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domingo, 21 de marzo de 2010

* LA APAÑADA DE LA VIRGEN DEL CARMEN

Tal vez por que Canarias, históricamente, siempre ha dependido del mar, todo, lo bueno, lo malo y lo peor, para estas islas nos ha llegado por el océano, que a veces oprime o libera…

El Mar, consciente o inconscientemente, está presente en la historia colectiva del pueblo canario: su emigración forzada, su duro trabajo, las invasiones, ataques y abandonos sufridos… El ensueño de mirar lejanías, la grandiosa belleza del océano, castiga o acaricia a puro capricho...

Pero es nuestro mar… Ese mar Atlántico, que le da a estas islas su perfil de soledad serena, de justo orgullo, de carácter libre, independiente, singular...

Cómo comenté la pasada semana, después de una jornada vivida con intensidad, para vivir con toda clase de detalles la apañada de Cofete, celebrada con la doble intención de marcar y seleccionar el ganado disperso y de apartar algunos ejemplares para atender compromisos adquiridos, la jornada llegó a su fin….

Termina la apañada en Cofete, pero la gente no se marcha. Esto ha sido un preludio para iniciar las esperadas fiestas de la Virgen del Carmen: la Virgen del Mar…

Pero nada más sano para salir de un festejo que adentrarse en otro mayor… Estamos en vísperas de las tradicionales fiestas de Nuestra Señora del Carmen y estos originales ganaderos que atesoran conocimientos de la tierra y del mar, lo deben celebrar como manda la costumbre: con un delicioso puchero con carne de macho cabrio, presente, por estas fechas, en todas las mesas de la zona…

Por la noche, una popular verbena tiene lugar. La verbena, se prolonga hasta el filo de la mañana, cuando la popular Banda de Agaete quiebra el silencio de la mañana… A su ritmo irresistible todos reviven de golpe, mientras la luz se afirma respondiendo también a la llamada musical, al son marchoso que anuncia un nuevo festejo…

Banda de Agaete

El momento, desde cualquier sitio, como por arte de magia, aparece el agua y todos cuando van con la banda de Agaete, empiezan a recibir los chapuzones que desde ventanas, balcones y azoteas les “jincan” los vecinos. Un grito llega desde muy lejos, y, sin embargo, también desde muy dentro; un grito que sube incontenible a cada garganta:

"¡Agua, agüita, la gente está sequita!" Ya la fiesta no revive: sino que vive, nace nueva y ajena al cansancio y a cuanto no sea la alegría presente.

En el alboroto, nos tropezamos con un grupo de parranderos, escaso pero sabroso, que se embarcó temprano, madrugándole a la fiesta como pa'que no se escape, y que ahora va con rumbo y proa al marisco, pero que no ha dudado ni un momento en arrancarse con unas con coplas de ayer y de siempre… Ellos ponen las cosas en su sitio, y aunque ajenos al reloj y a toda brújula, se hicieron a la mar con horas de adelanto, llegarán puntuales a la cita con Nuestra Señora del Carmen…

… La alegre comitiva, continúa su paseo callejero… salta de acera en acera esperando la abundante regada de los vecinos que, desde sus casas se suman así al festejo… La Retreta es el acto inicial todo un extenso programa de fiestas…

En estas islas orientales, se festeja el agua hasta el punto de convertirla en protagonista… Su presencia jubilosa hoy, contrasta con aquellos tiempos en que se careció de este bien durante siglos…

Rogativas, casi siempre dirigidas a la Virgen, con fervor exclusivo; Fiestas de variado carácter: rogativas las unas; jubilosas y reivindicativas otras…

Tras los chapuzones recibidos en la calle, jóvenes y menos jóvenes lo rematan bañándose, ligeritos, en el mar: nuevo reflejo voluntario, con el que reciben al nuevo día, que ya es tradición en Morro Jable.

Previo a la celebración en el interior de la Cofradía de pescadores la suerte señalará a quien le corresponde llevar a la virgen… Este honor se alcanza tan sólo por medio de un sorteo, en el que participan todas las embarcaciones registradas en la zona. Pero rige una regla: el barco que lleve a la Señora, tiene que esperar a que todos los restantes la hayan llevado; antes no puede participar... Así se evita que la suerte pudiese tener sus preferencias.


A la salida, cruzamos por un solar próximo a la Cofradía de Pescadores observamos este cementerio de las nasas… restos carcomidos por el óxido y el olvido, esqueletos de hierro roídos por el sol y el viento… Estas nasas, ayer artes de pesca y bolsas de abundancia arrancadas al mar; hoy, severamente prohibidas, en algunas zonas de las islas, esperan al tractor que las arrastre al vertedero, llevándose un testigo más de una historia que ya no tiene vuelta...

