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lunes, 12 de noviembre de 2012

* UNA CALLE A “LA BODEGA DE JULIÁN

“La cueva”, de Julio “El Tiznao”, en Tegueste, uno de los municipios más folclóricos de Canarias, era, cuando lo conocí de la mano del amigo Luciano González, fundador y componente del tristemente desaparecido grupo “Añoranza”, un lugar incómodo y apartado, donde el dueño se contentaba con reunir a los amigos para ofrecerles vinito de la tierra, costillas con papas, guitarreo y conversa…

Yo, --corría el primer año de este milenio-- había recibido el encargo del entonces Director General de televisión Canaria, Paco Moreno, de completar una parrilla de programación con programas donde se reflejara “lo Canario”… Y me puse en marcha atendiendo su petición…

Existía cierta preocupación en el Ente, porque la Tele Canaria estaba implantada en la provincia de Las Palmas pero en la de Tenerife no… “La Guagua”, era, por ese entonces, el programa estrella…

Me puse las pilas y pensé en un programa folclórico, con base inicial en Tenerife. Muchas fueron las reuniones, los contactos, las visitas que realicé para poner en marcha el proyecto… Un amigo, Luciano González, me llevó hasta la “Cueva de Julio el Tiznao”. Me encantó el lugar, pero no tenía las dimensiones necesarias para montar lo que tenía diseñado, porque el programa estaba diferenciado en distintos ambientes: un ventorrillo, por donde iban recalando gente de la tierra a contar sus penas y alegrías folclóricas , y un plató con capacidad para cuerpos de baile y grandes o pequeños grupos.

Recuerdo que la sintonía del programa se la encargué al “Colorao” que la grabó en un Ventorrillo majorero, en plena fiesta, con la voz del “Viejo Navarro”. Televisión Canaria en esos momentos estaba en expansión y no tenía los suficientes posibles para hacerle frente (nunca hay dinero suficiente para nuestra cultura). Pero una cosa sí tenían clara en el Ente: urgía empezar a emitir a la voz de “¡ya!”, con prontitud, pero con la consigna del tres “B”: “bueno, bonito y barato”. 

Andando sobre mis primeros pasos retomé aquella visita a la Cueva de Julio el Tiznao y aquel primitivo nombre que iba a llevar el programa, “El Ventorrillo”, pasó a llamarse lo que todos conocieron como La Bodega de Julián y que estuvo en antena una “purriá” de años, hasta que decidieron echarle el cierre. “La Bodega de Julián”, -voy a ponerme la medalla-, cumplió con su objetivo de aumentar la audiencia no solo en la Provincia Occidental. También, se dispararon las audiencias dentro y fuera de nuestras fronteras. 

Durante su permanencia en antena, nadie escuchó las continuas peticiones que realicé para adecuar el formato a las necesidades de los grandes grupos y sus cuerpos de baile… Y poco a poco, negándole el pan y la sal, el programa fue perdiendo sus constantes vitales.

En el año 2007, el Ayuntamiento de Tegueste, distinguió esta apartada zona de La Padilla Alta, en la que estaba situado el plató de La Bodega de Julián, con la rotulación de una calle: La Bodega de Julián…


Para tal inauguración, había dispuesto todo un operativo que se culminaba en el interior de la cueva, con una Bodega especial para festejar el momento. Hoy, con considerable retraso, encuentro la rotulación de la calle dedicada al programa para que sirva de recuerdo, que en ese empinado camino, se escribió una parte de nuestra historia folclórica. También será el reconocimiento a una piña de amigos del folclore que un día sí y otro también, llegaban al lugar para defender, divulgar y mostrar, una de las señas más valiosas de nuestra identidad.

Así, La Bodega de Julián, puede decir con orgullo que, por aclamación popular, tiene roturada una calle, en esa impagable labor en defensa divulgación de uno de nuestros tesoros más valiosos.

ALFREDO AYALA OJEDA

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