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viernes, 26 de febrero de 2010

* RECORDANDO A NUESTROS POETAS (8)

LUIS BENÍTEZ INGLOTT nació en Las Palmas de Gran Canaria, el 23 de enero de 1895. Estudió el bachillerato en el Colegio de San Agustín y obtuvo la licenciatura de Derecho en la Universidad de Oviedo en el año 1915. En 1920 marchó a París, donde residió una temporada. En París tuvo Luis Benítez ocasión de relacionarse con el gran poeta Milosz (al que escribió un poema, en la revista La Rosa de los Vientos) y con otros escritores como Porto-Riche, Miomandre, Martinenche y Ventura García Calderón, el peruano. Colaboró en las siguientes revistas literarias: España, Internacional, La Pluma, Vértice, Ultra (al movimiento que representaba esta última se adscribió Luis Benítez por algún tiempo) y la siempre interesante y llamativa La Rosa de los Vientos canaria. Poco antes de regresar a Las Palmas, en 1923, leyó en el Ateneo de Madrid el libro de poemas, único que se conoce de él, Poemas del mundo interior, de donde está sacado el que hoy ofrecemos. No se decidió a la publicación en aquellos momentos. Lo saca a la luz en el año 1965 (Ediciones del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, con prólogo del dramaturgo Juan Marrero Bosch).

Vuelve a la ciudad natal, dejó momentáneamente la ocupación poética para dedicarse al ejercicio de su carrera. Una dramática coyuntura de su vida le hizo retornar a los versos en 1937, y continuó escribiéndolos hasta 1944, cuando ya apenas se ocupó de poesía, pues desde entonces se entregó casi exclusivamente a colaborar en la prensa. Se consagra a la labor de redactor de artículos de opinión y comentarios de crítica literaria y artística. Una labor necesaria sería, al menos por ahora, ir a los archivos a leer sus textos: quizás nos llevemos más de una sorpresa. Sólo les digo que, según he ido hormigueando en algunos libritos que tengo a mano, tiene artículos sobre Domingo Rivero o Domingo Velázquez; o un prólogo a un libro de Chona Madera. Artiles y Quintana dicen: “sabemos que dejó otras obras inéditas”.

Para más referencias, en el Diario de Las Palmas llevó con éxito (al parecer) la columna “El papel vale más”, que firmó con el pseudónimo de Pío Cid. “Sus artículos eran esperados y leídos con ansiedad. Como articulista, Luis Benítez Inglott descuella por su gran formación cultural, su juicio seguro e incisivo y la agilidad de su prosa. Como poeta se formó en el modernismo, aunque simpatizó con los movimientos de vanguardia. Falleció en su ciudad natal en 1966.

JESÚS SOBRE LAS OLAS

La mar en la solemne noche abierta
sin horizontes ni riberas. Todo
sumergido en la sombra, sumergido
en una inmensidad de viento y agua.
Ni una luz, ni una estrella.
¡Oh, alma mía
perpetuamente en pie sobre la costa!
La última luz, crepuscular y tenue,
también ha naufragado en el Océano
allá lejos.
Y sólo está la mar
que llega a ti, desordenada y brusca,
pulverizada sobre la rompiente
-las olas invisibles, que se oyen
deshacerse en espuma, en la rompiente-.
La mar es un rumor de abismo: un hondo
fragor lejano y próximo. La noche
sólo sugiere mar: las costas todas,
las tierras todas se han hundido. Surge
el grave canto de la mar, que se alza
a la profunda noche impenetrable…

Augusta hora del milagro, tiembla
mi corazón en el supremo instante.

¡Es ahora, Jesús, cuando te veo
otra vez avanzar sobre las ondas!
Así, Jesús. Sin luces terrenales,
ni astros que tiemblen en el infinito,
ni costas que limiten el milagro,
ni naves que interrumpan la llanura
de la mar de cristal bajo tus plantas,
sino así: sólo tú, Jesús, en esta
inmensidad de sombra soberana;
en esta inmensidad de agua y de olas
y de los libres vientos de la mar
EL CRÍTICO

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