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miércoles, 7 de febrero de 2018

* LOS CARNEROS DE TIGADAY, DECLARADOS BIEN DE INTERÉS CULTURAL

A la isla de El Hierro, le he dedicado gran parte de mi vida profesional. Largos años en que, primero con el inolvidable Nanino Díaz Cutillas, en programas como El Pueblo Canta, Canarias Viva o Tenderete, fuimos levantando el acta de lo que había en esta alejada isla… Después, con otros programas que creé, dirigí o colaboré, fui ampliando mis conocimientos, mis vivencias: mudanzas, tafeñas, rituales de la noche de San Juan, historias sobre los cuervos parlanchines y distintos capítulos de la serie Senderos Isleños como “Sones y silencios”, dedicado a los “margareos”, la pesca mediante “cantos de llamados a morena”, “romería de San Juan”, “Jardín de la sal”, “Guinea los Juaclos”, o la Bodega de Julián, donde se recogía gran parte del extenso y único folclore musical de la isla de El Hierro. 
Pero andando el tiempo, Televisión Española se modernizó. Contaba con mejores medios y las grabaciones en cine 16mm, estaban siendo reemplazadas por el video. Una pequeña unidad móvil, a la que se le podía aplicar tres cámaras, llegó a los centros de Las Palmas y Tenerife y nosotros, con un pequeño equipo empezamos a recorrer las islas con una nueva iniciativa: “Canarias viva”, programa dirigido por Guillermo Aguado, presentado por Nanino Diaz Cutillas y yo como productor. Uno de los primeros desplazamientos fue, precisamente, al Hierro. Allí, en aquellos tiempos, el hoy espléndido, hotel más pequeño del mundo, era un montón de ruinas y el poblado de Guinea, dormía el sueño de los justos, cubierto por las agresivas ramas de calcosas (vinagreras) y al pie de la fuga de Gorreta una machacadora devoraba la base del risco, auténtico santuario de los lagartos más famosos de la isla.
Tejeguate, iniciaba su andadura, Benito Padrón y su hijo Ramón, eran los fundadores. Pues hablando con Benito, aunque era el mes de junio, hablamos de los “Carneros de Tigaday”. Después de una larga conversa, estudiamos la posibilidad de grabarlos, aunque estaba fuera de tiempo. Todos, cada uno con los medios al alcance, se pusieron manos a la obra. En la casa de Benito se empezaron a lavar las asaleas, a peinarlas y prepararlas y a darle lustre a las imponentes cornamentas. Se buscó canfort para teñir el cuerpo de los participantes… Se colocó sobre la unidad móvil un megáfono y en cada vuelta que dábamos por los distintos rincones de la isla, solicitamos el apoyo del público para acudiera a la cita con la tradición. El ambiente, crecía. Todo, para el día señalado estaba a punto… Y al caer la tarde, cuando el sol se escondía, apareció el pastor “El Loco”, blandiendo un machete que, tras fricción contra las piedras, soltaba chispas de fuego que sembraban el miedo… Los más menudos, se escondían tras las faldas de sus madres para evitar las embestidas de los carneros…
Los “jierros” y cencerros, sonaban por la larga calle. El gentío acudió a la cita y la estampa carnavalera, el alboroto, el griterío se enseñoreó por el municipio y el carnaval tradicional cobró vida.
Después, con Benito y su hijo, tuvimos muchísimos encuentros. Pero de este carnaval tradicional es del que guardo un feliz recuerdo porque Benito, hombre honrado, trabajador y preocupado por las cosas de la tierra, por sus costumbres y tradiciones. Benito Padrón, había rescatado cuando terminó la guerra, la tradición de los Carneros y aquel día fue un hombre feliz.
Después, para Senderos Isleños, en el capítulo “Botargas”, nos hizo estas declaraciones que hoy reproducimos.

DECLARACIONES DE BENITO PADRÓN:



El Ayuntamiento de La Frontera celebra la declaración de los Carneros de Tigaday como Bien de Interés Cultural (BIC), "una fiesta representativa de la isla de El Hierro".

