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jueves, 16 de agosto de 2012

* A JORGE MANUEL DE LEÓN


Hace muchos años que teníamos una estrecha amistad. Solíamos encontrarnos cuando me desplazaba a la más vieja de las islas: Fuerteventura. Allí, hablamos de nuestro trabajo y de las múltiples dificultades que hay que sortear para sacar adelante cualquier programa televisivo… 


Nuestro último encuentro fue con motivo de la festividad de Nuestra Señora La Virgen de la Peña, hace tres años… 

Hace dos años, en uno de esos arranques de improvisación, decidimos, mi mujer Lydia Díaz y yo, partir el año en Fuerteventura. No llevábamos nada más que el cepillo de dientes. 

Tras partir el año, un remojón en el Cotillo y un caldito de pescao para “sentar las madres”. A media tarde, emprendimos viaje a Betancuria. Se escenificaba el auto de los Reyes Magos, que se recuperaba después de un letargo de años. Nuestra intención era hacer el “doblete”, presenciar la representación y darle un abrazo al amigo Jorge. Sin embargo, había tal cantidad de público y tanta carencia de aparcamiento, que decidimos pasar de largo… Días después, Lydia, le telefoneó. Tremenda calentura trincó el amigo Jorge… 


Al poco, mi programa, La Bodega de Julián, tenía los días contados. Un quítame allá esas pajas, iba a acabar con una andadura de un programa emblemático de la mal llamada tele canaria. Jorge Manuel, recuerdo me llamó: “Alfredo, voy a preparar una campaña, con programa especial incluido, para salir, como en la vieja Lucha Canaria, a tenderte la mano para que la Bodega, no la quiten de antena.” 

Y dicho y hecho. Muchos fueron los que pensaron en hacer un “macroparrandón” y situarnos, con una escandalera musical, en los dos centros televisivos de Las Palmas de Gran Canaria y en Santa Cruz de Tenerife. 

No respondió la idea y, como siempre, mucho “jabla jabla” y poco “jace jace”. Algunas emisoras de radio se sumaron a la iniciativa, entre ellas “La Zaranda”, de Jorge Manuel de León, que en sus estudios convocó durante muchísimas horas folcloristas de la isla para que expresaran su sentimiento. 

Posteriormente, recibí una llamada de Jorge para invitarnos a la entrega de la “Zaranda” de oro a María Mérida. Era un acto de reconocimiento a tan gran intérprete y quería que estuviéramos presentes. Pero la realidad y el deseo suelen estar reñidos, pues me llamó apenado porque no había dinero para costearnos billete y estancia. 

Después, a través de Facebook y enterados de su delicada salud, teníamos contacto permanente. El amigo Jorge, combatió su enfermedad con valentía y esperanza. Decía, en nuestros contactos, con muchísimo optimismo, que pronto nos veríamos. 

El lunes, tímidamente, leímos la noticia aparecida en Facebook. No dábamos crédito y busqué en los contactos majoreros alguna noticia. No hubo manera. Hoy, confirmamos la triste noticia del fallecimiento de un amigo de ley, que dedicó su vida al folclore en toda su amplitud. 

Allá donde estés amigo Jorge Manuel, nuestro eterno abrazo en la seguridad que “La Zaranda”, seguirá viva en otra dimensión.

ALFREDO AYALA OJEDA

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