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lunes, 13 de agosto de 2012

* MIS RECUERDOS OLÍMPICOS


Razas, banderas, culturas, fiestas, música y deporte en toda su amplitud. El espíritu Olímpico, así con mayúsculas, lo impregna todo. Una infinidad de estampas que queda grabado para siempre en la memoria de quien tiene la oportunidad, o la distinción, de ser olímpico… Para los atletas, la Olimpiada, es el momento del examen final… Es el preciso instante en que, a través del esfuerzo, se muestran y transmiten valores, respeto, responsabilidad, compromiso… Cada atleta, hurgando en sus historiales, escribe páginas de su vida que, al margen de record y triunfos, de situaciones y adversidades, de lucha sin cuartel contra el crono. Historias que van engrosando el grueso cuaderno en el que se anotan los éxitos y se transmiten de generación a generación. 


También, entre los que me cuento, es un prestigio para cualquier profesional ser elegido para cubrir el mayor espectáculo del mundo: Las Olimpiadas. Había tenido la ocasión de participar en el campeonato Mundial de Fútbol, pero nada tenía que ver un acontecimiento con otro. La Olimpiada, es el no va más. Respirar junto a los atletas del momento… Ver los rostros de personajes míticos, de leyendas vivas: Emilk Zatopek, Abebe Bikila, Mohamed Alí, Marc Spik, Carl Lewis… 


A la llegada al aeropuerto, fotos para documentarme y facilitarme el acceso a todos los acontecimientos. Tenía un pase sin límites que me permitía el acceso a todos los rincones olímpicos. Estaba henchido de satisfacción. Después, prueba de vestimenta y vestidito de color “calabaza”, cronómetro, material de trabajo, visita a las instalaciones, contacto con los compañeros y hospedaje en una vivienda espectacular, donde no faltaba de nada… Atendido permanente por los “voluntarios”, dicho sea de paso, sin ellos hubiera sido imposible hacer una Olimpiada que marcaría el antes y después… Una Olimpiada que rompió con lo establecido hasta el momento…




Asistí a la inauguración… Tremenda era la expectación… Cómo sonaban aquellas voces… Qué brillante espectáculo… Y cuando el arquero, Antonio Rebollo lanzó su flecha, al pebetero y flameó la llama olímpica, dio comienzo Barcelona-92. No fue una flecha cualquiera. Tampoco, un blanco cualquiera. Era un flechazo que hizo diana en el corazón, no solo de cuantos estábamos presentes. También en los casi 2.000 millones de espectadores del mundo que seguía la transmisión de TVE…


Afirmo que soy un apasionado de todos los deportes. Curioso, no quería perderme detalle de los entrenos y competiciones. Cuando me lo permitía mi función, de Productor Manager de la sede de Gerona, buscaba en las actividades deportivas, en las noticias, encuentros con los numerosos deportistas. Mi primer objetivo fue el atletismo. Seguí, atentamente, a la reina de la velocidad Gail Devers, de larguísimas y retorcidas uñas, de mirada felina… Me apasionó su historia tenaz de esa lucha mantenida en el tiempo… La adversidad se había cebado con ella… Después de una carrera brillante, una extraña enfermedad llamada “mal de Graves” la tuvo al borde de la amputación de ambas piernas. Recuperada en el 91, volvió a las pistas batiendo record en los Campeonatos del Mundo. Posteriormente su vida se vio reflejada en una película titulada “Run for the dream”…



La histórica proeza de Fermín Cacho en 1.500, venciendo y convenciendo… Carl Lewis, “el hijo del viento”, de envidiable estampa, dominando el triple salto… Respirando cloro, López Zubero, en 200 espalda, conquistó el oro…


Amante del boxeo, observé entre el público al rey de los grandes pesos, Evander Holyfield, campeón del mundo en tres ocasiones que igualó el record de Muhammad Ali y que tumbó en el sexto asalto a Mike Tyson, en memorable enfrentamiento. Estar a su lado, me sentía “birria” y enclenque. Holyfield, me parecía un superhombre. Y presencié el debut Olímpico de un, en aquéllos momentos, desconocido en Europa: Óscar de la Hoya. Todo un campeón de los pesos welter, que se alzó con la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Fue a partir de ese momento, cuando Óscar de la Hoya, empezó a cotizarse…


Enamorado de la historia de las grandes pruebas, seguí por distintos puntos del recorrido a los participantes del Maratón. Seguí las evoluciones de la más dura de las pruebas. Vi sufrir a los atletas. Algunos, se mantenían en pie a duras penas. Llegar, era su objetivo. El abandono, no entraba en sus planes. Tardarían más o menos en llegar, pero cruzar la línea de llegada del repleto Estadio Olímpico era su meta. La más dura de las pruebas que exhausto ganó Young-Cho… Cuantos acudimos a la llegada al Estadio de estos atletas, rotos por el esfuerzo, no se sostenían en pie… Las piernas, parecían de plastilina, las energías estaban agotadas… Era el momento dramático, en que la voluntad, el sacrifico de los atletas se ponían a prueba rememorando aquella gesta histórica…


Ahora, en casa, con la tele prendida, no pierdo detalles de los momentos vividos y no puedo evitar que se me humedezcan los ojos y que reviva aquellos días olímpicos… 


ALFREDO AYALA OJEDA
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