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jueves, 24 de febrero de 2011

* RECORDANDO A “SANDOKÁN”

Hace unos años, muchos más de los que me gustaría, cuando la televisión empezó sus emisiones en color, me acerqué al Parque de San Telmo, en Las Palmas de Gran Canaria. Preparaba un documental sobre nuestros artesanos de palma… Por los alrededores de la Ermita de San Bernardo, desde el alba, estratégicamente situados, numerosos artesanos tejían artísticos palmitos que el público adquiría para adornar balcones, ventanas o simplemente agitarlos al paso de la Procesión de “La Burrita”. Comenzaba la Semana Santa y todos creyentes o no, siempre les gustó este paso procesional.

Allí, en un ladito, del viejo y señorial Quiosco de Las Flores, un artesano, con sabias manos, con conocimientos de años, confeccionaba sus palmitos. Estaba el hombre, escondido detrás de una larga y negra barba, Su cachorro, ligeramente inclinado, impedía verles los ojos. Solo levantaba la cabeza, cuando algún cliente se le acercaba. Hable con él durante un largo rato y le pregunté su nombre…

Sin parar de tejer, me respondió: ¡Me llamo Manuel Sosa Medina! Y soy del Puertillo de Bañaderos, de Arucas.

“Trabamos la hebra” y Manuel me comentaba sus años infantiles, cuando atraído por el mar o la mar (nunca he sabido por qué los pescadores o la gente vinculada al mar lo califica de femenino o masculino), hacía novillos y cambiaba la dirección y en vez de ir a la escuela se acercaba a la orilla del mar para jugar en los charcos, haciendo barquitos a los que dotaba una vela triangular, hasta que el profesor lo agarraba por la oreja y lo sometía al orden establecido, llevándolo a la escuela…

Paralelamente, en la tele, un personaje de aventuras, de sangre azul, defensor de los débiles nos atrapaba en torno al televisor. Era Sandokán, un príncipe de Borneo que juró vengarse de los británicos que habían dado muerte a su familia y arrebatado el trono…

Y así, sin más, iban pasando los años pero no menguaba la atracción que el bravo mar norteño ejercía sobra Manuel Sosa… Pero un día, mientras paseaba por la orilla vi que una niña era arrebatada por un golpe de mar. Algo tenía que hacer y sin dudarlo, arrastré una chalana, la metí en el mar y, aunque el mar esta encrespado, llegué hasta el cuerpo inmóvil de la niña. La subí a bordo. La chalana, se estremecía por las embestidas de las olas. Allí, sin pérdida de tiempo, empecé a reanimarla hasta que logré recuperarla…

Emocionado, Manuel seguía con su relato…

Recuerdo que con el paso del tiempo, aquella chiquilla, volvió al Puertito. Venía, acompañada de sus hijas. Su mirada, lo decía todo y me recordó aquellos angustiosos momentos: “sin su decidida intervención, nunca hubiera alumbrado a ninguna de mis hijas…”

Comenzó, con este primer rescate a cimentarse la verdad de Sandokán, pseudónimo con que la gente lo bautizó, por su altruista y humanitaria labor…

Sandokán

Manuel Sosa Medina, para los restos Sandokán, es profundo conocedor de la zona norteña de la isla de Gran Canaria. Sabe de mareas altas y bajas, de veriles y bajíos, de fondos y corrientes. Él ha sabido leer como nadie en los misterios de un mar embravecido, al que se ha enfrentado en numerosas ocasiones, bien para auxiliar a cuantos estaba en apuros o para colaborar estrechamente con la Guardia Civil o con la policía local. “El mar, no hay que temerlo; hay que respetarlo…” es llamativo que la gente busque el peligro… A muchos he advertido. No me hicieron caso. Pensaba que todo era una advertencia sin fundamento… y al final me tenido que tirar para socorrerlos…

Yo, voy a hacer un paréntesis para contar otro sucedido con Sandokán…

Siempre conocí a Sandokán con una poblada barba. Yo allá, a finales del milenio, dirigía el programa de Televisión Española “Tenderete”. El acceso del programa era complicado porque la lista de espera era larguísima. Sandokán, por ser quién es, siempre se le facilitaba el acceso al programa. Muchos me decían: “nosotros tanto tiempo esperando para ver la grabación y el de la barba, viene a todos los programas”. Hable con él. Manolo, aféitate para que no llames tanto la atención y podrás venir a todos los programas, pero con barba cada vez que pasa la cámara tu destacas sobre los demás”. No había manera de convencerlo. Para él, la barba, era algo así como su carnet de identidad.

Hoy, al héroe del Portillo, salvador de varios centenares de vidas en las encrespadas aguas del bravo mar norteño, cuando la adversidad se ha cebado con Sandokán, cuando un derrame lo ha arrancado de su hábitat, cuando sigue su lucha tenaz por recuperarse, Manuel Sosa, mece sus recuerdos mirando con nostalgia hacia el infinito y la grandeza de su mar con el que mantuvo desafíos a vida o muerte.

Por su altruista labor Manuel Sosa, “Sandokán”, ha sido distinguido por el Gobierno de Canarias, con la medalla de plata por su impagable actuación en el rescate de vidas humanas: Medalla de plata con distintivo rojo al mérito de la Protección Civil: distinguido por el Rotary Club de Las Palmas, con el premio Humanidades Joaquín Díaz Aguilar, así como por distintos colectivos… Una calle del municipio de Arucas está rotulada a su nombre…

Todos, sin exclusión tenemos una deuda de gratitud con Sandokán, el artesano, el salvavidas, el pescador…

ALFREDO AYALA OJEDA

2 comentarios:

  1. Que se puede decir de Sandokán ,que no se haya dicho ,lo miras y es un hombre sencillo lo tiene todo ;Digo todo porque es puro corazón .allí donde le nesecite está el .esa sencilles le da más valia ,solo quien sabe alabarlo son los rescatado de una muerte segura y no todo el mundo sirve para esto ,cosa que el no le da importancia, el dirá un deber cumplido.quizas haya uno grande ,que te está viendo," DIOS ".y el dirá gracias hijo mio por siempre.

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    1. Amigo Anónimo: Soy habitual del Portillo. Allí, con mi familia, estiro las piernas y me remojo en fines de semana. Cada vez que recalo por allí, saludo a Sandokán. Últimamente lo he visto más recuperado. Hablamos del ayer y del hoy. De sus aventuras y desventuras. Cuando al despedirme estrecho su mano y enfilo hacia las escalinatas, siempre me paro en una barca varada, descansado sobre su anguila. Era la barca de Sandokán. Una barca valiente con la que Sandokán se jugó la vida para salvar las de algún semejante en apuros....

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