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domingo, 6 de junio de 2010

* EL CORPUS VERTICAL

Hace algunos años decidí recorrer los distintos puntos de nuestra geografía donde la variedad de actos de la festividad del Corpus tenían matices diferenciadores… Así, asistí a La Villa de La Orotava como relaté en el día de ayer y, posteriormente, me desplacé hasta Mazo, puerta aérea de la isla de La Palma. Quería vivir, en primera persona ese intenso latido de la tradición…

Asistí, al renovado milagro de la naturaleza, y conforme la estación avanza, entre aromas de pinos y frescas brisas que ascienden desde el mar, el corazón palmero se une a esa hermosa renovación; pero lo hace doblemente, destacando su vocación religiosa, y reuniendo los dones de la exuberante vegetación que le da su tierra, para crear una insólita armonía de color forma y delicadeza que reúnen la mejor muestra de su espíritu fervoroso y sensible.

La abundante y magnífica floración que existe en La Villa de Mazo, y en todo el municipio, es consecuencia del excelente clima, propio de las medianías en las que encuentra, además del esmerado cuidado que la población pone en el cultivo de las plantas ornamentales.

En La Villa de Mazo, capital del municipio, se encuentran las construcciones más notables de la población. Edificaciones modernas que se alzan junto a antiguos caserones de gran porte, sumamente cuidados, que evocan el recuerdo de un pasado vinculado a dos etapas bien diferenciadas, la conquista de la isla, y la aventura americana de la población.

A finales de la primavera y ante la proximidad de sus fiestas más renombradas, las gentes de Mazo llevan ya muchas jornadas de trabajo, dedicadas a la recolección de vegetales de distintos tipos, para la confección de los ornamentos que dan carácter a la celebración del Corpus Christi.

Grupos de personas de distintas edades dedican su tiempo de ocio a la búsqueda de plantas, arbustos, hierbas, flores y semillas, de las que puedan obtener los indicados colores y las formas precisas para sus ingeniosas y artísticas obras.

Musgos y líquenes se encuentran siempre en zonas de malpaís de difícil acceso.

Para los más jóvenes quedan las plantas fáciles de identificar, en lugares de menor riesgo y más fácil acceso. Cuando el tiempo y las mareas lo permiten, algunos grupos de jóvenes se sumergen en la costa en busca de algas y cebas cuya coloración y forma son muy apreciadas también en estos trabajos.

Hace ya meses que los representantes de los catorce barrios que levantan sus arcos en el Corpus de Mazo, han entregado al carpintero los diseños de estas artísticas construcciones.


Es preciso poner mucho cuidado en estas construcciones, pues cuando se instalen, deberán mantener un delicado equilibrio, que desafía los más elementales principios de la gravedad.

Las piezas, fabricadas a modo de difícil rompecabezas, van a parar a los talleres de cada barrio, donde se adornan con los vegetales recogidos.

En los días del Corpus y se observa una inusual actividad en un lugar tan apacible como La Villa de Mazo. Se desvía el tráfico de sus empinadas calles y una cuadrilla de empleados municipales comienza el marcado y preparación de las vías, donde alfombras y arcos deberán situarse.

Desde primeras horas de la mañana empiezan los trabajos; y con ellos crece también el ambiente festivo propio de estas solemnidades. No se deja lugar al error visual y para eso, se tensan las cuerdas que darán al trazado la simetría esperada. Miradas curiosas siguen atentamente las faenas que los empleados municipales llevan a cabo. Todo es exacto, preciso; y, cuando se ha conseguido la dirección adecuada, se marca con tiza todo el empedrado.

Los dibujos van tomando forma paulatinamente en un laborar monótono y de fatigosa postura en la que no se observa el trabajo conjunto; solo se ve el que hace cada uno. Es un auténtico trabajo en equipo, donde nadie tiene protagonismo y en el que todos se sienten satisfechos de su contribución, pegando, recogiendo y cortando flores, preparando la adhesiva poliada o trayendo el reconfortante chocolate. Todos, se entregan con la mayor ilusión a concluir la artística obra que les representará en el Corpus.

Numerosas fueron mis conversaciones…entre ellas con Roberto Martín, diseñador del arco del Barrio de La Rosa, a quien encontré confeccionando un artístico tapiz. El me habló de la complejidad en la elección de los materiales, matices, colores en la intimidad del taller....

Algas marinas, musgos de castañero, hilos de piteras, saragatona, helechera, lecherillo, millón, hoja de plátano, piña o borracho; cortados, picados menudo o deshojados, se ordenan con sensibilidad y una gran dosis de fantasía en los paneles de los arcos, para crear una ofrenda colectiva que honre y engalane la solemne celebración.

