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viernes, 21 de enero de 2011

* EL ÚLTIMO PREGONERO

Hace tiempo, en este mismo blog conté mi historia, mi vivencia con uno de los personajes que dio vida al Parque de Santa Catalina: “Lolita Pluma" y que titulé "La Reina de colorines".

Hoy, otro de los personajes de esa misma época, Pepe el Bobo o "Cañadulce", ocupa lugar preferente en el blog de Lydia Díaz. Pepe fue el referente de la fiesta. Él con su desteñido megáfono, pregonaba el acto que se le encomendara. Pepe era, como una empresa completa en eso de anunciar por las calles. Le bastaba un tambor y el megáfono. Así desde que daba el primer toque, toda la chiquillería le rodeaba para escucharlo o para tomarle el pelo...

Algunos personajes, dejan huella. Algunas situaciones, hoy irrepetibles, también. Hace algunos años, pasado mi tiempo infantil y luciendo pantalones “bombachos”, me tropecé, atraído por el desafinado ruido de un tambor o caja de guerra, a Pepe “el bobo” o “Cañadulce”. Yo vivía en el barrio de Las Alcaravaneras. Cruzando mi calle de Blasco Ibáñez se llegaba a las arenas, donde se establecían, en sus asuntos de negocios, las “jaimas” de los saharauis. No existía el Paseo de Chil.

Solo las 40 casas y se llegaba al barrio de Guanarteme, atravesando los arenales. En esa zona, solía establecerse el Circo Toti. Un circo popular, de esos de andar por casa, que recorría todos los barrios de la isla. El circo Toti, tenía un contorsionista que aparecía dentro de una maleta que, una pareja de payasos cargaba desde la trastienda del circo hasta la pista. Dentro de la maleta, el contorsionista. Creo recordar que el apellido era Romero y toda la familia actuaba en distintos números. También, otro de los números, era el de una cabra que subía una escalera y colocaba sus cuatro patas sobre el gollete de una botella. Además, el circo Toti ofrecía trapecistas, por decir algo, y hasta exhibiciones de lucha canaria.

Claro para este acontecimiento alguien tenía que anunciarlo a la vecindad. Así, a Pepe “el Cañadulce”, le encomendaban esa función.

Pepe, era todo un personaje. Los chiquillos, entre insultos y acompañamiento era como la caja de resonancia de cuanto anunciaba Pepe: “esta noche, el Circo Toti. Trapecistas, payasos… y venga a sonar el tambor… de nuevo daba, por su viejo y gastado megáfono, de azul desteñido, otros “bocinazos” pregonando el modesto espectáculo…

Los chichos que escuchaban a Pepe, repetían el mismo anuncio en sus casas como haciéndose eco de la llegada del circo y del ingenuo personaje. Pepe, siempre baboso o mocoso, “con la vela colgando”, como se decía por aquel entonces, seguía, incansable difundiendo el acontecimiento. En cada esquina, paraba y empezaba nuevamente con su repertorio. Pero pepe no solo anunciaba el espectáculo, también contaba su vida, su situación económica, su suerte en la lotería. ¡¡ Yo soy bobo ¡! Pero tengo dinero en el banco y también tengo novia!!

Pepe era, a mi modo de ver, enamoradizo. Bastaba que alguna muchacha lo mirara o sonriera para sacarlo de sus casillas. ¡Guapa!, solía responder a las muchachas mientras le brillaban los ojos…

Pepe “el Cañadulce”, era como parte del paisaje capitalino. A veces lo veía bajar del Lomo Apolinario, caminando su flaca figura, chaqueta de hilo vencida por el tiempo, con la boina puesta o en la mano, paseándose por todos los rincones hasta que le salía algún trabajillo que pregonar. Su distrito era Vegueta, Mercado de Las Palmas, el Puente de Piedra o de Palo. Muchas veces su techo fueron los puentes o la noche estrellada.

La última vez que lo vi, muy “aseadito”, trajeado, fue en el mercadillo detrás de la Catedral de Las Palmas de Gran Canaria. José Luis Rubio, que por aquel entonces tenia un estudio fotográfico en esa zona, le hizo algunas fotografías. Daba gusto verlo. Incluso en un programa de Televisión Española, del que era productor, se le invitó para que acudiera al Bodegón del Pueblo Canario. Y allí estuvo nuestro hombre.

Pepe “el Bobo” o "el Cañadulce”, falleció a los 72 años, de un ataque al corazón. Todo un personaje que durante años, fue la voz que dio vida a numerosos espectáculos, como ferias, fiestas de barrio. Pepe “El Cañadulce”, siempre fue un niño grande. Su felicidad era difundir las fiestas. Con su fallecimiento, también murió el último pregonero.

ALFREDO AYALA OJEDA

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