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sábado, 8 de diciembre de 2012

* LA MUERTE DEL REY DEL K.O.


Hoy, repasando la información del día, me encuentro con la triste noticia del fallecimiento de un púgil canario de renombre: Vicente Ramos Saavedra, popularmente conocido en el ring como “El Chato Saavedra”. 

Lo había visto en numerosas ocasiones combatir en “la Gallera del Cuyás”. La última vez que vi al Chato, fue en la zona alta de la ciudad. Allí, con Salvador Domínguez “Boro”, estaban citados para hacer unas declaraciones sobre el último enfrentamiento que tuvieron en Estadio Insular, aquella tarde del cinco de agosto del 1.956, con sorprendente resultado. 

Yo, había realizado todos los esfuerzos a mi alcance para sentarlo en una mesa y, en medio del programa “La Bodega de Julián”, mantener una breve charla con estos dos púgiles que fueron protagonistas de una época de oro del boxeo isleño… Pero mis intenciones, nunca respondieron a mis deseos. Sin embargo, mi hermana Marisol, logró sentarlos juntos y que hablaran del histórico combate. 

Fue un combate memorable. Dos estilos diferentes. Tuve la fortuna de vivirlo y son imágenes que no se pueden borrar de mi memoria. Hoy, con el libro publicado por Salvador Domínguez, releo el momento narrado por “Boro”, que tras el sorprendente desenlace del enfrentamiento y una vez restablecido, buscó la posibilidad de convencer “Al Chato” para encerrarse nuevamente entre las doce cuerdas. Pero no hubo manera. 

Se comentaba en los corrillos que Boro, temía al Chato. Lo cierto es que el combate, por distintas causas se había aplazado en dos ocasiones y Boro no estaba dispuesto a que por tercera vez se suspendiera. Boro, había sido intervenido quirúrgicamente y subió al ring después de doce días sin entrenar. La herida, el día del combate, estaba aun sin cerrar, cubierta con una gasa sujeta por un esparadrapo… El combate estaba señalado a seis asaltos… El primer asalto –continua narrando Boro- fue nulo y los dos siguientes los ganó claramente… Cuando al final del tercer asalto notó dificultades respiratorias que merman mi capacidad de combatir… Sonó la campana del inicio del cuarto asalto y desoyendo los gritos de ánimo de mi preparador Carreta, levanté la mano del Chato dándole la victoria… 

Tras el enfrentamiento, nada quedó claro. De ahí que Boro, en repetidas ocasiones, intentara un nuevo enfrentamiento… 

El Chato, fue uno de los grandes boxeadores de la mitad del siglo pasado. Numerosas fueron sus victorias por la vía del K.O. y sonados triunfos: En Valencia, se proclama Campeón de España de los Ligeros (1.954) y al año siguiente Plata en los II juegos del Mediterráneo disputados en Barcelona… 

Recuerdo la alegría que me llevé, cuando la noticia corrió por la isla, al Chato le había tocado la lotería. Con ese dinero, me dijeron, compró su casita en la calle Gordillo, en su isleta natal. 

También lo recuerdo en Madrid, a donde había acudido a ver un encuentro de judo en el que participaba Santiago Ojeda. Después, pasamos a saludar al Chato, que trabajaba como portero de una sala de fiestas. 

Hoy, con tristeza, debo decir adiós a una leyenda del pugilismo, con unos 150 combates disputados, muchos de ellos por la vía del cloroformo, que le valió el sobrenombre del Rey del K.O… 

Descansa en Paz amigo.

ALFREDO AYALA OJEDA

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