En este taller donde se confecciona el arco que representa a la municipalidad, se trabaja con mayor intensidad, si cabe. Es frecuente, que la complejidad de las tareas exija que los equipos de trabajo continúen hasta el amanecer. Los ritmos se van acelerando, conforme la noche avanza. Se dan toques y retoques, se confrontan colores y se observan las formas y dibujos, en un último intento por que nada quede sin comprobar, pues todavía será necesario dedicar la ultima jornada al traslado y montaje de tan compleja estructura.

El tapiz que se expone cada año en la fachada del ayuntamiento y que reproduce pinturas famosas o paisajes de la isla de La Palma, siempre es esperado con auténtica expectación. Doña Maruca Guerra y su marido, por aquéllos tiempos en los que yo estuve, llevaban treinta y cinco años preparando paciente y artísticamente, estos tapices.

El colorido y armonía de esta obra, quedan reflejados en los vegetales que colocan delicadamente, en un quehacer minucioso y difícil, y que contribuirá a dar otra muestra más de fe, en esa monumental exposición en que se convierte La Villa de Mazo en su día grande.

Esta fiesta de tradición y fe se remonta, al menos hasta 1.873, fecha de la que existe constancia documental, gracias a una memorable fotografía tomada en la plaza del ayuntamiento, en la que aparece una alfombra y descanso para el Santísimo.

En esa ocasión adornaron el camino a recorrer con fayas y añadieron vistosos y multicolores pañuelos de seda. Estos ornamentos han ido mejorando con el paso del tiempo gracias a la fe y sensibilidad populares, hasta convertir su particular celebración del Corpus en algo único y extraordinario.

Más tarde, se levantaron altares o descansos que eran adornados con mantos de terciopelo rojo, bordados con hilo de oro. El paso de la procesión, se engalanaba con ramas de palma, fayas brezos y laurel y un sinfín de banderitas de papel de colores. El suelo se recubría de pétalos de flores deshojadas sobre los que pasaría la comitiva procesional.

La ornamentación del Corpus de Mazo, fue tomando renombre conforme iba ganando en calidad artística. A principios de los años cincuenta pidieron al obispado celebrar la función religiosa por la tarde debido a que los enrames no terminaban hasta entonces.

Por esa época aparecen los primeros arcos, elementos esenciales en el Corpus actual. Estos primeros arcos, tenían una sencilla estructura y llevaban pocos ornamentos y filigranas. También, con el paso del tiempo, el concepto arco fue desapareciendo, dando paso a otras entramados que se sustentan en un solo pilar central o tienen una concepción mucho mas vanguardista desde el punto de vista arquitectónico y estético.

La dilatada tradición artesana de la villa ha creado historia, y esos conocimientos artísticos, adquiridos en la cotidiana elaboración de la cerámica, la seda y los bordados, se refleja ahora en las calles que van adquiriendo, paulatinamente, el aspecto de una singular y monumental exposición.

En estos primeros compases del día, a los que no han pegado ojo, por las urgencias del trabajo, se les reconforta con el tradicional buchito de chocolate, que normalmente siempre va acompañado de alguno de los tradicionales dulces de la tierra. Un Marquesote, un trozo de bizcocho o un almendrado, ayudan a entonarse para continuar con la labor.

Los moldes se van rellenando de pétalos recién arrancados, con brillante colorido que dan forma a armoniosos dibujos y figuras. Y es que los adornos del Corpus de La Villa de Mazo son realmente otra cosa.

La construcción de alfombras va muy adelantada.... hay que apretar bien los materiales y rociarlos con pegamento incoloro para que los elementos no se mezclen y las líneas queden bien definidas.

El jueves, a la hora prevista, se celebra misa solemne, en la parroquial de San Blas, como exige la tradición. Fieles venidos de todos los lugares de la isla abarrotan el templo. Concluido el acto, se pone en marcha la comitiva con el Santísimo al frente. El cortejo sale por uno de los laterales del templo, da la vuelta y continúa por la empinada calle siguiendo el tradicional recorrido.

Solemnemente, la procesión recorre la ruta floral. El Santísimo se detiene en cada arco donde se ha dispuesto un altar o descanso para que reciba el homenaje sentido y fervoroso de los fieles que confeccionaron en su honor estas maravillosas obras de arte.... Gigantescas alfombras con sus extremos apuntando hacia el cielo en petición de amor y paz. Es como si los macenses hubieran puesto a los pies del Santísimo toda la estación primaveral, porque si ante la primavera isleña, los sentidos asisten al milagro de la naturaleza, la fe del católico asiste aquí a la maravillosa realidad del Corpus Christi, presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo en la Hostia Consagrada, realidad de su presencia eucarística. Ya en su principio mismo, 1.246, el Papa Urbano IV describía el centro de esta sagrada fiesta, como un culto popular mediante himnos y alegría, aspectos a los que de manera natural se unió la procesión.

ALFREDO AYALA OJEDA

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