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miércoles, 22 de febrero de 2012

* LA PARRANDA ABRE CAMINO: PARRANDA EL CARBURO

En estos presurosos días, ensombrecidos por una permanente y atenazante incertidumbre sobre las expectativas de todo cuanto concierne al futuro de nuestras vidas; cada vez más sujetas a los indescifrables caprichos del azar y a una vertiginosa espiral de usura y egoísmo que hemos venido en mal-llamar “los mercados”; surge en todos nosotros la imperiosa necesidad de hallar algún referente ideológico donde asirnos desde el naufragio de la imaginación perdida. Buscamos con ansiedad la frase lapidaria que materialice un pensamiento que nos conduzca nuevamente hacia la seguridad de la luz, dejando atrás la penumbra de la ignorancia y la desolación de las ideas.

Asistimos con resignación a una continua reedición de los logros intelectuales y culturales de otras épocas más fecundas de nuestra historia, sabedores de nuestra actual incapacidad de propiciar nuevos caminos para las artes, la cultura y el pensamiento.


Y es que la imperante ausencia de todo vestigio de creatividad intelectual y artística, es el más claro síntoma de que estamos, una vez más, ante las puertas del árido páramo de la decadencia cultural, por el que ocasionalmente ha transitado, como en lánguido destierro, nuestra humana civilización a lo largo de su historia.

Nada debemos temer del eclecticismo y el revisionismo cultural que nos embarga, pues es un abismo que ya hemos bordeado antes, y el cual siempre hemos sabido sortear. Reeditar, revisar y recrear nuestra producción artística, es la mejor estrategia planteable, en tanto no surjan nuevos horizontes de pensamiento, traídos por una nueva escala de valores, tan necesaria para nuestra sociedad.

En el ámbito artístico más concreto de la música, no debería perturbarnos el contemplar la persistente recurrencia a las temáticas compositivas y poéticas ya producidas a lo largo del tiempo, que continuamente emergen en forma de reediciones discográficas, de recreaciones armónicas, o de variaciones estilísticas. El afloramiento de episodios musicales del pasado es una circunstancia de los turbios tiempos que corren, pero nunca una consecuencia de los mismos. Pues, si así lo concibiéramos, estaríamos ante un simple acto nostálgico y evocador de los logros musicales pretéritos, y nos alejaríamos radicalmente de la oportunidad de ahondar en el extenso campo del pasado, donde extraer y afianzar aquellos elementos invariables e identificadores de nuestra cultura musical, que preparen el camino para la nueva era y el nuevo impulso creador que inexorablemente llegará, como bien nos ha enseñado siempre la Historia.

Recientemente, viene suscitándose en algunos foros de opinión, y desde alguna prominente figura del ámbito musical de nuestro entorno, un cuestionamiento sobre la pérdida de vigencia y el agotamiento de los recursos temáticos y melódicos que han venido conformando el bagaje de nuestra cultura musical tradicional y popular, estableciéndose de forma concluyente, que tal proceso evolutivo de la historia de nuestra música, ha encontrado su final. Ante tal fatídica conclusión, se promulga y postula la necesidad de recurrir a otras fuentes musicales de dudoso arraigo y vinculación con nuestro pasado, para que las mismas abran nuevas perspectivas a una supuesta creatividad agotada, aún cuando ello nos aleje definitivamente de nuestros orígenes y nuestra singular razón de ser.

Por nuestra condición de pueblo descendiente de emigrantes y por razones geopolíticas, nuestra cultura siempre se ha caracterizado por su vocación pluralista y receptora de todo cuanto ha arribado a nuestras costas atlánticas. Y sin embargo, el resultado de ese sincretismo cultural a lo largo de los siglos, es una monolítica y específica identidad, palpable en la cultura e idiosincrasia de nuestro pueblo. Y es que tan sólo el natural proceder de las gentes a lo largo de generaciones, puede llegar a dirimir qué elementos externos pueden llegar a ser asumibles y consustanciales con el desarrollo y evolución de nuestra propia cultura.


Yuxtaponer a nuestra música tradicional y popular, una acción globalizadora multiétnica, cargada de nuevos recursos sonoros exóticos que nada tienen que ver con las cadencias melódicas que nos identifican, supone una innovación artificial y temeraria, aún cuando la misma surja de la mejor intención para salir del estancamiento creativo.

Dicho artificio, cobra una intencionalidad suicida, cuando quienes proponen dicha operación pretenden, en defensa de la misma, erradicar todo vestigio del pasado, entendiendo que la producción musical pretérita, es materia “superada”; desechándose así las más elementales y originarias referencias de nuestra cultura musical.

