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jueves, 5 de septiembre de 2013

* CÓMO CAMBIAN LOS TIEMPOS

Ya ni las mareas del Pino son las de antes, ni las romerías lo que eran…

Las mareas del Pino, aquellas que nuestras madres nos decían de manera tajante: “se acabaron los baños playeros hasta el próximo año. Vienen las mareas del pino y son peligrosas”, han pasado a la historia. Las de esta temporada, las seguí como rememorando aquellos viejos tiempos en que el campo de futbol de la Playa de Las Alcaravaneras, lo inundaba el mar y esperábamos pacientemente que se secara para hacer nuestros partidillos…

Tampoco la romería del Pino, aquella que diseñó nuestro padre de la canción canaria Néstor Álamo con el auspicio del párroco de la Basílica Socorro Lantigua, el beneplácito del obispo de la Diócesis Canariense Pildain y el empujoncito del entonces presidente del cabildo de Gran Canaria, Matías Vega Guerra, unido al aplauso del alcalde de la Villa Mariana de Teror, José Hernández, como muestreo de las arraigadas tradiciones. Quería, era la intención del gran Néstor, sumar un acto, nuevo, distinto, que realzara la fiesta más significativa de la isla de Gran Canaria.

Néstor, arropó, con todo tipo de canciones a Teror, a su virgen del Pino, a los peregrinos, las parrandas, los trabajos del campo (mis Bueyes), la artesanía (el Telarito) y se sirvió de sus musas Mary Sánchez y María Mérida… Era, 1.952, Desde aquél entonces han transcurrido 61 años… Néstor Álamo, aprovechó su sensibilidad, la palabra y la música para retratar el momento que se vivía. Con su sabiduría, con auténtico sentimiento de pueblo, nos contó cómo debía ser la fiesta en el momento de la ofrenda, en promesa, en oración. Nada dejó al azar… Su memoria, pasó al papel y dio el protagonismo a su justo dueño: el pueblo. Así, sin más dio al pueblo, simplemente lo que es del pueblo… 

Y la fiesta se hizo grande y traspasó nuestra redonda frontera… Pero las fiestas del Pino, como las mareas del Pino, no son lo que eran. Las de antes, no son mejores ni peores que las de ahora. Simplemente son diferentes. Las actuales, tienen menos naturalidad. 

Por fortuna, nos apareció Yeray Rodríguez, para ofrecernos en décimas interpretadas por niños y niñas de distintos puntos de nuestra isla y recibir con versos alusivos las distintas ofrendas. Una idea plausible…

¡Caballero! ¡Cómo cambian los tiempos!

ALFREDO AYALA OJEDA

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