Estas declaraciones se producen después de que el Consejo de Gobierno de Canarias declarara a los Carneros de Tigaday BIC, con lo que se garantiza para futuras generaciones esta manifestación que escenifica la relación de los antepasados herreños con la naturaleza.

El alcalde de La Frontera, Pedro Miguel Ángel Acosta, ha valorado esta "gran noticia" para el municipio y para la isla y ha agradecido a Benito Padrón y a su hijo Ramón que hayan rescatado la tradición.

"Un pueblo debe fomentar su folclore y su cultura para mantener su supervivencia", expresó Ramón Padrón, Medalla de Oro de Canarias, precisamente por su trabajo de recuperación de las tradiciones populares de El Hierro.

El portavoz del colectivo de carneros, Iván Padrón, hizo referencia a todos los que llevan "muchos años" siguiendo con esta tradición y la han mantenido en el tiempo. 

Los Carneros saldrán a la calle los días 11 y 13 de febrero. 

ALFREDO AYALA OJEDA

viernes, 19 de enero de 2018

* A PERICO LINO, LA VOZ GOFIONA

La veterana, prodigiosa, cálida y profunda voz de Perico Lino, se apagó en la mañana de ayer. Por fortuna, nos queda el grato recuerdo y una amplia discografía, en la que podemos seguir disfrutándolo. Se nos fue el amigo, el cantor que acunaba el más puro sentimiento y que atesoraba un estilo inconfundible…
Lo recuerdo, la nostalgia me envuelve, entrando en los modernos estudios televisivos de la Plazoleta de Milton, (1.971) con su guitarra, su espléndido mostacho, sus gafas oscuras de gruesa montura y su amplia sonrisa... Allí, con Nano Doreste, Paco Sánchez, Eduardo Moreno “El Chachón”, Ciro Morales, Juan Socas, Eduardo Guerra, Joaquín Naya y otros muchos que cada martes se reunían en el plató para iniciar el mítico programa Tenderete… Nanino, le tenía en gran estima y por su seriedad, le decía “El As de bastos” …
Perico Lino, se pasaba horas enteras, cuando tenía 16 años, oyendo a los maestros de la Parranda de Educación y Descanso, en la calle León y Castillo, donde andando el tiempo se estableció el restaurante Tenderete del amigo Pepe Luján, participando en el cuerpo de baile. Más tarde perteneció a los Coros y Danzas de España con cuyos componentes se desplazó a la península y a la perla de las Antillas como solista y músico. Contaba Perico Lino que por ese tiempo estaba realizando el servicio militar y puso como condición para el desplazamiento, que solicitaran el permiso a sus superiores. Con la autorización en el bolsillo realizó el desplazamiento.
Tiempo atrás, convocado por Totoyo Millares y junto a un puñado de enamorados de lo nuestro, se había reunido en el Pueblo Canario para ir dando forma a un grupo capaz de investigar, rescatar y transmitir la creación de lo que hoy conocemos como “Los Gofiones”. Perico Lino, alma mater de Los Gofiones, ha pertenecido a esta distinguida agrupación de música popular, durante casi 50 años.
Los Gofiones, hoy considerados como uno de los mejores grupos musicales de Canarias, se fundaron en Las Palmas de Gran Canaria el 3 de octubre de 1.968 y gracias a su dilatada trayectoria y su valioso trabajo de investigación y creación, son valorados y conocidos dentro y fuera de nuestras de nuestras fronteras.
Con la vuelta de Tenderete, tras un largo paréntesis que se prolongó por espacio de dos lustros, coincidieron en el plató de la Feria del Atlántico, Los Sabandeños y los Gofiones y en la isa final Perico Lino cantó la siguiente copla:

“Tinerfeños y grancanarios
unieron sus corazones
cantando para las islas
Sabandeños y Gofiones.”

Eran tiempos en que Tenderete se emitía en riguroso directo.

Foto: Perico Lino y Alfredo Ayala

Durante años he seguido con mucha devoción las actuaciones del grupo. Los he llevado a los distintos programas en los que he participado, creado o dirigido. La última vez que nos saludamos fue, precisamente, en la grabación del mítico programa, Tenderete. Allí, nos hicimos unas fotos que guardo como oro en paño.. Otras veces, en el Mercado Central, tempranito, coincidíamos con frecuencia y hablábamos de folclore, de intérpretes y autores.