Atareado, Luis Placeres, presidente de la Cofradía de Pescadores, nos relató el sentimiento generalizado por este tipo de arte: “aquí, actualmente, no se utiliza ningún tipo de arte, el único tipo de arte que se utiliza es el anzuelo, el profesional digamos, hasta el año pasado usábamos la nasa. La hemos vetado porque nosotros hemos querido, durante un año las tres cofradías de Fuerteventura nos hemos puesto de acuerdo con sus correspondientes marineros y hemos decidido dejarla. No porque realmente sea dañino la nasa para la protección de nuestras reservas. De por vida la hemos echado, las han echado mis abuelos, mis padres, mis hermanos y yo y todos nosotros pero la nasa es un tipo de arte que si la utilizas bien es productiva, si la utilizas mal es arrasadora, mata todo, siempre y cuando la uses bien coges el pescado selectivo que tu más o menos quieras”

Otro borrón para la desmemoria de como fue el trabajo y la vida en estos pagos. Y aunque la fiesta nos invade, no podemos evitar ante estas nasas, un rejo de nostalgia como una punzadita, aún comprendiendo a marineros y Administración que quiere marchar siempre con los tiempos nuevos...

Si uno echa la vista atrás, no hay aquí nadie más autorizado que Ramón para contarnos del lugar y sus fiestas. Antiguo pescador, hombre de mil oficios y farero de Morro Jable, Ramón es alma y presencia en estas celebraciones. Su figura, batida por los trabajos y los años, siempre encabeza todas las conmemoraciones. En fiestas, Ramón parece multiplicarse en el espacio. Ahí está él, con su severa promesa todavía y por siempre sobre sus cansados hombros. Es preciso escucharle: Ramón tiene sus razones de peso, las que cuenta y las que calla.

La historia de Ramón es dura: faena sobre faena, un esfuerzo sobre otro y así desde muy chico ¿Habrá dormido Ramón alguna vez?, cabe preguntarse. Y aunque él no lo mencione, sabemos que la guerra se fajó con saña en su persona. La metralla mutiló su rostro, le puso al filo de la muerte. Y él, viéndolo todo perdido, se encomendó a la Virgen del Carmen y le hizo una promesa muy firme: por su divina ayuda, Ramón iría siempre a las celebraciones de la Señora vistiendo de uniforme militar, y eso de por vida. Así, Ramón ofrece una lección de fe que a todos da respeto y regala esperanza. Es verdad que su época ha pasado, que todo cambia, que las fuerzas de ayer le van abandonando... Pero Ramón sigue en su fe, personalizando a su manera todo el amor de un pueblo hacia su Virgen, aquella que les acoge siempre como madre en todo trance; que también sonríe con sus alegrías: que está sin fallo cuando el momento es más amargo. Por eso Ramón va a la cabeza de la celebración. Es, por derecho propio, como el abanderado de La Virgen del Carmen.

Toda fiesta que se precie tiene su apartado gastronómico propio y tradicional. Aquí, desde muy temprano, se va preparando el puchero con carne de macho. Doña Dolores Martín se está esmerando en su preparación... Es una carne menos suave que la de cabra, de un sabor intenso y una textura más compacta.

Es aquí donde el alma de un pueblo se muestra desnuda, como bandera viva tremolando orgullosa a los vientos del mundo. Nosotros desandamos el camino y nos llegamos al puerto, donde se abrigan festejar debidamente a La Virgen.

La Ermita de San Miguel. Es aquí donde el alma de un pueblo se muestra desnuda, como bandera viva tremolando orgullosa a los vientos del mundo. Nosotros desandamos el camino y nos llegamos al puerto, donde se abrigan los barquitos pesqueros. Los marineros preparan las embarcaciones; las engalanan, las disponen con el mayor esmero. Las viejas banderillas, atadas por una cuerda, se afianzan a proa y popa; mientras, desde la carlinga, el alto palo los eleva, dibujando un vistoso triángulo.

El hogar de La Virgen, es muy chiquito, caben muy pocos; pero lo que no podría acoger, aunque fuese muy grande, si ello ocupase espacio, es la inmensa fe que aquí se concentra en estas fechas. Dentro o fuera es lo mismo…

Ante La Virgen, es como con los padres en una casa de familia donde, por lo general, la mujer es más accesible a las consultas y peticiones de los hijos; y tiene o busca siempre una respuesta más inmediata, una solución práctica y que no dependa, como suele pasarle al hombre, de su circunstancial estado de ánimo. Para el creyente, La Virgen del Carmen es la madre que sabe escuchar, que siempre quiere comprender, aunque le pidamos lo imposible.

Se aproxima la hora de la misa. Algunas familias ya han dejado flores a sus pies. Seguramente porque la mujer se acerca más a esta sagrada imagen, símbolo mismo de la madre, de la familiaridad con la madre... A Cristo, puede que se le vea más lejano, como una figura más respetuosamente paternal.

El gentío se hace piña en torno a La Señora, igual en la desgracia cuando llega como en los momentos de celebración y gozo como éste que hoy nos toca vivir.

Allí, a sus pies, está Ramón…

Todo el mundo se prepara para asistir, dentro o fuera, al servicio religioso. Cada cual ha dejado pendiente lo que estuviese haciendo; así Doña Dolores que dejó “apotajándose” a fuego lento su puchero de carne macho, para no perderse tan señalado momento.

