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domingo, 16 de octubre de 2011

* PLEITOS TENGAS

Nunca llueve a gusto de todos”, dice el dicho popular. Y cierto es. Tan cierto, como que la justicia, en ocasiones, debe tener la balanza descompensada… Los hombres pasan; las obras quedan para sonrojo de muchos.

Estos dos casos, contados en tono “coñón” no tienen desperdicio levantando, en el momento de conocerse la sentencia, jugosas y risibles críticas…

Hace algunos años, tenía que ser en Andalucía, un albañil se encandiló cuando sus ojos, de sopetón, tropezaron con una deslúmbrate mujer, llamativa, exuberante: el vivo reflejo de la tentación. A nuestro hombre, se le encendió la llama de la pasión y se le dispararon todas las alarmas internas al ver que semejante beldad, de curvas proporcionadas, pechos agresivos y rítmico contoneo, se le acercaba… El corazón no achicaba tanta emoción contenida… Él, se pellizcaba. No podía dar crédito: ¿espejismo o realidad?, se preguntaba… No tardó mucho en despejar la duda. La “divinidad”, pasó junto a él y se sintió embriagado por su suave perfume… ¡mujeres así, no se despachan!, pensó para sus adentros. Fuera de sí, cuando la sintió cerquita, entró en erupción su volcán interior y exclamó: “¡te voy a dar con el níspero en el lerele!”.

Ella, ofendida lo llamó de todo menos bonito y hasta le jincó sus buenos bolsazos… La gente, se arremolinó afeando la conducta del hombre y consolando a la ofendida mujer que demandaba justicia… El caso, terminó en los tribunales. Celebrado el juicio, el juez entendió, según creo recordar, que no era para tanto. Que la frase o el piropo, no era considerado soez, vamos ni ordinario, ni grosero… Que él, como administrador de justicia, entendía que el níspero era una fruta y en cuanto al lerele, desconocía su significado. El pleito, quedó en nada. Vamos, que no había caso, dejando el tema en simple anécdota de la que se hicieron eco numerosos periódicos de país…

“Zorra”, mujer astuta

Llamar “zorra” a una mujer, según mis cortas entendederas, solo tiene el significado que usted, amig@ lector está pensando. Hace unos días, el juez Del Olmo, en su ejercicio de administrar justicia, llegó a la conclusión, y así lo dictaminó, que llamar “zorra” a una mujer no es insulto, sino todo lo contrario es alabar su inteligencia, su astucia ¿¡?. Ya lo decía mi abuelo: toda la vida aprendiendo a decir “penícula” y ahora se dice “filme”.

De una tacada, el juez, deja en fuera de juego al refranero popular: “a cada cerdo le llega su San Martín”, queda en desuso, porque siguiendo con la línea del magistrado, la palabra cerdo, -da igual que sea negro, blanco que con pintas- es un animal de engorde que ha servido para paliar el hambre de los pueblos.

Múltiples, en todo coñón, han sido los comentarios sobre tan singular y sorprendente interpretación con la que el administrador de justicia, ha sentenciado el caso. Una de ellas, me llegó recientemente y de la que entresaco algunas líneas:

“Como tengo la esperanza de que la denuncia que, sin duda, está intentado colocar esa hiena –en el sentido de que es hombre de sonrisa fácil- llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de mi vecino lo de que las palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera mano esa magnífica sentencia suya en la que determina que llamar zorra a una mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer astuta”.

Recuerdo que en cierta ocasión, por temas laborales, hablé con un juez amigo de la familia. Le planteé el problema y me dijo que con la ley en la mano el caso tenía fácil solución. Luego, añadió: Pero la justicia no son las matemáticas y dos más dos, no son cuatro.

Por eso el título de esta croniquilla: “pleitos tengas y los ganes”

ALFREDO AYALA OJEDA

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