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domingo, 11 de abril de 2010

* “VESTIR LA CRUZ”, UNA TRADICIÓN QUE SE ADECUA A LOS TIEMPOS

Las Cruces del hoy municipio de El Pinar, son una tradición que se repite cada año; un pique entre los barrios de Las Casas y Taibique. Pero originariamente, aunque es dato sin confirmar, todo quedaba reducido a unos piques entre los barrios de Taibique y el Gusano.... Pero, al empezar Las Casas, a realizar su Cruz, desapareció la del Gusano.

Todo comienza en la última semana de Abril, cuando la exuberante primavera se reúne. Florangel Gutiérrez Padrón, Rosabel Morales, Yajaira Padrón Brito, Marilyn Gutiérrez, y Elsa Morales, para decidir la idea precisa sobre cómo vestir la Cruz.

Para reducir gastos aprovechan que Elsa vive y trabaja en Tenerife, y en algún desplazamiento obligado por cuestiones personales, regresa con los materiales necesarios.

El Hierro, es una modestísima isla que carece de grandes áreas, dedicadas a establecimientos comerciales. Por ello, para darle sentido y grandiosidad a las cruces, entienden las encargadas de vestirlas, que hay que salir fuera de la isla.

La elección de telas, encajes, galones, etc. se perfila según las existencias de estos materiales. Es, en el momento de la compra de telas y encajes cuando la cruz va tomando cuerpo, aunque solo sea de manera imaginaria.

El coste económico que supone "vestir" la Cruz, de los dos barrios, lo asume desde hace unos cuantos años el Ayuntamiento de Frontera, pese a lo cual, las encargadas, Florangel, en Taibique y Ramona, en Las Casas, junto con todas las personas que le prestan ayuda, deben desplegar toda la imaginación e ingenio que poseen para sacar adelante tan primoroso trabajo.

Algunas son casadas y dejan a los niños a buen recaudo para que no las distraigan de su labor. Pero anteriormente no era así. Se reunía un grupo de personas, que salían a la calle a pedir ayuda económica, para hacer la Cruz lo más vistosa posible. Cada una aportaba sus materiales, agujas, hilo, tijeras y, sobre todo, tiempo. No se regateaba esfuerzo para hacer la mejor cruz del pueblo. Según cuentan muchos vecinos, antiguamente eran tres: dos en Taibique y la de las Casas.

En el improvisado taller, esta terminantemente prohibida la entrada a cuantos curiosos se acercan; es un espacio reservado exclusivamente a las que visten la Cruz. Todo lo que allí se hace es un secreto guardado celosamente, para sorprender a todos cuando llegue el ansiado momento de enseñar La Cruz.

La rivalidad entre uno y otro extremo de El Pinar, entre Las Casas y Taibique, se mantiene hasta que las fiestas lleguen a su fin.

Después de tenerlas ocultas en sus lugares respectivos, las dos cruces, en el Pino Granadillo, se encuentran por primera vez…

Una pregunta se repite incesantemente en una y otra zona: ¿de qué color es la otra cruz?

La antigua venta (tienda) de Don Patricio, en Las Casas, sirve de laboratorio para el grupo de jóvenes que confecciona el trono para La Cruz. Aquí, al contrario que en Taibique todos los materiales se adquieren en Valverde, capital de la isla.

Antiguamente, La Cruz se hacia con flores, con frutas, con lazos, o con tarjetas postales, hasta que con la llegada del poder económico de los indianos, todos los adornos fueron siendo sustituidos por joyas. Cadenas, medallas, anillos, pendientes y sortijas, siempre de oro, que el grupo de muchachas que cada año viste La Cruz se encarga de pedir de puerta en puerta.

