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martes, 26 de febrero de 2013

* “CANTO A LA MORTERA”


Hace algunos años, más de los que yo quisiera y menos de los que gustaría, nos desplazamos a la isla de La Gomera.  Distintos trabajos televisivos para la serie “el Pueblo Canta”, de Televisión  Española, estaban en nuestro objetivo. Corría el año 1.979. De un lado, en el término municipal de Agulo, queríamos recoger el rescoldo de los últimos latidos de los afamados “Piques de Agulo”; de otro, el grupo folclórico de Hermigua, con Lilí Ascanio a la cabeza, los romances de Ángel Cruz “Angelito” y la escalonada agricultura gomera….
   
La Gomera de esa época, empezaba a desperezarse, a despertar de su largo letargo…. Silbos que cruzaban el aire con su mensaje, desde la hondura de los barrancos hasta la cresta de la montaña… Llegar a Arure, era tortuoso y descender a la orilla de Valle Gran Rey por aquellos empedrados caminos, era agotador. .. Recuerdo que donde hoy mismo se levanta el Mirador de César Manrique, situamos nuestro trípode y  cámara de cine Paillard… José Peciña, operador exquisito, exclamó al presenciar tan extraordinario paisaje: “Y pensar que me pagan por grabar tanta belleza junta”…

A la vuelta, nos esperaban Nanino y un  invitado de lujo: Fernando Padilla Trujillo… Conchita, nos había preparado en su casa de comidas, un potaje de berros que, solo con olerlo alimentaba… Fernando Padilla, dicharachero y amistoso, nos ilustraba el almuerzo con una tremenda retahíla de curiosidades…

Tras varios días de grabaciones, por tierra, mar y aire, llegó el momento de la despedida de amigos y colaboradores.  A pie de muelle, en San Sebastián,  agradecimos la desinteresada colaboración de Fernando Padilla Trujillo “El poeta”. Fue la última vez que entablamos la conversa. Un día, nos llegó la triste noticia de su fallecimiento… Con el tiempo, volví a recalar por la isla colombina… Allí, colgado en la pared, enmarcado, uno de sus trabajos poéticos: “Canto a la Mortera” y hoy, he querido reproducir esas seis décimas que  resumen los sabores de la isla…



Recipiente patriarcal,
urna de puras esencias,
que, con humilde inocencia,
condimenta el yantar;
nunca te podré olvidar,
vaso arcaico de mi tierra,
porque en tu fondo encierras
todo un sabor de familia,
que a su labranza sencilla
cotidianamente aferras.

Tu piedra majamortera,
es un callao vulgar
que se trae de la mar
para la tiempla casera
y ligando majadera
toda la esencia hortelana
de orégano, mejorana,
clavo, cilantro, cominos,
perejil y el ajo fino
cogidos en la besana,

Cebolla, laurel, tomillo,
va completando el “majado”,
con sal y aceite ligados,
logra el sofrito el tufillo,
que, el caldero con su brillo,
se engalana de contento,
cuando todo el condimento,
hecho artilugio o hechizo,
puesto a reposar, se hizo,
el exquisito alimento.

Cuenco de arte campesino
que al pasar cualquier viajero
por donde hierve el puchero,
le aromatiza el camino;
y al cansado peregrino,
el paladar se le encharca,
y en su semblante se marca
el recuerdo, la añoranza,
y bucólica alabanza,
dá al “plato” del patriarca.

Me lleva tu evocación,
al hogar de mis mayores,
de apetitosas olores
del potaje en su cocción;
era la revelación
de aquel arte culinario,
que entre “majado” y “rosario”
solía mi madre hacer,
y mi padre agradecer,
como algo extraordinario.

Por eso, al invocar
el singular recipiente,
que está siempre omnipresente,
rudo y tosco en el hogar,
pongo mi lira a templar,
para cantarte “¡MORTERA!”,
pues la comida casera
que matiza tu “majado”,
dá a los guisos sazonados,
el sabor de mi Gomera.

                                                    FERNANDO PADILLA TRUJILLO


Hoy, he querido recordarte y enviarte un abrazo allá donde estés amigo mío.

ALFREDO AYALA OJEDA

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