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miércoles, 22 de agosto de 2012

* UN HOTELITO PARA ENAMORAR



Viajar, imaginativamente hablando, cuesta poco. Basta con embarcarme en recuerdos y navegar por los numerosos apuntes, libracos y vivencias almacenados en mi memoria. Son, lo he comentado en numerosas ocasiones, conocimientos adquiridos con dinero público en una larga (algo más de 40 años), en medios informativos: prensa, radio y televisión. Y ese dinero público que me ha facilitado la oportunidad de adquirir conocimientos en distintas partes del mundo, siempre ha estado a disposición de cuantos estudiantes y estudiosos, me lo han solicitado. 

Hoy, por ejemplo, de manera imaginaria, vuelvo a la isla de El Hierro. Y vuelvo, al poco de establecerse la comunicación aérea. Formábamos un reducido equipo de Televisión Española de Canarias que tenía el empeño de grabar uno de los programas etnográficos de la serie “El Pueblo Canta”, dirigido por Nanino Díaz Cutillas. Coincidía nuestro viaje con la reciente creación de un grupo de entusiastas defensores y conservadores del folclore herreño, TEJEGUATE, se ponían el traje de faena para mantener vivo el riquísimo patrimonio cultural… “Arando”, “Moliendo”, “Cogiendo Higos”, “Segando”, “Cortando hojas”, “Llamados de morena”, “Espantando Cuervos”… El programa fue un auténtico espacio etnográfico en el que se recogía la verdad de las voces de hombres y mujeres. Estampas que reflejaban el vivir campesino. 

Era el municipio de La Frontera, por esa época, un territorio diseminado… Viejos dornajos y otros útiles para los animales, estaban arrumbados al soco de aquellas viviendas de piedra seca, algunas techadas con colmo… Paramos, era vista obligada, en la bodega de don Matías y probamos añejos y deliciosos vinos. En esa visita, nos acompañó el amigo Padrón Machín quien después de estar “jincándose” unos cuantos vasos de vino le dijo don Matías: “Machín, estas rebosando”… 

Tejeguate, nos había preparado un asadero. El lugar señalado era el viejo embarcadero de Punta Grande… Ruinoso, roído por el tiempo y la sal, se podía adivinar el edificio de Aduanas mientras erguido, herido de muerte por el “feruje”, aguantaba a duras penas las embestidas del mar, se mantenía el viejo pescante… 

Años después, en otra de las recaladas por El Hierro, el breve muellito, servía de base para dar cabida al Hotel de Punta Grande, considerado como el hotel más pequeño del mundo, según el libro de los records. La mano del genial César Manrique, se dejaba sentir en los adornos interiores con curiosos y llamativos detalles marineros… 

Cutillas y yo, solíamos pedirle a la italiana Noemí Thinosi, (entrañable personaje que llegó a la isla a reponerse de una lesión mientras esquiaba y se quedó para siempre) unas viejitas guisadas mientras hablábamos de la enorme raíz de haya que pendía del techo. Era, a nuestro antojo, los adornos del pequeño hotelito, como un resumen apresurado de mar y tierra. Estábamos coronados por la raíz y a la vez rodeado por el bravo mar de Las Puntas… Al fondo, como emergiendo del atlántico mar, los Roques de Salmor, guardianes de una de las especies protegidas de lagartos prehistóricos (Gallotia Simonyi) que la voz popular los califica como “Lagartos de Salmor”… En la noche, después de estirarla todo cuanto podían nuestras fuerzas, en aquellas habitaciones del hotelito, con el arrullo del mar, dormíamos a pierna suelta… 

Ya ven ustedes, sin salir de casa, acabo de darme una vuelta por una isla mágica: El Hierro. 

ALFREDO AYALA OJEDA

1 comentario:

  1. Y, después de una larga espera, pasé dos días en ese hotel. Estábamos de "luna de miel" y me pareció un lugar romántico... Mi padre y padrino, que conocía muy bien El Hierro, fue quien nos invitó.
    Desde entonces, hemos repetido en dos ocasiones.

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