ruta, habían localizado a los personajes de interés y nos agasajaron por todo lo alto… Paseo por el Rio San Antonio, visitas al Álamo y lugares de importancia y, como no, la historia de aquella veintena de familias procedentes de las Islas Canarias, obligadas por la Corona Española a la emigración mediante el “tributo o impuesto de sangre”…

Texas, era el penúltimo lugar de nuestro viaje y mis regalos, casi se habían agotado. Solo quedaba un cuenquito que había adquirido en la isla de La Palma, a los prestigiosos alfareros Ramón y Vina. El día de la partida, el avión salía a las 19h. Al filo del mediodía los había reunido a todos para expresarles nuestro agradecimiento por el trato que, dicho sea de paso, fue exquisito. Decidimos hacerle entrega del último regalo al mayor de la comunidad: Heberto Padilla… “Amigo mío, le dije, usted se merece que este equipo, le agradezca, las atenciones que han tenido para con nosotros con algo más espléndido. Sin embargo, creo que esto tan minúsculo tiene la grandeza de estar labrada con manos propias, con sentimiento propio y con tierra propia. Esa tierra que ustedes han tenido que abandonar por circunstancias de la vida dejando atrás, familias, tierras y pertenencias…” No pudo resistir la emoción y las lágrimas brotaron de sus ojos. Tembloroso y emocionado, me abrazó… Al tiempo, una botella de ron de Arucas, del ”colorao” empezó a recorrer el salón... mientras una voz dominante y afectuosa, a la vez nos llegó al alma: ¡venga que se enfría el conejo al salmorejo! Nos habían preparado, con todo lujo de detalles, un espectacular plato con productos de las islas. Dos años habíamos pasado lejos de nuestras islas y los olores y sabores sabían a identidad…

Así que, retomando el inicio de estos recuerdos, entiendo perfectamente al amigo Pepe Hernández que entre pucheros y sartenes, cree que hace su mojo picón cuando en realidad lo que saborea es el recuerdo dormido.

*(Dispersión de personas, por el mundo).


ALFREDO AYALA OJEDA

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