Las muchachas llevan consigo una libreta, en la que describen cada una de las piezas que le ceden los vecinos. Incluso hacen un dibujo de la filigrana de su orfebrería, con el fin de no confundirse a la hora de devolver las prendas. Además de este control, cada prenda se marca con un hilo de un determinado color que también se coloca en la joya cedida para la fiesta. De esta manera, queda identificado el grupo de prendas que aporta una determinada persona, con el color del hilo que actúa como justificante de propiedad.

La Cruz empieza a "enjoyarse" en la antevíspera y la víspera de la fiesta. Desde el primer día que se enjoya, dos personas, denominados aquí "espías", de toda confianza, de esas que tienen el sueño ligero, se quedan a velar La Cruz durante la noche, y es que con los tiempos que corren ya no hay en El hierro, aquella confianza que existía aún no hace mucho, de dejar la llave en la puerta, no fuera a ser que alguien necesitara algo, y no estamos en casa.

Dicta la tradición, que porten las andas de La Cruz, muchachas jóvenes, solteras y vírgenes. También dice que al año siguiente, quien lleve la cruz, se casará.

En nuestro recorrido recogiendo información en el barrio de Taibique, conversamos en la puerta de su casa con Marisol Padrón Hernández, que vistió la Cruz durante 19 años. Marisol, es modista y aunque natural del barrio de Las Casas, se ocupó, por cuestión de su nuevo domicilio, de la de Taibique. Me contó, en la larga charla que tuve, que existe la creencia de que las que visten la Cruz pierden la soltería; de todas formas son reglas estas que no siempre, se cumplen.

Marisol, empezó a vestir La Cruz en casa de un vecino próximo, pero en los años siguientes, se trasladó a su domicilio particular, donde había un cuarto, - hoy el cuarto de los trastos - y que en la intimidad del hogar le dicen el cuarto de La Cruz. Es una pieza de la casa que no se usa; solo sirve para guardar cosas viejas. En las viejas cajas que todavía quedan, en la habitación existe documentación de la época... la vieja libreta donde se apuntaban las prendas, donaciones económicas de vecinos y algunos pareados de la meda como aquella que decía:
"Al pie de la Cruz muero
que dicha muerte espero..."
Anoté cada uno de los datos que me facilitaba Marisol Padrón.
“Hoy, -continuaba- se ha perdido la tradición. Reconozco que es una gran responsabilidad pedir prendas. Yo recuerdo que en cierta ocasión, cuando colocaba anillo que estaba bastante gastado por el uso en La Cruz, se me partió. No había, por aquel entonces en la isla de El Hierro ningún joyero para repararla. Agudizando el ingenio, las carencias te permiten el lujo de improvisar, acudí a un dentista y me la soldó. Durante todo el día, había muchachas que la custodiaban.

En el otro barrio de "Las Casas": Mariola Padrón Quintero, Belén Alma Zamora, Lorena Padrón, Anyuri Hernández Morales y la encargada: Ramona Padrón, salen, como hormiguitas, desde la tienda de don Patricio para recoger prendas para vestir La Cruz. Es un ritual sencillo, como lo es casi todo en el Hierro: llaman a las puertas de los vecinos, que año tras año ceden las prendas de la manera más natural... Venimos a pedir para La Cruz, dice Ramona cuando alguien responde a su llamada...Unas suelen tener preparadas sus joyas para la entrega; otras se las quitan del cuello, en acto de desprendimiento y solidaridad. Luego, las muchachas levantan el acta sobre las prendas cedidas.

Las recaudadoras llevan como "caja fuerte" una atractiva cajita de cartón donde se introduce las joyas, en la otra llevan muchos carretes de hilo de distintos colores para poder marcar las joyas. Algunas de las que ceden prendas llevan tantos años cediéndolas que ya tienen, incluso, unos colores fijos asignados.

La tarde va cediendo paso a la noche pero la actividad no cesa. Se respira en el entorno, aires de fiestas y en las azoteas de las casas, primorosamente lavadas para la ocasión, se secan al aire y el sol la ropa de los bailarines que acompañaran a las cruces de uno y otro barrio.