Perico Lino, era un hombre bueno. Todavía resuena en mi memoria aquel homenaje “Brindis Gofión” que le ofreció su grupo: 
“Lloran suave los laudes, acentuando una pena” y luego la copla del antiguo gofión José Manuel “El Patilla”:

Ya quisiera yo cantar
con la elegancia y el tino
Como canta nuestras coplas
Don Pedro González Lino
Como canta nuestras coplas
Mi amigo Perico Lino.

Sus fieles compañeros de Los Gofiones advierten que será muy difícil acostumbrarse a la idea de no disfrutar de esta figura considerada como una de las últimas voces masculinas legendarias de la música folclórica de Canarias, un grancanario que desprendía cariño, bonhomía y respeto a su paso.
Siempre será recordado por el indiscutible sello de su cálido timbre de voz y su personal estilo clásico de interpretación, el temple y la seguridad en el canto, la capacidad de transmitir en la copla sentimientos de alegría o tristeza, atributos que, en definitiva, configuran una personalidad diferenciada en el campo de la música tradicional isleña.

¡Descansa en paz, querido amigo!

ALFREDO AYALA OJEDA

lunes, 8 de enero de 2018

* “LA TARDE QUE EL RATÓN SE COMIÓ AL GATO”

Hace años, conocí a uno de esos personajes irrepetibles. Desaliñado, siempre con su chaqueta roída por el paso del tiempo y su corbata lisa… Fumador empedernido, su cachimba o cigarro se consumía cayéndole la ceniza sobre la solapa. La primera vez que lo vi, fue subiendo el camino nuevo eso que hoy, rebautizado, se llama Bravo Murillo. Paseaba sin prisas, ensimismado en los edificios que erguidos flanqueaba, uno y otro lado, de las calles.  Su pelo, largo, ondulado, variolé, tenía la grandeza y similitud de las sabinas, que luchan contra el viento en las tierras herreñas. Un día, el director de aquella párvula TVE, en Canarias, me pidió que me desplazara a Tenerife, para conocer a los corresponsales de La Palma, La Gomera, y El Hierro, saber de sus necesidades y su situación. Y claro, en esa reunión conocí a tan ilustre personaje: José Padrón Machín. Fuimos a almorzar juntos. En la conversa, me habló Manuel Hernández “el huido”, al que conocí posteriormente en Las Alcaravaneras, en un barcito que tenía frente a la céntrica Playa.  Manuel Hernández, fue un fiel cultor de nuestra lucha canaria y también, alcalde de la Villa de Firgas y, con ese vínculo, terminamos hablando de Lucha Canaria…
Al amigo Padrón Machín, le gustaba pasear por la Rambla santacrucera. Muchos paseos dimos juntos y muchas veces, cuando caía la tarde, nos acodábamos en las tasquitas y empinábamos el codo.

Pasado el tiempo, en la visita periódica que realizaban los corresponsales, recaló por el centro de TVE, en Tenerife, en la calle Miramar, Padrón Machín. Venía con un tocho bajo el brazo y me dijo, esto son historias de lucha, algunas están referidas a luchadores herreños y otras al resto de las islas. La verdad, me emocionó el amigo Padrón. Llegué a casa y me puse a devorar sus escritos. Me hablaba de Justo Mesa, Mauro Machín, Romero, Ramón Méndez, Angelito, “El Sopo”, Martín de terribles luchadores que hicieron auténticas exhibiciones en Cuba… En uno de esos sabrosos escritos contaba aquella ocasión en que “El Ratón, se comió al Gato”:

No hay apasionamiento ni parcialidad alguna, en decir que el lagunero Angelito, ha sido el más grande artista de la lucha canaria. Ni equivocación tampoco. Que Martín, Pascual y “Camurria” hicieran grandes luchadas, no tiene nada de extraño, porque poseían el arte y las disposiciones físicas necesarias para ello; pero que Angelito con peso de jockey de carreras -nunca pasó de los cincuenta kilos_ tirara a profesionales del deporte como Déniz, “Pollo de Uga” Pagés y otros que se aproximaban o pasaban de los cien kilos, no tiene explicación racional, ni aun siendo la lucha canaria un deporte en el cual, el arte juega un papel primordial y hasta decisivo.

