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sábado, 27 de marzo de 2010

* DOS GUIENSES DE BIEN

Recordar a los habitantes de mi pueblo, que por una u otra razón defendieron en un momento determinado, cuanto de bien se hizo en el mismo, es para mí todo un honor, y hoy quiero analizar a dos de ellos que quizás nadie recuerde, pero a los cuales siempre deberíamos estarles agradecidos por lo que significaron dentro de la grandeza de Guía cuando esta era la ciudad más importante de todo en norte noroeste de la isla, y que basaba esta constatada notoriedad sobre todo y especialmente en las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora la Santísima Virgen, el 15 de agosto de cada año.

Estos eran, Francisco Alonso Álamo, más conocido por Paco Tle, -del que un elemento de nuestro pueblo hace mofa en sus anécdotas sin apenas haberlo conocido-, (se ausentó de Guía definitivamente a finales del año 1962 y murió asesinado en el barrio capitalino de San José, el 27 de marzo de 1971) y el otro era Gregorio Miranda Santiago, conocido por Gregorio el burro. Durante los mandatos de Juan García Mateos y Rafael Velázquez García, como alcaldes de nuestro pueblo, eran ambos los verdaderos artífices de la fiesta de la Virgen, ya que desde dos o tres meses antes de la celebración del día grande de la misma, empezaban a trabajar para que esta festividad brillara, -como lo hacía- convirtiéndose en la más grande y mejor de Gran Canaria, y no es que yo así lo diga, ahí están las hemerotecas donde constan los testimonios más fidedignos de que así fueron, así como las filmaciones llevadas a cabo por el cineasta David J. Nieves.

Siempre he dicho que la mejor Fiesta de la Virgen de Guía fue la del año 1950, y pienso que por mucho que se empeñen en querer mejorarla será imposible que así sea. Los protagonistas de este trabajo eran funcionarios del Ayuntamiento, pero jamás hicieron uso de esta condición para involucrarse en algo tan hermoso como era organizar la Fiesta más importante de mi pueblo, realizaban esta loable labor cuando terminaban sus jornadas de trabajo, y lo hacían como se dice vulgarmente, por amor al arte, en este caso por el gran amor que le profesaban a su pueblo, jamás que yo sepa percibieron gratificación alguna por realizar tan sacrificado trabajo. Con ambos mantuve siempre una gran relación, aunque ambos fueran bastantes mayores que yo.

Paco Alonso, desplazado en Las Palmas era quien conseguía todos los regalos que se entregaban al final de la Batalla de Flores, y que se correspondían con el número de las cintas que las señoritas adquirían durante la carrera, que tenía lugar antes de la batalla de flores ya citada, y que se desarrollaba entre las calles Médico Estévez y Marques del Muni. Otra labor que desarrollaba era la de hacer de “cicerone” de todas las autoridades que se desplazaban a nuestra municipalidad a gozar de los atributos de tan celebrada festividad.

Gregorio Miranda, tenía la misión de velar por el desarrollo de los diferentes eventos que se celebraban, haciendo cumplir los horarios previstos, y vigilar ayudado por agentes de la Guardia Municipal, con el fin de que no hubieran altercados ni desordenes durante la celebración de los diferentes actos festeros. Organizaba además los diferentes brindis y las comidas que el ayuntamiento ofrecía a las autoridades asistentes. Recuerdo verlo todo sudoroso el día 15, recorriendo las calles citadas, dirigiendo la carrera de cintas y la batalla de flores, e incluso situando a los agentes de la Policía Armada que ese día se desplazaban a Guía, en los lugares más estratégicos del circuito.

Estos dos verdaderos patriotas, siempre ocuparon un segundo lugar, pero no por ello dejaron de ser nunca los “artífices” y los protagonistas por derecho propio, de aquellas magnificas fiestas que en aquellos años se celebraban. Guía debería hacerles el homenaje más multitudinario a estos dos hombres, que desde la sombra trabajaban noche y día para que nuestra fiesta fuera como ya he dicho la mejor de Canarias, reconocida como tal en todo el territorio regional.

Paco y Gregorio, o Gregorio y Paco, igual da, se merecen el reconocimiento de la gente de mi pueblo, posiblemente algunas personas que han sido homenajeadas en estos últimos años con el boato y los honores más sublimes, es muy posible que no lo merecieran tanto como estos guienses citados.

JUAN DÁVILA GARCÍA

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