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jueves, 13 de diciembre de 2012

* LA QUEMA DEL HARAGÁN, EN SANTA LUCÍA DE TIRAJANA

A comienzo de los 60, Vicente Sánchez Araña, ya fallecido, tuvo la feliz iniciativa de rodear la festividad de Santa Lucía, en las Tirajanas, en Gran Canaria, de un hermanamiento con “La Reina de la Luz”, la Lucía Sueca. Desde el primer momento llamó la atención la festividad. La Lucía Sueca, elegida en Lulio, Suecia y nuestra Lucía Canaria. La Lucía Sueca, llega mucho antes del inicio de las fiestas. Recorre, en su viaje anunciador de la llegada de la Navidad, los distintos medios informativos con su mensaje de paz. 


Poco a poco, con el andar del tiempo, la fiesta de Santa Lucía ha ido creciendo. La afluencia de público es numerosa y vivir, entre puestitos que ofrecen toda clase productos, entre los que destacan las aceitunas del país y las naranjas, es como respirar pueblo… Las aceitunas del país tienen honda tradición en las islas. No se sabe cómo llegaron hasta este rincón de Gran Canaria, pero sí que estos cultivos tienen mucho más de 400 años de antigüedad. Frutos de viejos olivos que se arrebatan cogiéndolos con delicadeza, de uno en uno… Tiempo hubo en que el aceite de oliva de la zona era muy apreciado. Pero poco a poco fue decayendo su consumo hasta casi quedar olvidado. Hoy, la elaboración de aceite virgen, vuelve a tener el auge y la consideración de antaño. 

Llegar a Santa Lucía de Tirajana, sin prisas y hacer un histórico recorrido por los alrededores enseñoreándose con lugares de interés, es una auténtica gozada… Parar en la Sorrueda y bajo la sombra de los vetustos olivos, observar las distintas maneras de mojitos, en las que se van embadurnando las aceitunas del país… Largo fue mi recorrido en compañía de Vicente Sánchez Araña y no menos largo, el almuerzo en Thao… Visita Obligada en la Fortaleza de Ansite… 

La fiesta, mientras tanto, crecía por momentos. Las dos Lucías, se hermanaban. Sol y nieve, parecía un abrazo imposible… Las loteras, vendían pregonando el número “13”, el día de Santa Lucía y cuando este número expiraba, se sacaban de la manga el “16”, la Virgen del Carmen, la Virgen del Mar… 

La Banda, amenizaba cada momento… Fue un día grato… 

Al día siguiente, en juicio sumarísimo, “La Quema del Haragán” o del “machango”… 

Un reconocido artesano, Juan Ramírez, es el encargado de vestir y calzar al Haragán. Desde hace algunos días lo tiene todo dispuesto: sombrero, chaqueta, corbata, camisa, pantalones y zapatos. En su artesanal laboratorio, mima cada detalle. Fuera, en la calle, la gente espera que llegue el momento… La sabiduría popular, ha designado a alguien sin escrúpulos, de conducta lesiva para el resto de la sociedad. Un aprovechado que lo mismo al amparo de la noche, hace caminar unos mojones para ampliar sus tierras o dificulta el bien de la comunidad… 

La salida del Machango, con música, se hace por todo el pueblo. El Haragán, va sentado en una silla y transportado sobre andas. Por todos los rincones, los insultos, el enfado de los asistentes se va acentuando… 

En plena calle, sobre una amplia tarima, comienza el juicio y el alegato de los magistrados… El público, no es ajeno a lo que sucede sobre el estrado… Escenas divertidas, crítica social… El juicio termina con la condena al fuego de semejante personaje… El pueblo, aplaude la justa decisión del juez… Las llamas darán buena cuenta de este personaje, que quiso tomarse la justicia por su cuenta haciendo bueno el dicho popular: “para que quiero escoba, si mi vecina es boba”. 

Una fiesta, la del hermanamiento entre las Lucías, que merece la pena disfrutar… 


ALFREDO AYALA OJEDA

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