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domingo, 25 de agosto de 2013

* DE LA PATA DE CERDO AL JABÓN “SUASTO”

Hace unos días, aprovechando las necesarias vacaciones, paseé por Lomo Magullo. Iba, como siempre, acompañado de mi mujer Lydia Díaz. Hablábamos animadamente de las cosas que nos interesa y nos preocupan: las costumbres, tradiciones y del cercano ayer que me tocó vivir en esta zona con los luchadores de “La pila de Telde”, con boxeadores legendarios que hicieron grande aquella etapa de oro del pugilismo isleño, de célebres galleros del partido de Telde, del espigado superhombre “El Faro de Maspalomas”, de cabreros, historias brujeriles, esteleros y hasta de los poderosos perros de presa… 

Poco apoco, le dibujé, usando la palabra como pincel, el paisaje de la zona por la que tanto transité… Mientras conversábamos, los viejos recuerdos se sucedían… El agua que corría en libertad desde la cresta del barranco de Los Cernícalos… el ir y venir de los campesinos… las voces de las lavanderas al pie de las acequias… Le conté, con lujo de detalles, que había un bar de comida “Ca´ David”, donde acudía el mundillo de la farándula, cuando cerraban los numerosos cabarets capitalinos, salas de fiestas, bares de alternes, discotecas, personal de cierre de periódicos, etcétera. Eran tiempos en que se vivía plácidamente y se estilaba, uno de los valores ya en desuso: el respeto. Se empezaba a vivir al soco del turismo… Prosperaban los negocios, saboreábamos los primeros “perritos calientes”, movíamos el esqueleto con música en directo, en el Pinito del Oro, en Altavista… las tiendas de hindúes Metharan, Chanray, J. Park, hacían su agosto con las gafas Ray-ban, transistores… Eran, también, los inicios del sur hasta ese momento tierra de aparcería y extensas plantaciones de tomates… Corría el dinero… Los afamados artesanos de la piedra de Arucas, abandonaban las canterías para sentar bloques, “de ajuste” en las rápidas construcciones en San Agustín, Maspalomas, Puerto Rico… Los canarios, empezaban a descubrir el sur de la isla y Gran Canaria se anunciaba al mundo, con un slogan que caló entre los visitantes: “Maspalomas, donde el sol pasa el invierno”…

El dinero corría aliviando las raquíticas arcas familiares…

Pues en esa época, muchos, como en peregrinación, veníamos aquí a rematar la noche… A tomarnos la penúltima y saborear la exquisita pata de cerdo de David. Telde, siempre ha tenido fama de preparar la pata de cerdo, con crujiente corteza y papitas de horno. Fue, quizás, el boom de la pata de cerdo que, posteriormente, se puso de moda y aún continúa preparándose con recetas varias. La pata, es una joyita de nuestra gastronomía. En muchos bares y restaurantes, como el Jazmina, Las Lagunetas, el Herreño y otros, se prepara de distintas maneras…

Pero aquella primera que probé aquí en Ca´ David, me dejó profunda huella… Casa David hacía el negocio “de medianoche pa´l día” y numerosas fueron las sanciones que le jincaron por tener un horario tan amplio… Se decía que un día sí y otro también, lo “clavaban” los agentes de la autoridad, pero como los beneficios eran superiores a la sanción, las puertas continuaban abiertas para atender la numerosa clientela… Pero, claro, eran otros tiempos… Unos tiempos en que, como decía la Codorniz, reinaba un fresquito procedente de Galicia… 

Otro de los puntos de los “amantes de la noche” era La Calzada y sus platos de conejo al salmorejo. En Las Palmas, solo había un par de bares abiertos que ofrecían otras variedades. Bueno lo de abierto es un decir porque funcionaban en lugares alejados, con las puertas cerradas para evitar las sanciones gubernativas. Había que tocar para que te franquearan el paso…

Recuerdo salir de la Sala Pinito del Oro y acudir a un barcito que estaba próximo. Tres toques en la puerta y pa´ dentro. Iba, valgan verdades, algo “perjudicado” después de haber vivido una noche intensa escuchando la actuación de Antonio Machín y su tema “Dos Negritos”… Poca cosa, tenían que ofrecerme y pedí un par de huevos fritos… No había ni pan, ni papas y con una cucharilla, después de echarle una buena regada de bicarbonato a los huevos (lo había confundido con la sal), le dije al camarero oiga: tráigame otro salero que este está tupío… El camarero me dijo oiga señor eso es bicarbonato… y sacando pecho le dije: yo siempre me como los huevos con bicarbonato…

Seguía, sin parar, contándole historias… Llegamos a la acequia y le hablé del jabón “suasto” que usaban en esta misma acequia, las mujeres de la zona para lavar su ropa. Todavía, si te mojas los dedos y los frotas contra el salpicadero, brota la espuma y te puedes lavar las manos con el resto de jabón que ha quedado incrustado… Este jabón, veteado de azul añil fue creado por la familia escocesa Jimmy Swaston y Thomas Miller que montaron todo un imperio en las islas. El apellido Swaston, pasó a ser para los isleños “suasto”…

Y seguí contándole la historia del jabón de la barrilla. Pero eso lo voy a dejar para mejor ocasión.

ALFREDO AYALA OJEDA

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