También, según nos cuenta Ramona, se usa Cinta Galón, alfileres cabeza de lágrimas, espigas que se pintan con purpurina, para darle un efecto acorde con el brillo que lleva La Cruz. La forma característica de Las Casas es una especie de tornillo que se le da a las andas, dicen ellas a las cuatro partes que separan la parte baja trono, de la alta que llaman cielo.

Vestir La Cruz, es una gran responsabilidad. Incluso había quien pensaba que debería adornarse con el mismo material que se usa para los carnavales, lentejuelas y esas cosas… La Cruz, el lugareño, no los valora por la cantidad de joyas que penden de ella. Cada una de las prensas, es un sentimiento valiosísimo y el sentimiento, no tiene precio.


La virgen de La Paz, en el centro de las dos cruces
Este año se calculaba que La Cruz iba vestida con casi tres millones de pesetas. En nuestro deambular por las pinas calles de las casas, nos tropezamos a doña Juana Quintero Hernández, que a sus 98 años recordaba que había participado en vestir La Cruz. Le pregunté por las prendas, que por qué no  las cedía, para vestir la cruz y la respuesta fue contundente: esta cadena no puedo dársela a nadie. Me la dio mi hijo que murió en Venezuela, siempre la constante de la emigración y solo se desprenderá de mi cuello cuando caiga sola.

Mariola, me dijo, en el instante en que estaba vistiendo La Cruz: "llevo cuatro años vistiendo La Cruz. La tradición dice que el que la viste se casa, pero yo todavía ni esperanzas...."

Ramona, es un miembro activo y aglutinador. También esta metida en grupos folclóricos y en no sé cuántas otras cosas más. Ella, me comentó:

"Bueno, el vestir La Cruz viene de muy antiguo. Según las personas mayores la vestían de diferentes maneras. Antes empezaron vistiéndola con hojas de nísperos, que se las pedían a los pastores, después habían otras que las vestían con lazos, también por lo visto la vistieron con postales y ya después cuando la gente empezó a emigrar hacia Cuba los emigrante empezaron a mandar las joyas y se comenzó a vestir las cruces con el oro, costumbre que se sigue manteniendo.

Y, continuó diciendo, para mí la fiesta de La Cruz es más popular que religiosa porque la iglesia en si, aquí no interviene para nada. Nosotros participamos con la colaboración del pueblo, la gente del pueblo presta el dinero, nos lo da o nos presta las joyas y a la iglesia solamente vamos a la hora de la misa le decimos la misa y solo interviene en eso, una fiesta popular donde interviene nada más que el pueblo donde la gente colabora con todo.

-Los piques es lo más bonito que tiene la fiesta, porque se prepara una cruz allá y otra cruz aquí y la gente investiga, a ver si puede enterarse del color o de lo que hacemos y hasta el momento en que llegamos al encuentro de las dos cruces, pues la gente mayor va a ver el pique que existe o si la cruz de Taibique va a coger la derecha porque la cruz de Las Casas tiene, tradición el lado derecho y la gente va a ver si ellos cogen la delantera y todas esas cosas así.


Las jóvenes que llevarán las andas de la cruz- Las Casas

Las señoritas que portaban las andas de La Cruz, me dijeron:

Belén:

"No espero nada. Solo lo hago por tradición para que no se pierda la costumbre y porque me gusta"

Lorena:

“la tradición es que las cuatro chicas solteras, vistan la cruz y bueno a medida que se van casando se van y entra otra, que sea soltera....

DECLARACIONES PERSONAL DE TAIBIQUE

Florangel:

Es una tradición de muchos años. En las cruces del Pinar no se sabe como comenzó la costumbre. Pero creo que la vestíamos por ser legado de nuestros padres o nuestros abuelos. Es un trabajo que llega a ser un placer nos encanta vestir la cruz...y no se cual seria la razón para vestirla, pero lo hacemos sencillamente porque nos gusta y es una tradición.

