Seguidores

jueves, 12 de noviembre de 2009

* DE CUANDO "EL FARO", MATÓ ....


  .... a un toro de un puñetazo

José Rodríguez Franco “el Faro”, era noblote como el sólo. Pero había que quitarse de en medio cuando se "encochinaba"… Conmigo tenia tecla. Yo lo sabía. Y aprovechaba cada vez que podía para acercarme hasta sus dominios allá en Telde, bien por el parque o me lo llevaba a pasear por el extraordinario rincón de San Francisco… San Francisco, es un lujo. Sus calles empedradas, sus casas bien cuidadas, su ermita… y una fuente, seca como una jarea y que cuando llegábamos por allí, en vez de dar agua, daba pena. Y allí nos sentábamos… Él, “el Faro”, con su sobrero de ala ancha, su traje canelo y una navaja que sacaba no sé de donde y se entretenía limpiándose una y otra vez las uñas, grandes que más bien parecían mejillones…Yo me conocía de memoria todas las historias de Maestro Pepe, como yo le llamaba… él, sonreía. Tenía sonrisa de niño malo y los ojos pequeños casi le desaparecían cuando se reía…

Una vez, le dije: Maestro Pepe, por qué usted no luchó para defender su fajín de Campeón… (El Faro se había quedado campeón de Canarias, venciendo al tinerfeño Víctor Rodríguez por tres luchas a cero, en la Plaza de toros de Santa Cruz)

Por lo que yo he leído, vivido y escuchado, usted no quiso medirse a Alfredo Martín “El Palmero”, luchador de moda en esa época: “le tuvo miedo”. Yo no le tengo miedo a ningún hombre en el terrero…, me respondió.

Es que usted cuando se fijó la fecha del desafío para disputar el titulo, usted lo aplazó… Incluso ante tanto tira y afloja se concertó un encuentro entre los dos a puerta cerrada en el viejo Campo España, con la sola presencia de los federativos, pero usted se presentó diciendo “el único campeón soy yo y no tengo por qué luchar con nadie”… se le dijo que entonces, perdería el fajín de campeón y el Faro respondió:

“el fajín está en mi casa; el que se atreva que vaya a buscarlo, que allí lo estaré esperando.” Y claro, cualquiera se atrevía…

El Faro, durante muchos años siguió luciendo en sus demostraciones de poder su fajín de Campeón.

Yo vi luchar al Faro en dos ocasiones en competición. Una fue en el Estadio Insular, frente a otro superhombre, Manuel Marrero “Pollo de Buen Lugar”. La otra ocasión fue en Telde, en el terrero de lucha que estaba en un lugar próximo a la iglesia de San Gregorio. El Faro, contaba ya con una edad avanzada para luchar, vamos, se le había pasado el arroz, había sufrido la pérdida de un hijo, la detención por el caso de Juan García “el corredera” se había dedicado a vivir la vida y apareció por allí enrolado en las filas del Unión Telde… Llevaba muchos tiempos sin luchar y llegó flaco como un perro… Juan Galindo, presidente del Unión Telde, le dijo ahí tienes una finca y aquí unos pantalones de lucha… así que a comer… a entrenar y a ponerse en forma… El Faro fue recomponiendo su figura y yo lo vi levantando el arado con reja y todo…




Daba pena, verlo luchar en ese momento… Mayor, sin reflejos, sin posición… y verlo caer en la arena en manos de un desconocido me dolía en el alma…

Pues una tarde de esas, en la plaza de San Francisco, le pregunté:

- Pepe y cómo fue lo del toro que mataste de un puñetazo…

- Estaba caliente, coño. Fui con un camión de esos que antes tenían la carrocería de madera a buscar un toro para llevarlo al matadero. Tú sabes que el matadero estaba dando al mar al ladito del mercado de Vegueta. Pues cuando el camión con mi toro enfilaba la calle de los Reyes, ese era el camino obligado para entrar en la capital, el toro se asusta, se encabrita, empieza a dar patadas y las tablas de la carrocería saltando por los aires… El chófer no daba crédito a lo que pasaba y yo me fui a un cuartel de la guardia que estaba próximo. Le pedí al sargenteo que fuera corriendo y que le pegara un tiro a un toro que se había vuelto loco y que estaba haciendo un destrozo. El guardia, dijo que no… le insistí: oiga, que el toro es mío… pero no hubo forma de convencerlo…corrí nuevamente al camión y el toro seguía haciendo de las suyas…

Me quité la chaqueta… subí y le di en la cruz con mi codo y el toro quedó tendido en el suelo… yo la verdad, estaba sorprendido y así lo llevé al matadero para que lo despiezaran…

Así era el Faro… en otra ocasión contaré aquella vez que Yus “pecho de lobo” quiso enfrentarse al Faro en un encuentro de lucha libre…

ALFREDO AYALA OJEDA

3 comentarios:

  1. Genial sr Ayala, hay que ver como se las gastaba el faro, que gente la de antes.

    ResponderEliminar
  2. Magnifica historia Maestro,parece que la está viviendo,me encantan sus relatos.
    Felicidades Sr. Alfredo

    ResponderEliminar
  3. Amigas: es que uno de mis distingos es, precisamente, escuchar... lei en cierta ocasión que tenemos dos orejas y una boca... eso quiere decir que hay que escuchar mucho y hablar poco... Y yo con cada relato me deshacía...además en esta vida hay que ir por los sitios con los ojos bien abiertos, para pasar por la vida disfrutando no que la vida pase por nosotros sin vivirla, sin sentirla..
    Sólo le pongo el mismo sentimiento que me trasmitió a mí cada uno de los protagonistas...
    Del Faro, fue tanto lo que estuve con él, con su hija Conchita con sus nietos que tengo numerosas historias de este último guanche.

    ResponderEliminar