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miércoles, 18 de septiembre de 2013

* COPLAS DE “LA MORA LOCA”

Hace unos años, aprovechando el contacto que me facilitó el genio musical Blas Sánchez, me desplacé con un breve equipo a París. Ahí, charlamos con nuestro introductor que nos había allanado el camino y contactos.

Una mañana, tempranito, partimos hacia el castillo del aventurero y explorador Jean de Bethencourt, situado en Grainville-la-Teninturiere. Nos recibieron sus descendientes, con todo lujo de detalles, agasajos y recepciones. Pretendíamos hacer la misma ruta que realizó el normando Bethencourt para la conquista de Fuerteventura, pero el dinero era escaso y se le dio la vuelta al proyecto enfocándolo, posteriormente, a la devoción a nuestra señora la Virgen de la Peña, imagen que acompañó a Jean de Bethencourt en su empresa conquistadora…

La Virgen de la Peña, es una imagen gótica, en alabastro. Según los datos de Francisco Navarro Artiles, puede datarse en el gótico normando del siglo XV.

En compañía de Francisco Navarro, recorrimos, en víspera de la festividad de La Virgen de la Peña, numerosos lugares… Así sucedió con Madrelagua, donde hizo una presentación del programa afirmando que este lugar, donde manaba el agua, era el paradisíaco lugar que el conquistador se reservó para sí…

“La Virgen de la Peña tiene un entidad especial para comprender buena parte de la vida histórica y, sobre todo, la vida religiosa de Fuerteventura. Tres, son, quizás, los aspectos principales de este tema. Uno, la vertiente histórica; otro, la leyenda piadosa, y el tercero, más concreto, por elementos literarios en forma de comedias de santos o en forma de coplas cantables… 

El argumento de la aparición se representó en Betancuria en forma de comedia de santos y apariciones en 1.675. El impulsor de este fervor a la Virgen de la Peña como patrona de Fuerteventura, fue el padre Temudo, a la sazón fraile en el convento franciscano de Betancuria. Su carácter, inquieto, emprendedor y su fe en la Virgen de la Peña, atrajo, no solo la devoción a la Virgen sino también la caridad de los fieles hacia el modestísimo convento de Betancuria…

San Diego de Alcalá y fray Juan de San Torcaz llegan a Fuerteventura y fundan un convento franciscano. Estaba situado en la cabecera del barranco de Betancuria.

Un día, el P. Torcaz salió del convento y, andando barranco abajo, pasó más allá de la Vega del Rio de Palmas, con la intención de recolectar hierbas medicinales.

Llegó hasta un lugar llamado Las Peñas, en el cual las avenidas de agua forman charcos en el cauce del barranco. El P. Torcaz cayó en uno de ellos y se fue al fondo. Su sombrero quedó flotando. El fraile pasó la noche en el fondo del charco, leyendo un libro ayudado por una luz sobrenatural.

San Diego de Alcalá, inquieto, porque el padre Torcaz no había regresado, echó a andar, barranco abajo. Cerca de Las Peñas encontró a unos pastores y les preguntó si habían visto al padre Torcaz. Le contestaron que no. Pero si observaron grandes resplandores que alumbraban como si fuera de día. San Diego toma los resplandores como un anuncio de milagro y les invita a que le sigan.

Algo más abajo encontraron un charco y, sobrenadando, el sombrero del P. Torcaz. Uno de los pastores se arrojó al agua para sacar el cuerpo del fraile, que creían muerto, pero vio que estaba arrodillado y leyendo un libro de oraciones.

Lo sacaron del charco. El padre Torcaz explicó que le alumbraba una luz que salía de una peña cercana, y que ésta luz, sin duda, encerraba algún tesoro.

Los pastores fueron a buscar herramientas adecuadas y, al volver, rompieron la roca y encontraron la imagen sedente de la Virgen de la Peña. Primero la depositaron en una cueva cercana al lugar de su aparición. 

Más tarde decidieron colocarla en la Iglesia Parroquial de Betancuria. Pero, la virgen no quería estar allí, se fugó y se instaló en su cueva de Las Peñas. Así varias veces. Entonces deciden hacerle una pequeña ermita cerca de la cueva. Y, finalmente, la ermita de Nuestra Señora de la Peña en la Vega del Río de Palmas.

En torno a la Virgen de la Peña, se consolidó la ferviente devoción de los majoreros… Numerosas promesas y exvotos, así lo atestiguan… Este fin de semana miles de peregrinos se acercarán hasta su apartada ermita como prueba evidente de ese diálogo espiritual, amoroso y agradecido continúa vivo y, lejos de decaer se ha ido fortaleciendo con el paso de los siglos.

La Virgen de la Peña es una pequeña imagen desgastada y pulida por el paso de los siglos y por los besos de sus devotos. Incluso, al niño Jesús le falta un brazo, que según cuentan las coplas, una “Mora Loca” le rompió al arrojar la imagen contra el suelo… 

Las coplas sobre la Mora Loca, dice así:

Salió de la villa
esta mora loca
sin llevar consigo
sombrero ni toca
entrose en la ermita
por no estar cerrada
cogiendo a la Virgen
la arrojó al suelo
cercenando al niño
su cabeza y cuello,
que del cuerpecito
quedó separada.

ALFREDO AYALA OJEDA

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