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miércoles, 25 de noviembre de 2009

* MIS VISITAS A LOS TILOS Y AL BARRANCO DE AZUAJE


Desde siempre fui un asiduo visitante de estos dos lugares, quizás los más emblemáticos de todo el norte gran canario, hoy según se comenta han perdido el encanto de antaño, posiblemente propiciado por una mala gestión del cabildo y de los ayuntamientos correspondientes. El bosque de los Tilos era un excelente lugar de acampada y hasta allí nos desplazábamos gran cantidad de gentes de todos los lugares de la isla especialmente los sábados y los domingos, la pureza del lugar no tenía parangón en ningún otro lugar del norte, el olor que desprendían los eucaliptos, el poleo y los brezo purificaban todo el entorno de tan idílico lugar, las aguas cristalina que bajaba de las alturas alimentaba a todas las plantas y le daban ese color heterogéneo de todas las frondas que allí habitaban y que hoy se mueren irremisiblemente por la falta del rico elemento ahora entubado y canalizado, y que por consiguiente ya no bañan libremente las raíces de la tan variopinta vegetación que allí relucía.

Los Tilos era la meta para una gran cantidad de gentes que buscaban la tranquilidad y la paz de un buen día de campo. Cada familia preparaba debajo de los árboles sus asaderos, sus partidas de cartas y los niños correteaban y jugaban a su antojo por aquellos entramados boscosos donde no existía ningún tipo de peligro, y muchos caminando barranco arriba descubríamos asombrados le enorme belleza que encerraba aquel paraje inigualable. Iba con mis hijos y siempre me hacía acompañar por dos excelentes amigos de Moya, Manolo Díaz y Federico de la Fe, que habían sido compañeros del colegio de Santa María en Guía. El agua que bajaba era fresca y cantarina y de ella dada su constatada pureza bebíamos todos, algunos hasta la recogían en garrafas y se las llevaban para sus casas.

Que los Tilos agonizan es más que evidente, -¿Dónde están los movimientos ecologistas, que no se implican para que algo tan hermoso no desaparezca y que aparentemente los políticos ignoran en detrimento y perjuicio de todos los gran canarios?- ¿hay algo más importante que preservar todos estos lugares tan visitados en antaño y que hoy han perdido la belleza que tenían?, todo esto me suena a vulgaridad, si los gran canarios todos unidos no luchamos para que estos parajes no se mueran nadie se preocupara de hacerlo.

Con el barranco de Azuaje parece ser que ocurre lo mismo, sus aguas ferruginosas tenían un carácter curativo insospechado. Hace algunos años en el cauce del mismo existían una serie de habitáculos donde la gente se bañaba, desconozco si hoy siguen existiendo. Muchos recogíamos el agua en garrafas para llevárnoslas a nuestras casas, su sabor era muy agradable, a semejanza de las que emanaban en las fuentes de San Antonio en Guía y en los Berrazales en Agaete también hoy desaparecidas. Dentro del barranco existía una edificación medio destruida de lo que en otro tiempo fue un hermoso balneario, se comento que lo iban a restaurar, no sé si habrá llevado a cabo esta restauración.

Ambos lugares eran muy visitados por muchos habitantes de la isla, y hasta muchos turistas se acercaban a admirar tanta belleza, donde imperaban los altos riscos que circundaban y acotaban estos hermosos parajes, donde aparte de la ingente arbolada existente, brotaban al ras del suelo una variopinta vegetación como eran las ñameras, los líquenes, berros, berrazas y todo tipo de flora silvestre, producto que la enorme humedad existente generada por las correntias permanentes de aguas que libremente bajaban por estos barrancos.

Se hace preciso la intervención de quien sea para que estos parajes vuelvan a ser lo que fueron, para que los gran canarios y los turistas que nos visitan se lleven un grato recuerdo de estos lugares tan emblemáticos que en su momento dignificaron y embellecieron nuestras medianías y que hoy se mueren dado el tedioso comportamiento de los que tienen la obligación de regenerarlos y mantenerlos vivos por el bien de todos, de los residentes y foráneos que buscan en estos lugares la paz y la tranquilidad. Seamos respetuosos con la naturaleza, que gratuitamente nos ha dado tan bellos lugares y no rompamos el equilibrio florístico y faunístico que tanto abunda en estos predios de hermoso contenido, destrozando y no regenerando algo que heredamos de nuestros antepasados.

JUAN DÁVILA GARCÍA

1 comentario:

  1. Estoy totalmente de acuerdo con usted, son lugares de inmensa paz, y hay muchos más pero no los conocemos ni nos lo dan a conocer a los canarios. Se dejan al libre albedrío y luego solo se llegan a saber que existieron, cuando ya no queda nada.

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