Vamos a contarles una anécdota que sucedió en el Campo España de Las Palmas, ciudad en la cual, la simpatía que este luchador despertaba era muy grande. Más o menos, la misma que en Santa Cruz de Tenerife o en la Laguna, aunque parezca extraño.

Aquella tarde Angelito estaba haciendo una faena verdaderamente magnífica, derribando hombres y más hombres, muchos de ellos excelentes luchadores. Los del bando contrario se dieron cuenta, de que para evitar de que acabara con la mayor parte del equipo, había que enfrentarle  a uno de los más fuertes atletas y así se vio aparecer en el terrero el famoso luchador apodado El Gato, un hombre de más de noventa kilos, al mismo tiempo que se oía salir de entre la multitud esta ocurrente frase “el Gato se va a comer al ratón”, en realidad el lagunero parecía un ratoncillo al lado de un enorme gatazo.

Angelito lo oyó y se dijo para sí, “no se lo comerá”. Había visto luchar a su contrincante y aun cuando se trataba de un rival hábil y duro de bregar, concibió un plan de ataque que podía darle un buen resultado... Porque ha de saberse que el artista lagunero no tiraba a estos grandes hombres aprovechando en medio de la lid, una ocasión propia para hacerlo. No porque esa ocasión puramente casuista es muy difícil que se presente entre contendientes muy desiguales en cuerpo y poder. Lo que hacía era concebir un plan y entrar luchando para ponerlo en práctica con precisión matemática. Muy pocas veces, se equivocó.

Tampoco aquella tarde.  La emoción del público era muy grande, como un poderoso aliento que él sentía y le animaba. Apenas agarraron, Angelito se enderezó haciendo como que iba a levantar a su contrario. No era, sin embargo, esa su intención, sino la de que el otro, contraatacando, lo levantase a él, como en efecto ocurrió. Pero Angelito no podía ser tirado así. Su contendiente se desconcentró ante el fracaso del intento, quedando un tanto inseguro en su posición de equilibrio, circunstancia que el gran artista aprovecha con la rapidez de un rayo – como hacía siempre- y, trabándole por fuera, lo volcó hacia un lado, cayendo a la arena de forma aparatosa.

 Entonces, entre los aplausos de un público lleno de entusiasmo, se oyeron varias voces que decían: “El ratón, se comió al Gato”.

De Angelito, luchador genial una copla corría de boca en boca:

CUANDO DIOS SE ABURRE ARRIBA

Y QUIERE ALEGRARSE UN POQUITO

BAJA DEL CIELO

A VER LUCHAR A ANGELITO.

En otra ocasión hablaré de aquella ocasión en que José Padrón Machín, me contó aquella visión sobre la mítica San Borondón y otras historias de lucha…

ALFREDO AYALA OJEDA

miércoles, 3 de enero de 2018

* SOBRE AUTO DE LOS REYES MAGOS

El 5 de enero, en muchos rincones de nuestro archipiélago, está en fiestas. Las calles, se engalanan y en distintos puntos, se enraman, como sucede en Garachico, en las calles del Volcán y los Reyes se decoran para recibir a los visitantes más esperados del año: sus majestades, los reyes magos.

Con anterioridad, en el convento de San Francisco, un grupo de jóvenes, van recogiendo distintos paquetes que, familiares, padres y amigos, van depositando, Cuidadosamente, a cada paquete se le rotula. A la villa de Garachico llegan juguetes desde los más apartados rincones de dentro y fuera de la isla. Los paquetitos, apilados, aguardan el momento en que sus majestades, después del Auto, convoquen a todos en la plaza principal para hacerles entrega.

El recorrido de sus Majestades comienza con la llegada de los Reyes hasta la reducida ermita de la venerada virgen de los Reyes… Continúa el recorrido hasta llegar al Castillo donde tiene lugar el diálogo con Herodes… Después, distintos agasajos con los más pequeños hasta llegar a la Plaza, donde una enorme multitud espera nerviosa la llegada…

Uno tras otro, se van nombrando y los niños unos con cara de felicidad y otros más asustadizos, van recibiendo los regalos en una noche envuelta en magia.

