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domingo, 9 de enero de 2011

* A PROPÓSITO DE NUESTRO “COÑO”

Hoy, el “¡coño!”, reina entre nosotros. Está establecido, autorizado y hasta justificado. En cualquier sitio, en conversación, tensa o no, el ¡coño!, aflora y tiene hasta carta de naturaleza. Vamos que no se le da importancia alguna… En ocasiones el coño es dulce, suave y hasta cantarín…en otras es áspero, insultante. Incluso podría decirse que el coño tiene dos acentos: ¡¡coño!! o ¡¡Coñó!!

De pequeño, nuestras madres horrorizadas, nos decían, con tremenda calentura autóctona, cuando se nos escapaba un coño – que dicho sea de paso parece que casi se aprende antes las palabrotas, que a decir papá o mamá- “¡te voy a restregar la boca con una pimienta picona! ¡Eso no se dice!... en otras ocasiones, en momentos iniciales de una riña se suele decir: ¡tú a mi no me coñeas!! Y ante la insistencia: ¡¡que no me coñees!

Pero lo que hoy está admitido y hasta justificado, antes, claro, no era así. Los coños, trajeron muchos disgustos, sanciones económicas y hasta pérdida de trabajo. Estaba muy mal visto y era una completa falta de educación.

Cuando Televisión Española llegó a las islas, los locutores eran, todos de la península. Había alguna excepción pero debían tener una dicción excelente y una pronunciación digamos correcta. Eran locutores de aquella época Carlos Pablos, Luis Zárate, Chano Pineyro, en informativos y en féminas Adela Cantalapiedra, Loly Rosales… Pero alguien en un momento determinado quiso dar juego a gente canaria y creo, si la memoria no me falla, que inició esta singladura, Piluca Bravo de Laguna, pero poco duró su experiencia porque no gustó su cerrado acento canario; detrás llego Inmaculada Quiney, modelo, actriz y excelente amiga. Pero a Inma le costaba mucho, por cuestión de nervios, memorizar los avances. Era tiempos en que no existían las modernas cámaras de hoy, en las que el locutor va leyendo los textos. Lo que se llama en la profesión Auto Que.

Inma, una de las pocas noches que estuvo despidiendo la emisión, en la última precisamente, terminó con toda felicidad de dar su avance, pero el operador de sonido no le cerró el micro cuando termino de hablar y entonces largo: ¡coño!, qué bien me salió y al día siguiente dejó de pertenecer a la plantilla de televisión.

Otro coño famoso, a nivel nacional, le ocurrió al extraordinario comunicador José María Íñigo, que mientras realizaba una de sus extraordinarias y sorprendentes entrevistas, le estalló en el estudio un foco de iluminación, haciendo un tremendo escándalo. Por el susto, largo un ¡coño! ¿Qué pasa…? Y ese coño le costó que lo sancionaran con 25.000 pesetas de las de entonces…

Manolo Viera, mi ídolo, hace una parodia excelente en clave de humor con la diferencia entre el coño que emplean los peninsulares y el dulce coño que se dice en Canarias… ¡¡¡coño estaros quieto!!! en contrastes con de estos andurriales: ¡¡ya coñooooo!!.

La definición del genial Manolo Vieira, deja las cosas en su sitio.

Otra curiosidad de coño, al menos de los que conozco, ocurrió al término de una misa que acaba de celebrar un párroco de las medianías. Durante el transcurso del sermón se le escapó un coño y rápidamente pidió perdón. Presente estaba el obispo de la Diócesis canariense, Monseñor Pildaín. El párroco, al término de la Santa Misa le pidió disculpas al obispo por haber largado el coño y el obispo, que tenía muchas tablas, le dijo: “BENDITO COÑO CANARIO QUE DE TANTAS BLASFEMIAS NOS LIBRA…”

Y ya para finalizar el coño temeroso, el que conmocionó a todos los habitantes de medio mundo. Aquel que el 23 de febrero largó Tejero, pistola en mano, en el Parlamento: ¡¡¡QUE SE SIENTEN COÑO!!!

Bueno está, seguramente hay muchos más, es una breve historia de los diferentes coños que yo conozco.

ALFREDO AYALA OJEDA

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