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miércoles, 7 de abril de 2010

* EFEMÉRIDES PARA RECORDAR

En la década de los años cuarenta del siglo pasado, una de las fiestas más esperadas por todos los habitantes de mi pueblo, era la de la Santísima Virgen Purísima, el 8 de diciembre, patrona del Ejercito de Infantería, y que era promovida por el Batallón destacado en Guía, cuyo comandante Jefe era Román León-Villaverde. Las misma que tenía una duración de diez días aproximadamente, estaba revestida de un extraordinario boato, y eran cuantiosos los actos que se llevaban a cabo en el transcurso de la misma, donde destacaban una serie de eventos culturales, una extraordinaria cabalgata, desfiles militares y como era preceptivo la procesión de la venerada imagen, a la cual una escuadra de gastadores le rendía los honores correspondientes.

Entre los actos que se celebraban, destacaban sobre manera la ceremoniosa cabalgata donde participaban ocho o diez carrozas, cuyo contenido estaba relacionado con hechos históricos acaecidos en nuestra España a través de los tiempos, y que tenían una gran simbología patriótica. Así por ejemplo, recuerdo las representaciones de Agustina de Aragón, la del fusilamiento del Dos de Mayo, la Batalla de Trafalgar, el sitio del Alcázar de Toledo, etcétera.

Otro acto que también era muy alabado y presenciado por mis convecinos, y que se celebraba en el Cine Hespérides, era el que tenía como argumento el desarrollo de un desfile de variedades como se le llama hoy.

Recuerdo que tanto el comandante, León-Villaverde, y el capitán Figueroa Verdugo, le encargaban a mi padre la organización de este evento lúdico-cultural, especialmente en lo referido a su parte musical. Mi padre además de ser miembro de las Rondallas más punteras que por aquellos tiempos existían en Guía, siempre tenía un grupo formado por siete u ocho miembros, de los que recuerdo a, Mariano Chirivella, Antonio Mireles, Antonio el bandurria, Florentino Godoy, Julián González, Juan Quintana “el Claca” y otros. Ensayaban en una habitación que tenían mis tíos en la herrería, que estaba ubicada a la entrada de la finca de las Huertas, casi frente al cine, en la parte alta de la calle Marques del Muni.

A tal fin, mi padre eligió varias “piezas”, entre las que destacaban, un corrido mejicano muy de moda, que había exhibido Tito Guisart en la película Hora Ponciano, el tango Tatuaje y el pasodoble Cielo Andaluz, así como algún fragmento de zarzuela y ópera, y como no podía ser menos algunas canciones canarias.

Entre las féminas que participaron en tan excelso evento, destacaban, Celita Sosa, Josefina Saavedra, Pura Moreno y Lita Caballero, un verdadero “poker” de excelentes cantantes guienses.

Mi padre probó entre los cantadores, quienes debían interpretar el corrido mejicano y el tango Tatuaje, y aunque “el Claca” estaba empecinado en cantar el tango, mi padre no lo creyó conveniente, optando por Mariano Chirivella, que en el escenario realizó una verdadera exhibición en la ejecución de ambas obras.

Celita Sosa, una vez más acredito su gran valía como solista, interpretando magistralmente, Sombras del Nublo y algún que otro pasaje operístico, Josefina Saavedra, también ilusionó al público asistente cantando varios fragmentos de zarzuelas, Pura Moreno por su parte hizo lo propio y exhibió su gran clase interpretando el Arrorró de los Cantos Canarios de Teobaldo Power, y como colofón de tan eximio acontecimiento, Lita Caballero, cantó de manera brillante el pasodoble Cielo Andaluz.

Por su parte el conjunto musical sostén de todo el espectáculo, haciendo gala de su gran preparación, interpretó varias obras de corte clásico, entre ellas recuerdo, los pasodobles, Islas Canarias, Siglo XX, Viva Arucas y el vals María Luisa, hacer constar que estas dos últimas obras habían sido compuestas por Don Teófilo Morales y Martínez de Escobar.

El cine Hespérides, registro un lleno hasta la bandera, y en primera fila destacaban la presencia del comandante León-Villaverde, el capitán Figueroa, y varios tenientes, citar entre estos a, Francisco Pisos Echave, Antonio Mauricio Padrón, Eugenio Guerra Galván, Blas Saavedra Galván y otros, figurando también el alcalde, Odón Máximo Guerra y toda la corporación.

Acontecimientos como estos, hacían que mi pueblo tuviera por aquellos años el gran cache que la acreditaba como la verdadera capital del noroeste, algo que con el paso de tiempo se ha ido diluyendo, posiblemente por desidia o tal vez por la falta de cariño de mis convecinos a este pueblo que nos vio nacer.

JUAN DÁVILA GARCÍA

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