Pero, cuando además se enuncia, sin más elemento de juicio que el protagonizar la titularidad de una frase llamativa y ocurrente, que nuestra música ha quedado obsoleta por su estrecha circunscripción a la figura de “la parranda”, llegamos definitivamente a la conclusión de que nos encontramos ante un posicionamiento desconcertante e inconsistente.

La parranda, no puede limitarse a ser considerada simplemente como un fenómeno social y festivo, concebido sin más propósito que la búsqueda del entretenimiento o la diversión. Su denominación no puede ser perversamente identificada como algo puramente intrascendente y anecdótico. Dar ese tratamiento peyorativo a la parranda es denigrarnos a nosotros mismos.

Porque la parranda, es y ha sido el ámbito natural donde se refrenda la valía y aceptación popular de un determinado motivo musical de nueva creación, para incorporarlo al acervo cultural del pueblo, o para que el mismo quede desechado en el olvido.

Y es que la parranda no es un fin en si misma. No es la parranda la que converge en la música, sino es ésta última la que busca la confluencia en el seno de la parranda para poder perpetuarse en el tiempo.

Por muy exquisita y sublime que sea una nueva creación musical, y por muy potente que sean los instrumentos mediáticos para su difusión, la misma quedará perdida en la indiferencia del tiempo, en tanto no logre incorporarse a la memoria musical colectiva fraguada en la parranda. Simplemente quedará como un objeto raro, bello y ajeno al sentimiento común e identitario del pueblo. Porque negar a la parranda es dar la espalda a la misma fuente de nuestra cultura musical y a nuestra propia razón de ser.



Como muestra de cuanto hemos expuesto, hoy traemos a este pequeño apartado un ejemplo contundente: La Parranda El Carburo.

Debe su denominación a una pequeña lamparita de carburo de calcio cuya tenue luz alumbró el ingente esfuerzo de nuestros antepasados por arrancar de las mismas entrañas de la cumbre, un generoso destilar agua para dar la vida a esta tierra. La misma luz de llama azulada, en torno a la cual muchos de nuestros hogares de antaño conciliaron el descanso nocturno, cuando hasta el aceite para el candil resultaba un lujo inasequible.


La Parranda El Carburo es esencialmente un colectivo de voluntades aunadas por la común inquietud de representar el sentir musical de los más recónditos rincones de nuestros pueblos.

Su amplio y heterogéneo repertorio musical es el propio reflejo de todo cuanto es perceptible en nuestras calles y plazas, porque es en este entorno ambiental, donde El Carburo consigue establecer estrechas relaciones de reciprocidad y empatía con el público. Y es que a veces, implicarse en el movimiento cultural de un pueblo no supone mayor esfuerzo que el vivir y compartir de manera natural, el propio devenir de los acontecimientos cotidianos de éste. Es incorporar un vigoroso impulso de intenciones y propuestas, al fluir de la corriente donde discurren las motivaciones culturales que dicho pueblo ha convenido en asumir como propias.

Por todo ello, El Carburo es más parranda cuanto más pueblo…y ello, le hará perdurar en el tiempo mientras subsistan aquellas señas culturales que nos identifiquen colectivamente.

Constituida en el año 2005 en el municipio de El Rosario, La Parranda El Carburo está compuesta actualmente por once integrantes, cuya característica principal es su distinta procedencia y vinculación a otras formaciones musicales de gran prestigio y larga trayectoria. Sin embargo, este perfil multifacético de muchos de sus componentes, no supone ningún tipo de condicionamiento, pues su pertenencia a El Carburo, nace de la inquietud por mantener y potenciar el formato de la parranda popular de corte tradicional, que personifica y acopia la herencia musical de la calle.

Conscientes de ser portadores de esa herencia musical propia, han sabido mostrarla con dignidad y orgullo en otras latitudes como Andalucía, Cataluña y Cantabria; y a través de distintos canales mediáticos de radio y televisión.

Desde este pequeño rincón, queremos manifestar nuestro reconocimiento a La Parranda El Carburo, por ser un colectivo que ha sabido nutrirse de personas que siempre han creído firmemente en lo que hacen, sin perseguir mayor contraprestación que sentirse parte indisoluble del propio pueblo. Que la luz de la pequeña lamparita que los representa, alumbre por siempre nuestro a veces cuestionado panorama musical.

  
FÉLIX ROMÁN MORALES DÍAZ PARA ARTISTASENRED Y ETNOGRAFÍA Y FOLCLORE

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