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sábado, 23 de febrero de 2013

* UN ENCUENTRO AFORTUNADO CON MARÍA


María, tenía una mirada noble, serena... Su rostro, surcado por el paso del tiempo…  La cabeza, tocada por un negro pañuelo anudado a su barbilla... Artesana y gruesa pañoleta de suave lana, la protegía de los rigores que reina en las medianías cuando llega el invierno… Cuando la vi por primera vez, se me antojó adorable…

Una de las enfermeras me la presentó. Acudí a la residencia para hacer unas tomas fotográficas, para la serie televisiva “Andar Canarias”… Le toqué y acaricie sus suaves y huesudas manos…  Guardaba  riguroso luto desde hacía años… El luto, se respeta… María, tímida, necesitaba muchísimas caricias y mimos…  Agrandando sus ojos me dijo, con orgullo: “Yo sé leer y escribir”.  Mientras vivieron mis padres tuve un maestro retirado que impartía sus conocimientos, por gusto a los contados niños que había en Artenara…  Orgullosa, me pidió un bolígrafo que tenía en el bolsillo de mi chaqueta… ¿Tiene papel…? Y le ofrecí mi bloc de notas… Me preguntó mi nombre y lo escribió con una letra espléndida… Su pulso era firme… Cierto es que me cautivó…

Contrastaba con su hermana Estebana, que a su lado seguía atenta nuestra charla…  “Es mi hermana” , me dijo… Entre las dos sumaban casi dos siglos de existencia…

María, ¿estás casada…?
No; Soy soltera… Una vez, conocí a un muchacho… Me gustaba. Se fue al ejército y al tiempo me escribió… Recuerdo que una y otra vez, leía y releía las pocas líneas que me remitió… Incluso mi hermana, cierto día cogió la carta y corrió por la vecindad gritando: “mi hermana recibió un carta del pretendiente y no contenta con ello, se subió a unas piedras y a grito pelao, la leyó”. Mi padre, encoraginado, le afeó la conducta”. Yo le respondí con una extensa carta, pero nunca tuve respuesta… Seguramente, no le interesé porque jamás tuve noticias de él…

En aquellos tiempos de penurias había que trabajar mucho… Yo, lo hacía en las zafras. En la Aldea de San Nicolás y otras veces amarrando tomateros en el sur.  Mis breves descansos eran para leer y repasar la ropa de la familia…  Teníamos un burrito, algunas gallinas ponedoras y unas palomas. También una pareja de canarios que cuando rompía el día, sus trinos alegraban mi casa…
María, tenía una dolencia en las piernas que le impedía andar. Se me antojaba una mujer resignada y religiosa… Jamás, en nuestras muchísimas horas de conversación, tuvo ni una palabra gruesa, ni un mal gesto… Una vez le pregunté por si conocía algún romance y se arrancó, de memoria…

“LA ENSALADA CANARIA”

No hay quien haga una ensalada
Sin tomate y sin limón,
Sin sal y otra prevención
no puede quedar templada.
Ya Canaria está arruinada
y está próxima la ruina
y si a paso lento camina,
un mal que viene de lejos.
Dice un adagio viejo:
“carga mucha en flaca bestia”
Dicen los guirres: “ya es nuestra,
Porque pronto ha de morir”
...

Un día, un triste día, fui a visitarla… le llevaba unas margaritas y un libro… Pero ese día no estaba. Se fue sin hacer ruido.
Me fui apenado. De regreso, en el coche, puse una grabación de las tantas que le hice… Escuchaba su tierna y dulce voz…¡Que Dios la tenga en la Gloria!  

ALFREDO AYALA OJEDA

1 comentario:

  1. CANDIDA MEDINA ALVAREZ26 de febrero de 2013, 0:19

    QUE BONITO MAESTRO ALFREDO ,CUANTOS VIEJITOS HAY QUE NOS PODRÍAN ESCRIBIR LIBROS Y LIBROS DE HISTORIAS NO TAN LEJANAS ,CUENTOS ,LEYENDAS ,ROMANCES ,ANEDDOTAS,
    Y MIL COSAS MAS.SE VAN TAMBIEN LENTAMENTE ASIA EL OLVIDO INFINITO.


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