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martes, 1 de septiembre de 2009

* "BARRABÁS", UN PERRO DE LEYENDA....

En mis andanzas por las islas, he conocido gente, lugares, animales, bailaores, tocadores, solistas de talla irrepetible. Hoy, con la finalidad de atender a mi amiga Lydia Díaz, le envío esta historia que tenía dormida entre mis papelotes prometiéndole, además, que le enviaré algunas más para su difusión:

“Barrabás” es un perro con genio y figura. Quizás con el paso del tiempo ha ido cediendo en su actitud arrogante y dominadora. Contaba, cuando lo conocí, con una decena de años y en su estampa se adivinaba todavía a todo un atleta. Su carácter serio y su mirada de fuego imponen un profundo respeto y aterroriza a los que desconocemos el mundo en que se mueve estos espléndidos animales… Sin embargo, para su dueño afincado allá en lo alto del populoso barrio grancanario de San José, es un fiel amigo: dócil, cariñoso y capaz de jugarse la vida por él. En el abardinado manto que lo cubre se podía apreciar aún las huellas, de un gran número de pechadas de las que salió victorioso. Las defensas (los colmillos) de otros perros se ensañaron con su cuerpo y las heridas de aquellos combates, distantes en el tiempo, pero presentes en su memoria, me daba una idea de sus luchas en los distintos lugares ocultos de esa Gran Canaria profunda y misteriosa, donde acudió para demostrar que era el más fuerte, el mejor, el invencible. “Barrabás”, cuando lo conocí, ya no peleaba. Pero cuando salía de su celda, su cuerpo parecía estremecerse. Su fino olfato y la memoria lo traicionaba haciéndole pensar que iba a tener un nuevo enfrentamiento… entonces se le agria el semblante… Tensa sus músculos y lentamente revive viejos recuerdos de su atormentado pasado.  Los enfrentamientos para él eran olvido; sus peleas estaban distantes en el tiempo… Ahora, plácidamente, en su retiro tenía la función de asegurar su descendencia cubriendo a cuantas hembras acudían atraídos por su fama…

ALFREDO AYALA OJEDA

6 comentarios:

  1. Que bonita la historia tambíen felicitar a Lydia por el blog que es muy bonito.

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  2. Muy bueno el relato, si señor.

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  3. Muchísimas gracias, anónim@. Un saludo.

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  4. un relato precioso , esperando nos cuente usted otro de mas peleas sangrientas de animales para la diversión de personas sensibles y grandes amantes de estos.

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  5. Amigo anónimo... Hace un tiempo, en la isla de Fuerteventura, acudí a una apañada. Relaté, en mi comentario y retraté con las cámaras la manera en que los ganaderos capaban a los machos para destinarlos al engorde. Hice, de notario de una tradición que se remonta a la época aborigen. Le quiero decir, que todavía sigue en vigor el sistema... Dar esas imágenes fue como si yo fuese el culpable y autor de cada una de las castraciones, cuando en realidad era el mensajero, el notario del momento en que se vivía...
    Con Barrabás, solo conté una historia de un gladiador. Un perro que se tenía para pelear y al que yo conocí cuando lo habían retirado. Quise hacer un canto a un luchador invicto, en el cruel mundo de las peleas que estaban en vigor en la época y que se programaban en fiestas y en lugares públicos.
    Entiende usted también, sr. anónimo que a mi me gusta las peleas de perros, las castraciones y si me apaura hasta los toros... La verdad es que se columpia usted, y para ello se esconde en un anónimo... Solo he sido el contador de una historia que estuvo permitida en Canarias hasta hace poco y que fueron prohibidas no hace mucho tiempo: peleas de perros.
    No trato con mis relatos, ser el bufón de cuantos siguen este blog, sólo llevarles, con la mayor autenticidad cada una de las vivencias que me han tocado vivir...
    Un saludo y gracias por leerme.

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  6. Me encantan sus relatos, pues el presa canario ha sido desde muy pequeña, parte de mi vida, pues mi padre era un gran amante de la raza. Llegó a tener un hijo de Barrabas, y creo que ha sido, hasta hoy, el presa más bonito que he visto. Ancho de pecho, patas robustas y todo él, puro músculo.
    Al contrario (que por lo que veo), la mayoría de los presas, este era extremadamente cariñoso, nos adoraba, llegando a acostarse en el suelo con nosotros, que eramos 4 niños pequeños y revoltosos, para lamernos de pies a cabeza, uno por uno, aguantando estóicamente pellizcones, tirones de orejas y de rabo.
    En alguna ocasión, defendió la finca en la que pásabamos la mayor parte del año, de más de un personaje indeseable, que intentaba entrar en ella por las malas.
    Bien lloré el día que mi padre decidió vender la finca, y regalar a Buk, que así se llamaba el increible animal.
    Para pena la nuestra, el animal terminó enjaulado, totalmente salvaje, dedicado a la cría. Sólo perdia su horrible caracter, cuando en alguna ocasión fuimos a verlo. Decidí no ir más, cuando la última vez, vi como el animal se acercaba a los barrotes, para lamernos las manos y la cara, con una inmensa tristeza en su rostro.

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