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domingo, 25 de noviembre de 2012

* ¡¡ CORRER LAS TABLAS !!

Mientras este Gobierno de Dios que quita los pecados del mundo y nos empobrece con sus actuaciones, medidas y recortes, con leyes y decretazos que protegen a banqueros y ricachones dejando al pairo a los mismos sufridores de siempre, en la zona cumbrera de la isla de Tenerife, La Guancha, San Juan de la Rambla, los Realejos, Icod de la Vinos, se preparan para un festejo multitudinario en el señalado día de San Andrés, el santo más festivo y alegre de este mes de noviembre. 


La tradición, recuperada o mantenida a lo largo de varios siglos (XVI). La víspera de San Andrés, es todo un acontecimiento que recomiendo a cuantos no la conocen. “Parrandas”, prueba de los nuevos caldos, castañas, papas arrugás, pescao salado y, sobre todo, “correr las tablas” por las pinas calles de San Antonio, Hércules, Plano, Los Franceses, El Sol, Los Saltos, así como en distintos barrios de la zona… 

Esta antigua tradición se fundamenta en la estrecha relación de los antiguos con la madera que, en sus aserraderos cumbreros, talaban y preparaban los gruesos troncos y los deslizaban por las viejas veredas y caminos para llevarlos hasta el casco urbano o al mar, donde los labraban y los acomodaban a las exigencias de sus necesidades. En ese recorrido, los porteadores, usaban una especie de remos de (“faya”) haya o brezo, que a modo de timón les facilitaba todo tipo de maniobra, para salvar los obstáculos que ofrecía la bajada, en el frenético recorrido… De esa manera, con el paso del tiempo, la costumbre se ha convertido en tradición… Una tradición que, en lógica evolución, está profundamente ligada a la gente joven, que desde mucho antes de las fiestas embadurna con esperma sus tablas, con el fin de alcanzar la máxima velocidad en su recorrido. Al final del trayecto una montaña de inservibles ruedas de coche, frena y amortigua la caída de los participantes… 

Icod de los Vinos, tiene arraigo de sangre y nieve. Lo muestra su escudo: sangre de Drago y nieve del padre Teide que desde su majestad parece presidirlo todo. 

Y en este tiempo festivo, las bodegas se abren de par en par, para agasajar a los vecinos y visitantes. Se prueban los nuevos vinos y se espera, con inusitada ansiedad el comentario de cuantos saborean la amplia variedad que ofrece la zona. 

Desde la vendimia, celosamente guardados en centenarios y artesanos barriles, han estado reposando, cogiendo cuerpo, rugiendo. Ahora, por San Andrés, llega el momento del examen. 

Uno de los actos señeros de estas fiestas de San Andrés, es el significativo y simbólico descorche de la primera botella de la cosecha del año. Dicta el tradicional momento que este acto corra a cargo de un distinguido cosechero, enólogo o viticultor. El lugar no podía ser otro que la histórica plaza de “La Pila”, lugar en el que allá por los años 77, tuve la ocasión de grabar al desaparecido grupazo de la zona “Los Chincanayros. 

En suma son días de fiesta, de ruido, de jolgorio. Unas fiestas que nadie debe perderse.

ALFREDO AYALA OJEDA

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