¿Pero existen piques y esta presente la rivalidad entre los dos barrios?

- Pues los piques, solamente decirte que: ¡no hay pique realmente, porque la Cruz más bonita es la de Taibique...! risas...

Hay un gran pique entre las chicas...queremos siempre hacerlo lo mejor posible y ser la mejor... por suerte no hay jurado que lo diga y el sentimiento esta dentro de cada uno...es cuestión de gusto y ese es el pique.

Yajaira:

"Yo visto la cruz en primer lugar porque me gusta. Ya fuera de tradición porque si la vistes tres años te casas o algo de eso yo creo que no es así real porque ya mucha gente la ha vestido y no se ha casado y otras la han vestido y si se han casado.

LOS BAILARINES

Cuando por estas latitudes suena algo cercano, propio, familiar, da la sensación de que nos encontramos con nosotros mismos; con nuestras raíces, con el mestizaje de culturas que han dejado su impronta en las islas, en tantos viajes de ida y vuelta... Y es que hay estar aquí para sentir el amor, el fervor y hasta el sudor de un pueblo que con su música y su baile contagia, envuelve y atrapa a cuantos nos sentimos cautivos de esta misteriosa isla herreña.

El pito, el tambor y chácaras herreñas, van cobrando protagonismo en esta zona alta de la isla de El Hierro. Los piñeros, tienen a gala, quizás por estar en esta zona cumbrera que los sitúa más cerca del cielo, entregarse de lleno a cada acontecimiento festivo..., Por eso, cuando cae la tarde... en los ensayos de los excelente bailarines y tocadores del Pinar, esos que cada cuatro años, con la Bajada de nuestra señora de los Reyes, se muestran y se sienten protagonistas imprescindibles se respira la proximidad de la fiesta. Su fuerza y su sentimiento se reflejan en cada salto y en cada giro... Los tocadores golpean de manera enérgica y contundente el tambor herreño que nos hace vibrar mientras el pito parece lanzar una invitación para que te incorpores a la danza... y es que nadie como un piñero cuando se trata de resaltar esa mezcla de fe y sentimiento que envuelve a la gente de esta zona de la isla.

Los bailarines de la zona gozan de un buen ganado prestigio. Su forma de bailar requiere una buena puesta a punto adquirida, en el deambular por los montes de la isla en caminatas continuas tras el ganado y en los intensos ensayos. Los brazos en alto, como alas de avionetas, el guío atento a los cambios de ritmos que realiza el tocador de pito que lleva la voz cantante; la sumisión del gigantesco tambor herreño...

El tambor da carácter el pito marca los tiempos a los guíos que, cuando están situados ante el grupo de tocadores, cambian los pasos

Pero no fue siempre la cruz como la vemos actualmente, en estas fotos de Juan Antonio Cubas. La memoria colectiva nos argumentó que inicialmente era de flores, de postales, de prendas que en ocasiones había que ir a buscar a Valverde, capital de la isla. No se reparaba en esfuerzo, aunque los medios de transportes eran escasos.

Hoy, aunque se dice que la fiesta está en decadencia, se sigue trabajando con el mismo fervor y cariño de siempre.

Al llegar a la iglesia, la cruz de Las Casas tiene un sitio preferencial. Dicen, los viejos del lugar, que se debe a que hace muchos años, en las Casas, había una especie de cueva donde se guardaba a San Anton. Al construir la iglesia en Taibique, se concedieron unos bancos a la derecha que se asignaron a los propios de Las Casas.

Asimismo, preferentemente de haya se engalanaban las calles y plazas de la zona. Los hombres tenían la ocupación de acudir al monte a recoger haya. Hoy, como sustitución, se colocan banderitas de seda que dan colorido al trayecto que recorren las cruces.