El Auto de Reyes en Garachico, al que dediqué muchísimo tiempo en averiguar sus orígenes, es una de las tradiciones que se mantiene firme, resistiendo el paso del tiempo... Pregunté a los más viejitos del lugar y todos, sin exclusión, me contestaron… yo siempre lo he vivido y mis padres también. En suma, que nadie recuerda sus inicios... 

También en otros puntos, como Gáldar, Mogán, Agüimes, Tejina, Garafía, Betancuria, La Aldea, el auto de los Reyes Magos se celebra por todo lo alto. A mi gusto, los más espectaculares se realizan en Garachico, Agüimes y Tejina, si bien es verdad que no conozco el de La Aldea y Mogán.

En algunos lugares el Auto de los Reyes Magos, se ha recuperado. Los diálogos antiguos que hace años duraban hasta seis horas, se han acortado.   

ALFREDO AYALA OJEDA

martes, 26 de diciembre de 2017

* DORAMAS, HIZO LA GESTA

La lucha canaria, no solo es arte y deporte: es mucho más. En la lucha, se encierran otros muchos valores que quizás, con el paso del tiempo, se han ido diluyendo. Pero estos ordenes cambiantes cuando aparece un joven o veterano luchador haciendo la gesta de quedarse invicto sobre el terrero, como por arte de magia nos transportamos al pasado y volvemos a encontrarnos en esos momentos en que el hombre, solo sobre el terrero, gallardo, con los brazos cruzados, permitía el agarre a su rival antes de comenzar la brega...  Al luchador, no le mueve, cuando se planta en el terrero, nada más que salir a defender no solo su honor, sino el de su equipo, su barrio, su pueblo, su isla… Sabe que en el terrero es donde se miden los hombres y donde juega un papel primordial el arte, el valor, la fuerza… Defender el terrero es la máxima del luchador; el sueño, quedarse en pie, invencible, para convertirse en el “As” de moda. Hoy, como ayer, como siempre quedarse en el terrero después de dar en tierra con sus rivales equivale a ganar respeto y admiración. El mismo respeto y aclamación popular que tuvieron otros muchos luchadores que se recordarán siempre. Tal es el caso de José Rodríguez “El Faro de Maspalomas”, Dominguito Mederos, Alfredo Martín “El Palmero”, don Ramón Méndez, Francis Pérez “Pollito de la Frontera”, Orlando Hernández “El Estudiante”, Joaquín Rodríguez “Pollo de Uga”, Heraclio Niz “Pollo de Arrecife”, El viejo Camurria, Pollo de Maguez, Juan Barbuzano…

Hace unos días, todos los medios informativos sin excepción, se centraron en un chiquillo de 17 años, de nombre Doramas, que pasó del anonimato a “poner patas arriba” el terrero de “Los Molinillos”. Ocurrió esta hazaña, en la final de Segunda Categoría, disputada entre su equipo el Roque Nublo y el Castro Morales.

Ni el joven luchador lo tenía previsto, ni tampoco el más optimista de los seguidores del Roque Nublo, podía imaginar a un espigado chiquillo que momentáneamente aparcaba en pleno periodo de exámenes sus libros de estudio, saltara al terrero y diera en tierra, uno tras otro, con los mejores luchadores del equipo contrario para fijar el resultado en 12-11.

Y por esta hazaña del joven Doramas Infante, me vino a la memoria aquella crónica que he releído en distintas ocasiones sobre la lucha histórica de “La Media Montaña”, entre los bandos Norte y Sur de Tenerife y en la que participaron en el año 1834 nada más y nada menos que 430 luchadores y en la que el luchador Juan González “Cartaya”, se quedó en el terrero. La copla, el canto de la gesta, quedó escrita para los restos:

CARTAYA VINO DE GÜIMAR

A LUCHAR A CANDELARIA

SE ESCARRANCHÓ EN EL TERRERO

Y NO HUBO QUIEN LO TUMBARA.

ALFREDO AYALA OJEDA