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domingo, 28 de julio de 2013

* AGAETE Y “JÓVENES CANTADORES”

Agaete, huele a mar… a retama, a poleo, eucaliptus y cuando se avecina agosto, a fiesta y pura tradición… Las Fiestas de las Nieves, se viven con intensidad y, sin duda, su acto más participativo, multitudinario y discutido es “la Rama” a la que unos la vinculan a ritual aborigen y otros a la lógica y tradicional costumbre, extendida en muchos lugares de enramar la iglesia y el pueblo en la festividad de Nuestra Señora de las Nieves…

Pero no está en mi ánimo mantener polémica alguna después de haber repasado, entrevistado y conversado con viejitos de la zona y estudiosos. Este artículo, modesto, va dedicado a una cita ineludible con Agaete, lugar paradisíaco donde he realizado numerosos programas televisivos. 

Para adentrarme, nada mejor que el gran Néstor Álamo que con su bastón en la mano, paseaba por el muellito de las Nieves para atender a una entrevista de alto valor documental, realizada por Siemens. Entre otras cosas, con energía, con carácter, con rotundidad describía el paisaje de Agaete:

¡¡ Tierra mía…!! 

Pino verde, y negra playa, 

Tierra de mis alegrías, 

¡Ay! Pinar de Tamadaba, 

Y es que pasear por este rincón atlántico al atardecer es –no recuerdo quien lo dijo- como llamar a las puertas del cielo… Acercarte al Valle, al casco urbano, o confundirte con los pescadores a la orillita del sonoro Atlántico, es como volver a casa porque Agaete, es tierra de acogida… 

Yo, tengo la inmensa fortuna de contar con numerosos amigos en este paradisíaco lugar… Unos, desgraciadamente desaparecidos; otros, aún cultivan las más pura tradición…

Mercedita, que con exquisito mimo, uno a uno, desgranaba los cafetales. Ella, casi sin saberlo, acunaba la costumbre… En cada visita, Mercedita, me ofrecía su “buchito de café de Agaete” y gustosa, atenta y servicial me solía invitar, solo con cruzar la carretera, a visitar su finquita: naranjas, peras, mangas, papayos, que parecían como pintadas por delicadas paletas… Al regreso, cuando caía la noche y los lloros de las pardelas, procedente de los riscos, retumbaban a lo largo del serpenteante camino… Juanita Herrera, pregonera de los frutos del mar… Chachá, Faneque, Cristo o la siempre recordada Magui, protagonistas ineludibles del festejo… Antonio Alemán, siempre activo y dicharachero atesorando conocimientos del mar y la tierra que al igual que sus antepasados bajaba ocasionalmente de los huertos del Valle hasta la costa, para llamar y enlabiar a las fieras morenas. Él sustenta ésta viva tradición mantenida y transmitida por vía agnaticia y la todopoderosa fuerza de la necesidad… Numerosas visitas realizadas en compañía de mi padre Antonio Ayala y mi tío, Juan Sosa Suárez, poeta y tertuliano, también con mi prima Natalia Sosa Ayala, en tardes gratísimas compartidas con José Armas, Lucy Soto, Paco Sánchez, Chano Sosa…

Tardes de remansados y plácidos paseos por el Huerto de las flores, a la fresca sombra de los laureles de indias. Árboles que viajaron desde muy lejos para establecer aquí su domicilio… El árbol del “güevo”, “El Güiro”, nombres que suenan a poesía a nostalgias… Hablar con Pepe Dámaso, siempre dispuesto y generoso mientras daba brochazos a su penúltimo trabajo de “los Caudillos” o hablar, distendido, en el salón de su casa, sobre los papagüevos: los únicos papagüevos que tienen carnet de identidad… 

Viejos y nuevos componentes de la banda de Agaete o Guayedra, Nono, Momo, José o Ayose, animadores imprescindibles de numerosos festejos y de emblemáticos programas televisivos como Tenderete o la Bodega de Julián… Rincones como ca´Fifí, hoy “el Perola”, donde rodamos hasta altas horas de la madrugada, la cabecera de Tenderete en 1.983… Cómo sabía ese queso viejo, el pisquito de ron, en aquellos vasos de la raya, los chuchangos… y las jareas que solo con verlas, olía a mar, a costumbre y a tradición…

Estos recuerdos, celosamente guardados, continúan aún vivos en mi memoria. Una memoria que el miércoles, en compañía de mi mujer y compañera Lydia Díaz, desempolvé caminando por los rincones de Agaete hasta que comenzó la izada de la bandera anunciadora de la fiesta más multitudinaria de Canarias, en honor de nuestra Virgen de las Nieves. 

Después, claro, a gozar con el concierto de los “Jóvenes Cantadores”… Un grupo de corta o larga historia en nuestro folclore. Yo los fui conociendo uno a uno cuando todavía el miedo escénico los atenazaba. Uno a uno, los fui invitando a mi programa: “Tenderete” o “La Bodega de Julián”… Al tiempo, le lancé un desafío a Darío Cabrera: ¿Serías capaz de montar un grupo, con voces nuevas, con estilo propio, con variedad para que debuten en La Bodega? Darío, sorprendido, no rechazó la invitación: Alfredo, -me respondió- déjame que lo piense y te digo. Me olvidé del tema durante un tiempito… Cierto día, sonó el teléfono. Era Darío: Alfredo, ¿sigue en pie la intervención en La Bodega? ¡Claro!, le respondí. Pues ya estamos listos. Fijé la fecha y debutaron… Para los Jóvenes Cantadores, fue un puntazo; para el programa, un éxito… Y estos bichillos que atesoraban aires de tierra, junto a canciones venidas desde la otra orilla, iniciaron su andadura recorriendo continuamente el archipiélago y territorio peninsular. 

Y el jueves, cuando el sol declinaba, asistieron como grupo de lujo, a las fiestas de Agaete. El lleno era absoluto y la plaza se quedó corta para albergar al numeroso público. Y allí me planté, con Lydia. Quería escucharlos. Necesitaba sentirlos cerca y Elvis Sanfiel, atento, cariñoso, desde el escenario, me soltó el piropo: ahí está el amigo Alfredo, nuestro padre, él fue quien inició la andadura de Jóvenes Cantadores, al darnos aquella oportunidad de actuar en bloque en La Bodega de Julián…

Y claro, desde el patio de butacas, en pie, agradecí emocionado sus palabras. Luego, comenté con mi mujer, Lydia Díaz. Es posible que ellos me consideren el padre del grupo. Que quizás les allané el camino para que dieran el primer paso, pero lo cierto es que aquellas criaturas de entonces, hoy caminan solitos y van dejando donde actúan, una huella imborrable…

La conversación con Lydia quedó interrumpida cuando Nayra González comentaba a interpretar Sulema…

Agaete, es un pueblo valiente. Cada año, se supera. Cuenta con un interesante programa, con pregonero de relieve y actos que, sin duda, no pasarán desapercibidos. Las fiestas en honor de Nuestra Señora de las Nieves se extienden más allá de nuestras fronteras y el frenético ritmo verde de “La Rama”, será el acto más multitudinario…

Agaete, está en fiestas: ¡¡¡A disfrutarlas y respetarlas!!!

ALFREDO AYALA OJEDA

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