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lunes, 16 de noviembre de 2009

* AQUELLOS AÑOS...

Leyendo algunos de los relatos que aquí figuran, me vino a la memoria los años que pasé trabajando, por la zona del Puerto, para ser más exactos, en la calle la Naval, allí había un bar que frecuentábamos a diario para desayunar y almorzar. Tenía nombre de campana, DON DIN.

Allí, las tertulias matinales eran para ponerles los pelos de punta, a los mejores oradores de la nación...

Si los políticos hubieran hecho caso a estos tertulianos, seguramente hoy en día no estaríamos en crisis, y la U. D. LAS PALMAS, sería el mejor equipo del mundo.

Los tertulianos, periódico en mano comentaban hasta las esquelas, y si tú ese día no participabas en la tertulia te preguntaban directamente tu opinión, vamos que no te librabas nunca.

Me acuerdo de un señor mayor que se sentaba pegado a la pared, siempre pensé que sería para no caerse del taburete cuando se pasaba con los culitos de ron amarillo y aunque estuviese colocado como un armario empotrado, no perdía nunca su toque de humor.

Mastro José, le decían… ¿su mujer chilla cuando hace el amor?, y él contestaba siempre lo mismo, sin perder su compostura, sí mi niño, fíjate si grita que la escucho de aquí.

Don José era uno de los asiduos clientes, pero había de todo... el de la tienda de aceite y vinagre, el zapatero, el barbero, algún empleado de las tiendas de los indios, vamos, que había de todo.

El barbero contrató a un aprendiz, y después de dos meses, una mañana y pensando que el niño ya estaba preparado para atender a la clientela, el barbero, tenía que salir al médico y lo dejo solo, entró un cliente en la barbería para afeitarse, nada el niño todo dispuesto lo enjabona, afila la navaja y se dispone a empezar su trabajo... una masacre, corte por aquí otro por allá y a lo que el cliente angustiado le pregunta, ¿no tienes otra navaja? el niño lo mira y le pregunta, ¿le parece que esta no corta?, y el cliente le contesta, sí que corta, pero la otra es para defenderme.

En ese momento entró Panchote, (y lo que no entiendo, es lo del nombre porque con llamarlo Panchito iba bien servido, era pequeño y delgado) recogiendo la oreja del suelo pasándosela por el chorro del agua, para quitarle los pelos que se le pegaron al habérsele caído y poniéndosela en un cartucho de papel ,en el mismo donde había traído el pan para desayunar , le comenta al cliente vete corriendo a ver a Manolito el practicante para ver si te la puede coser..

Eran otros tiempos, te pasa eso hoy y te cuesta hasta la cárcel, antes no, una palmada en la espalda, un ron y ya estaba todo resuelto.

Se dice que tiempos pasados no fueron mejores que los presentes, pero no puedo dejar de decir. ¡Qué tiempos más lindos, aquellos!

EL CRÍTICO

5 comentarios:

  1. QUE TIEMPOS AQUELLOS, GRACIAS POR LA HISTORIA, ALGUNA QUE OTRA CARCAJADA SOLTE MIENTRAS LA LEIA. FELICIDADES

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  2. Si con este comentario he conseguido sacarte una sonrisa, ya me doy por satisfecho, gracias Juanjo

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  3. Muy buena historia,que me reí con el aprendiz.
    felicidades.

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  4. ¿Pero a quién tenemos por aquí? Nada más y nada menos que "EL CRÍTICO", por fin se acabaron las vacaciones, jajaja, le doy las gracias por la simpática historia porque así me lo dijeron, ya que son muchas las personas que leen el blog, pero que no les gusta escribir. Un abrazo.

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  5. Muchas gracias, a las dos y como se que son amantes de polcas les daré mi agradecimiento con una

    Agradecido me quedo,
    Agradecimiento les doy
    A estas dos señoras de guía
    Que me alegraron el corazón.

    Si puede ser, no cambien nunca

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