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miércoles, 1 de enero de 2014

* “AROMAS DE NAVIDAD” DE “SURCO Y ARADO”

Era un día frío, ventoso, de insistente lluvia, cuando mi mujer, Lydia Díaz y yo, nos encaminamos, calle abajo, hacia la emblemática Casa del Capitán Quesada, ejemplo de la arquitectura doméstica del siglo XVIII y declarada en 1.993, Bien de Interés Cultural con categoría de monumento... Loable y plausible, es la iniciativa del actual grupo de gobierno encabezado por su inquieto alcalde Teodoro Sosa que aspira -y en el camino está-  que la vieja e histórica Agáldar sea todo un referente cultural…


No es tarea fácil, pero a uno que es de pueblo, que vive con el pueblo y siente como el pueblo, se le levanta la brisa de la emoción, cuando una emblemática y señera fábrica abre sus puertas días tras día, para convertirse en caja de resonancia de nuestra cultura…



Mentiría si no dijera que acudía receloso al acto que ofrecía “La agrupación Cultural Surco y Arado”, de una sentida puesta en escena del momento en que vivimos:  “Aromas de Navidad”… Pero al traspasar el portón de entrada mis dudas se disiparon… Allí, perfectamente ataviada, estaba Lorena, ofreciendo la bienvenida con algunos apuntes de la amplia repostería de la zona mientras Ciriaco, aplicado, amasaba a puño… Sorprendidos, hicimos el recorrido trazado por las galerías, patio, traspatios, estancias, salones, alcobas, corredores y habitaciones de la Casa del Capitán Quesada, en Gáldar… Cada estancia una estampa, un retrato vivo de un tiempo ido… Los recuerdos de una infancia ya lejana, me invadían… Lydia Díaz, con su móvil, capturaba ambiente, imágenes y sonidos… Las clases sociales, las viejas camas de hierro, la escupidera y la Virgen del Carmen, en su hornacina, encima de la cómoda, presidiéndolo todo, alumbrada como símbolo de fe por distintos pabilos flotantes, mientras la familia le elevaba oraciones…


Música antigua, interpretada por Víctor Batista, para atender a los señores de la casa que, en silencio, apoltronados,  lujosamente vestidos, escuchaban con deleite… Salón de costura y antiguas planchas de hierro y al fondo, el sentido arrorró al Niño recién nacido, deliciosamente cantado por Paula… A la salida, el zapatero remendón se aplicaba laboriosamente, en el arreglo de un viejo zapato… y como última estampa, la lavandera, en la intimidad, con su jabón veteado “Suasto” o el “lagarto”, salpicaba la ropita de la casa…


Fue, un grato encuentro en que la Casa de Capitán Quesada, quedó convertida no solo en auténtico museo vivo; también en centro temático de la historia de la ciudad.

Iniciativa como esta de Surco y Arado, al que desde aquí felicitamos,  nos permiten disfrutar a la gente mayor de lo vivido y,  a la gente menuda para que nos conozcan tal como éramos.

Gracias a la alcaldía por el apoyo a estas iniciativas…

ALFREDO AYALA OJEDA

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