Nos comentaron que en las casas se hacían juntas, cuando se avecinaba el mes de abril, para designar las chicas que vestirían la cruz. La reunión tenía lugar en unos juaclos (cuevas o tubos volcánicos) donde se guardaba el estiércol de las bestias que era subastado con la finalidad de obtener dinero para cubrir alguno de los costosos gastos que ocasionaba la Cruz.

Se sabía, nos dicen, quienes eran las más antiguas vistiendo La Cruz. La mayor ocupaba la parte delantera, la siguiente la derecha, la tercera la izquierda y la última en llegar ocupaba la parte trasera. Hoy se ha perdido esa formación.

También era normal, para guardar el respeto debido, que las chicas que custodiaban la cruz no llevasen prendas, porque se estimaba falta de respeto para quienes habían cedido de manera altruista las suyas.

Una copla de berlina o mazurca dice:
"En el pueblo del pinar
tenemos la gran virtud
todavía conservamos
la fiesta de la cruz"
Y es que en la fiesta de la cruz, además de acentuarse el pique entre Las Casas y Taibique para ver quien viste mejor la cruz, también en la intimidad de los hogares se engalanan las cruces en memoria de seres queridos... Pequeños nichitos situados en los traspatios, en jardines o fachadas de las casas herreñas, acogen el sentimiento, el respeto y la memoria de familiares fallecidos. También suele ser frecuente, en estos pagos marcados por la emigración que los vecinos de manera anónima acudan a otras casas para depositar las flores del recuerdo en nichos ajenos que la familia por encontrase fuera de la isla no puede hacerlo.

CURIOSIDADES

Cuenta la memoria colectiva del lugar que en cierta ocasión no se vistió la Cruz, debido al fallecimiento de un pariente del alcalde de la época y, cuando se celebraba la misa del difunto, avisaron al alcalde para comunicarle que su casa estaba ardiendo. Desde entonces, según continúan diciendo, jamás ha dejado de vestirse.

Las Cruces, durante larguísimo rato, están expuestas en la plaza… Por allí a verlas y para hacer ese juicio personalísimo, pasan numerosas personas. No paran las cámaras fotográficas ni tampoco los que quieren hacerse una instantánea junto a las dos cruces… Mientras, unos degustan los postres típicos de la zona otros bailan al son de pitos, chácaras y tambores...

Momento en que tras la misa, las cruces y la virgen de la Paz, se dirigen hasta la plaza, para exhibición y juicio publico. Los bailarines, al son de pito, tambores y chácaras, no pararán de danzar.

Las cruces, al caer la tarde salen desde la explanada del colegio hacia las casas. Van juntas. Ya no hay rivalidad posible. Las dos esbeltas, bellísimas, hechas con sentimiento, con hilo propio, con manos propias, se nos antojan como novias de los piñeros a las que cada año, engalana y conquistan.

La Meda

La meda, esa controversia entre los naturales de un pueblo y otro, al pie de las cruces, prácticamente ha expirado en el Hierro. "Ya no hay improvisadores", nos decían algunas personas mayores de la zona y sólo se representan, con pareados aprendidos y no improvisados, cuando los grupos de la zona acuden a los escenarios para actuar.

Pero hoy, han salido los espontáneos movidos quizás por la pasión que despierta las cruces y empujados por el buen vino de la zona. Se comenzó casi de broma, con un pique entre Goyo y Vicente y se terminó dándole todo el calor necesario a esta arraigada celebración...

NOTA DEL AUTOR:
Hoy, tendré que repasar los datos y situarlos en la actualidad porque el Pinar es un Nuevo Municipio y el festejo no se si habrá cambiado algo.

ALFREDO AYALA OJEDA

1 comentario:

  1. Señor Ayala, me va a permitir que le diga que es usted un monstruo, de las tradiciones, todo esto que cuenta es cierto, yo estuve hace años en El Hierro y pude ver en una ocasión esto que aquí cuenta.

    Chelo Barrera

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