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martes, 28 de febrero de 2012

* AQUILINO “Parrandero universal”

A veces, sentarte reposadamente a la fresquita en cualquier rincón del camino, suele brindarme el encuentro afortunado con lecciones de vida que no se aprenden en libros, ni se imparten en las escuelas. Son testimonios, ráfagas de la vida y sus afanes… Hombres y mujeres que a problemas reales han aplicado la solución posible… Hombres y mujeres con la habilidad, heredada o aprendida, han sabido desenvolverse en la vida, en el diálogo con el medio que les rodea… Hombres y mujeres que han pasado sobre los días y las cosas dejando la huella y su impronta…

Hoy, cuando ha transcurrido más de una veintena de años, me viene a la memoria un personaje irrepetible Aquilino, al que conocí gracias a la amistad que me une a Juan José Santos, profundo conocedor de costumbres, tradiciones y director de una de las joyas de nuestro folclore: el Grupo Echentive…

Mi primera impresión del encuentro con Aquilino, fue la de un viejo barco que mece sus recuerdos, al refugio de su particular muelle observando, con nostalgia, las idas y venidas de otras embarcaciones. Amarrado al noray de la vida por el lógico paso de los años, sus ojos gritaban ¡libertad!... Para Aquilino, los días no han pasado en vano… Él ha pasado sobre los días viviéndolos y disfrutándolos hasta dejar su huella de parrandero universal…

Tenía, cuando lo conocí, ochenta y pocos años… Flaco, estatura mediana, nariz aguileña…Un viejo sombrero, desvaído por el uso y el tiempo, lo protegía del rigor del solajero… Vestía camisita lisa, de manga corta y pantalón abombado… Su boca, mientras hablábamos, jugueteaba con un consumido y rechupeteado tabaco palmero… Sus vivarachos ojos, dejaban entrever una intensa vida tejida a su antojo por su abnegada voluntad… Cuando lo encuentro, está en su casa, sentado a la sombrita en un viejo banco… Su espalda, apoyada contra la pared… A su lado, cómo fiel guardián, su inseparable amigo: un centenario acordeón que le permite navegar, en tiempo de bonanza, por el mar de viejas canciones… Aquilino, con aire despreocupado, posee espíritu de ave marina… A mí, se me antojó náufrago novelesco… “Eran tiempos de emigración –me dijo- tiempos en que corría por la isla de La Palma, como reclamo publicitario, el slogan: “cinco años, una fortuna”… A mí –continuó su relato- me embargaba la tristeza al ver cómo muchos amigos, en aquellos tiempos difíciles, embarcaban en busca de un futuro mejor dejando tras de sí, tierras, familias y pertenencias… Cuando llegó el momento de la despedida no lo dudé… Con mi inseparable acordeón, me dirigí al muelle para estar junto a los amigos y parientes en el momento de la despedida… A pie de escala, entre abrazos y lágrimas toqué numerosas canciones de la tierra… Partió el barco del adiós perdiéndose en el horizonte… enmudeció el acordeón y vi una falúa que se ponía en marcha… le pregunté a su propietario que si era capaz de llevarme a Tenerife. Adelantamos al barco y me puse en el muelle donde tenía previsto hacer escala… Los recibí, con una isa parrandera y de nuevo los abrazos… Tamaña juerga, desembocó en que compré un billete y me convertí en un emigrante más… No hace falta decir que la travesía fue una auténtica fiesta… Durante un tiempito permanecí en Venezuela, pero no terminó de gustarme… Deseaba regresar a mi isla…

Un día, decidí desandar el camino y con mi viejo acordeón, casi como único equipaje, embarqué rumbo a La Palma… En el regreso, el barco hizo escala en la perla del Caribe… La magia de Cuba me atrapó por su entorno y su música… Y para gozar de tanta maravilla necesitaba algo más que el día de estancia, que era el tiempo que el vapor permanecía en el puerto… Entusiasmado por el Son, Guarachas, Guajiras y Puntos Cubanos, permanecí en la isla casi un año…

Hoy, cuando se avecinan señaladas fiestas, navidad, fin de año, festividad de la Virgen de Las Nieves o San Martín, Aquilino, suelta amarra y fondea por los distintos bares de la zona, regalando sus Puntos Cubanos o Manzanillo y si se tercia hasta ”La Marcha Real… Quizás por ello, conocedor de la intensa historia de este irrepetible personaje, habría que nombrarle parrandero universal…

ALFREDO AYALA OJEDA

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