Terminada la misa se dispone la procesión, que recorrerá las calles hasta depositar a La Virgen en su tradicional embarque. Hombres curtidos por el faenar diario colocan a la venerada imagen sobre unas andas, que los pescadores llaman "parihuelas". Fuerza y delicadeza se reúnen y extreman para transportar a La Señora.

La procesión, solemne y fervorosa discurre por las calles. Ramón, a la cabeza, formando un contrapunto como en perfecto entendimiento entre la infinita bondad de La Virgen y la humana devoción de sus fieles, que este hombre uniformado por promesa, encarna desde hace ya sesenta años...

Y es que la tradición sentida así, multitudinariamente, ajena a cuanto no sea su verdad, alzándose entera y pura en pleno corazón turístico del Archipiélago, da prueba del carácter y de las señas de identidad de un pueblo: identidad canaria que impresiona y convence a cuantos, propios y forasteros puedan ver, oír y sentir.

Ya los barcos se hacen a la mar. Yo, acepto la invitación del propietario del “Faycan”, Pepe Santana Hierro, también embarcamos distintos compañeros con guitarras y timples… Enseguida arranca la parranda, motor infalible, comienza a animar la procesión sobre las olas. Vamos al encuentro con La Virgen

Es una multitud fervorosa, brindando un espectáculo insólito, dados los tiempos, de alegre y firme devoción... La Virgen Nuestra Señora del Carmen cruza el mar y la escolta su pueblo.

El bueno de Ramón, aunque viste uniforme de sargento de tierra, debe sentirse ahora, por lo menos, Almirante de Nuestra Señora...

Es una fiesta viva, cambiante que se acopla a los tiempos y acentúa las modas. Así los nuevos ritmos, esos que han llegado al pueblo, se manifiestan, bailan y corean, sin importar donde se esté

La procesión sobre las aguas transcurre en animado ambiente; los aires de fiesta son irresistibles; y si la alegría fuese viento o velas, todas estas embarcaciones que escoltan a La Virgen irían volando sobre el mar... Y también sobre las olas se empieza a botar y chingar agua a diestro y siniestro, a golpe de manguera.


A la orilla se acercan turistas y forasteros que quieren sumarse al festejo, siquiera, para aquellos de tierras más lejanas, intentar comprender cuanto está sucediendo; porque cuanto ven y oyen les atrae sin remedio... Y es que la emoción y la alegría que irradia esta abierta, y sin embargo íntima celebración de Nuestra Señora del Carmen, es en gran medida, contagiosa.

Una página más de las celebraciones por La Virgen del Carmen termina. Pero el íntimo contento, el profundo regocijo, ese que no se dice con palabras, continuará vivo aquí y allí, en todos los puntos de Canarias donde haya tenido lugar un festejo para honrar a su Virgen. Esperar al año próximo será como una lucecita, como una secreta brasa que conforte y alumbre en lo más hondo de sus fieles.

De regreso a casa, Dolores, atiende a familiares y amigos. .. El espacio es pequeño, muchos de ellos llegados desde otros puntos de la isla. Las familias se acotejan y comen por turno, atendiendo primero a los más chicos. Entre otros muchos platos, se hace un puesto de honor al puchero, que por sabroso y por tradición bien lo merece.

El puchero con carne de macho es plato muy apropiado por su solidez para aumentar la fortaleza que exige una plena participación en estos festejos, incluido el trasnoche.

Y es curioso, además, ver a gentes del mar deleitarse con un plato tradicional, que excluye radicalmente el pescado. Con un plato, diríase más propio de tierra adentro, incluso de tierras altas y de escaso calor... Aunque éstos y mayores contrastes se dan en nuestras islas, cuando de celebrar a La Virgen del Carmen se trata.

Aires de fiesta, limpios y alegres han dado el adecuado marco a estos actos que en Canarias, de mar a cumbre y diversas maneras expresan un mismo sentimiento, pues muchos hijos de estas islas también y con el mismo amor se sienten hijos de Nuestra Señora, La Virgen del Carmen.

La tradición se ha cumplido fielmente, como ha cumplido aquí, en Morro Jable, el bueno de Ramón, símbolo de otros tantos canarios que llevan con orgullo sus promesas.

ALFREDO AYALA OJEDA

2 comentarios:

  1. DON ALFREDO AYALA OJEDA:

    ES MARAVILLOSO, LEER SUS RELATOS. SE LE NOTA,

    EL BUEN GUSTO QUE PASA AL ESCRIBIRLOS. PARA

    MI, ES UN PLACER, LEERLOS. GRACIAS. GUILLE.

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  2. Entiendo que en todos los ordenes de la vida tiene que estar presente el amor. Sin el, seria imposible hacer nada. Puede resultar la frase algo cursilona y "blandengue" pero yo no puedo hacer nada sin que presida el cariño cada uno de mis actos... el amor a mi tierra y la diversión. Después, por añadidura, viene lo demás.
    Gracias Guille por su aliento.

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