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lunes, 5 de agosto de 2013

* SOBRE LOS FUEGOS DE SAN LORENZO

Ramoncito, al que tengo en gran estima, lo conocí a principio de los noventa, en el Parque de Santa Catalina con motivo de las fiestas de Fin de Año. La entrada del nuevo año se había anunciado a bombo y platillo y el ayuntamiento capitalino mantuvo conversaciones con Televisión Española en Canarias, para retransmitir el espectáculo donde el protagonismo principal era los fuegos diseñados por Ramoncito, dueño y señor de Pirotecnia San Miguel… Ramoncito Martel, era y es, buena gente. También un “fogatero” de prestigio en las islas.


Después, con Ramoncito, hombre de trato cercano y perdidamente enamorado de esa profesión heredada de sus padres, nos metimos en distintos eventos. Todas veces que lo ocupé solicitando su colaboración Ramoncito, como si de un luchador se tratara, estaba dispuesto a salir a la arena: Tenderetes y, espectáculos, Ramoncito era mi hombre…


Un día, en vísperas de los Fuegos de San Lorenzo, para la serie de Televisión Canaria “Andar Canarias”, visité su laboratorio situado en una de las laderas del Barranco de San Miguel, en Valsequillo. Reconozco que me impresionaron las cuevas naturales donde, a la sombra del fuego, prepara carcasas, voladores, gusanos, palmeras y un largo etcétera… Durante largo rato, de su mano, me paseé por las instalaciones donde combinaba, a modo de prueba, colores y efectos…

Recuerdo que después de entrevistarlo delante de una rueda de fuego y una serpiente de manivela, me trasladé hasta San Lorenzo donde todo un operativo estaba realizando el montaje de los fuegos más impresionantes que recuerdo. Enormes hileras de voladores se iban tendiendo en una de las laderas mientras en otra, gruesos tubos se iban cargando de bolas que contenían todo tipo de efectos, colores y sonido.


Le comenté… Qué cosas. La riqueza de unas fiestas se miden por la intensidad o duración de los fuegos artificiales… Es, le dije, como en las bodas. Si pones mucho vino y enyesque, se comenta entra la vecindad: “¡vaya destrozo!” y si pones poco: “”¡vaya miseria!”… Dar con el punto exacto, economía y vistosidad, es difícil porque depende de muchos factores… A veces contratan con esplendidez, pero al hacer la exhibición, el viento, la lluvia, puede empobrecer el espectáculo… Aquí, en San Lorenzo estos fuegos, no solo se disfrutan. También se espera con ansiedad. Viene numeroso público desde los más apartados puntos de dentro y fuera de la isla… Los fuegos, no podemos olvidar que son en honor a San Lorenzo, mártir y Santo que murió quemado. Tampoco podemos dejar de lado que entre finales de julio hasta el mes de agosto, se conoce, mundialmente, el fenómeno de las perseidas o lluvia de meteoritos que aquí, popularmente, se llaman “las lágrimas de San Lorenzo”.

Pero el pirotécnico, el fogatero, que está metido de lleno, ensimismado, poniendo todos sus sentidos en el trabajo para que todo salga bien. El fogatero, trabaja a la sombra del fuego, en soledad. Casi en el anonimato… El fogatero, aunque los tiempos han cambiado y las nuevas técnicas se han impuesto, continúa siendo pieza clave en el festejo…

Este año, el nueve agosto, en los fuegos en honor a San Lorenzo, el presupuesto se ha recortado en un 35% y, como siempre, un amplio dispositivo de protección está convocado para que todo se celebre con normalidad.

Son, sin duda, los fuegos de artificio más populares y vistosos de Gran Canaria y he querido, olvidándome de los extensos programas, de los pregoneros y actos religiosos, culturales y de divertimento, hacer este brindis a don Ramón Martel, “Ramoncito”, un fogatero, artesano que, enamorado de su profesión, se adecúa los tiempos que corren.

ALFREDO AYALA OJEDA

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