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jueves, 13 de septiembre de 2012

* “EN EL CHARCO, TODO ES VERDAD”


Tras mi última publicación en este mismo blog, algunos lectores me han sugerido ampliación de datos sobre la festividad del municipio de La Aldea de San Nicolás, en uno de sus actos multitudinarios: “El Charco”. 


Mis dos últimas visitas a las fiestas en honor a San Nicolás de Tolentino tuvieron lugar hace algunos años. En 1.994 y en el 2.005. Viví la rama, la romería, levé nasas en compañía del amigo (D.E.P.) Manolo Montesdeoca y, mar adentro, con “La Begoña” de Chano, fuimos al encuentro de pescadores que faenaban en la zafra del atún. Saboreé los productos de tierra y mar... Caminé en compaña de José Pedro por “Los Caserones”… Disfruté, tierra adentro, la alegre sintonía musical del agua que, como un hilito llegaban hasta la Mar Ciega. Llegué a la Aldea con dos equipos de Televisión. Uno de la Española para la serie “Senderos Isleños” y otra con la Canaria para la serie, también interrumpida: “Andar Canarias”… 

En la Aldea, por la lejanía, por el aislamiento, se han conservado gran parte de las tradiciones en su estado puro… 

En época anterior a la conquista, estaba asentada, en la cercanía del gran charco costero o Mar Ciega, un numeroso núcleo poblacional aborigen. Cuentan las crónicas, la existencia de más de cien primitivas viviendas y una población que superaba el millar. La importancia de la zona era tal antes de la conquista, llegaron los mallorquines. Venían en misión evangelizadora y comercial y levantaron la primera ermita, dedicada al santo italiano Nicolás de Tolentino. Era un lugar de privilegio por la abundancia de agua dulce y la abundante pesca… 

Tras la conquista, el poblado aborigen “Los Caserones”, quedó vació, olvidado… Y durante siglos destruido y expoliado… Y de las numerosas viviendas que, en el siglo pasado, pudo contabilizar el Dr. Grau-Basas, solo quedan reconocibles, una escasa media docena… 

La calidad de la pesca en esta zona es indiscutible…El pescado menudo, tiene musculo labrado en esa lucha contra las bravas aguas de norteñas… 

Los primitivos isleños, obtenían su fruto, aprovechando el estancamiento del agua en la bajamar… Los peces livianos, lisas, zalemas, morenas, huyendo de la depredación de los peces grandes, buscaban refugio en el charco. La bajamar, los aislaban… Los primitivos, para capturarlos, usaban la savia de los numerosos cardones y tabaibas (eupforbias) machacándolas. El efecto de estas sustancias adormecía a los peces que al quedar flotando facilitaba su captura… 

Sobre este tipo de pesca en los pueblos primitivos, el Dr. Chill y Naranjo dice: 

“En los charcos profundos echaban los aborígenes, la savia del cardón y la tabaiba con cuya sustancia se narcotizaban o se aturdían los peces que subían luego a la superficie donde eran capturados… Esta manera de embrosque, se conoce como embarbascar” 

Permítanme un paréntesis. Recuerdo, en Fuerteventura, hacer el proceso completo del embrosque para la pesca de la anguila. Fue laborioso, pero dio su fruto. En esta ocasión, se uso Tabaiba. La tabaiba dulce, también se usó en una época no muy lejana para hacer una especie de chicle. 

Este procedimiento de aquellos antiguos pobladores, es lo que se rememora cada once de septiembre en La Aldea de San Nicolás. Una fiesta, a la que acuden miles de visitantes ajenos a una historia de una de las pocas fiestas con reminiscencia origen. 

…Ataviados como dicta la tradición, los aldeanos acuden al charco. Chaqueta, corbata, barquetas de pírganos, faldas, pañuelos, atuendos de pescador… “Al Charco, si…pero vestido”… Con ello se da viva respuesta a la prohibición de aquel Obispo Delgado Venegas que, en 1.776, montó en cólera prohibiendo el lógico momento festivo de nuestros aborígenes con este escrito: 

“Que hallándose su Iltma. Informado del desorden que siempre ha avido en este lugar cuando se celebra la embarbascá o fiesta del Charco, que está donde dicen Mar Ciega, echándose en el mezclándose hombres y mujeres asi desnudos, olvidando con las obligaciones de cristiano, aquél pudor y vergüenza, natural de todo racional, pecando mortalmente en tan depravada diversión, no solo los que se echan en el charco, sino también aquellos que conociéndose frágiles en peligro próximo de caer en alguna tentación, se hallan presentes; por lo que siendo preciso dar una providencia que corte este abuso tan perjudicial a las buenas costumbres, manda su Iltma. Pena de excomunión mayor IPSO FAUTO INCURRENDA, de cuatro ducados de multa que se les sacarán aplicados dese luego a la fábrica de la iglesia y de quince días de cárcel. Que ninguna mujer se entre en el charco cuando se [embarque] ni en otra ocasión mezclándose con los hombres, y a estos bajo las mismas penas no lo hagan delante de las mujeres desnudándose enteramente…” 

Esto, sucedió hace siglos, pero lo que no se ha olvidado es la contestación popular a tan severas medidas… ¿Quiénes son los extraños, aunque sean obispos, para prohibir nada a los propios en su misma tierra? 

La severidad del Obispo, ángel custodio de almas, no debió ser informado del talante de los aldeanos que, para evitar multa, cárcel, excomunión y no incurrir en pecado mortal decidieron continuar con la tradición: “Al Charco, sí… pero vestido y hasta calzado”… 

Hoy, lo responsables del festejo solicitan la colaboración de los asistentes para que olviden bañadores y prendas deportivas. Que se sumen a la fiesta, pero respetando lo establecido. 

Creo que con estos apuntes, contente a Pedro Castañeda y Juan Agustín, que se habían interesado por las fiestas del Charco. 

ALFREDO AYALA OJEDA


2 comentarios:

  1. Pedro Castañeda García13 de septiembre de 2012, 10:46

    Un inmenso honor don Alfredo, muchas gracias por sus explicaciones, más claro el agua. 1 saludo cordial.

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  2. La cercanía de nuestras fiesta me tienen atareado. No terminamos con El Pino, con El Socorro, la Candelaria en Tijarafe y ya nos embarcamos en una de as fiestas que emanan pureza: la fiestas de las Marías. Una promesa votiva que se inició en 1.811 y que a pesar de las dos centurias transcurridas, continua estando vigente. Así que este fin de semana, quedan todos invitados a Santa María de Guía, en Gran Canaria. Eso si, hay que venir perfectamente con el atuendo tradicional.

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