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lunes, 2 de junio de 2014

* SIN HAMBRE, NO HAY PRIMERA

Hace algunos años leí una historia, que me ha acompañado durante toda mi vida. Era un relato mezcla de éxito y fracaso, de esfuerzo y sueños. Era, la vida de un chiquillo, que rebuscaba en los contenedores algún bocado que le permitiera subsistir. Huesudo, alto, de largos brazos y casi esqueléticas piernas… En uno de esos trajines diarios, en una de esas idas y venidas, alguien reparó en él… “Araña, le dijo. Tienes todas las condiciones físicas para ser un campeón. Y, sobre todo, un arma que no se vende: ¡¡Hambre!!

El muchacho, de piel oscura, de rítmicos movimientos que soñaba con tener un descapotable rojo, una mujer rubia de larga melena y un fajo de billetes en la cartera, preguntó: ¿Qué tengo que hacer?... 

Juntos, emprendieron el camino hacia el gimnasio. Se calzó unos guantes y empezó a realizar su puesta a punto. Bien alimentado, bien dormido, sus ojos brillaban deseando que llegara el momento soñado… entrenado, afinadito como un timple, hizo su debut en el durísimo deporte del boxeo. Venció por la vía rápida y poco a poco se fue encumbrando, hasta alcanzar el título de campeón del mundo. Pensaba el flamante campeón que ya todo estaba hecho y se compró su coche Mustang, descapotable, rojo y sentó en el sillón del copiloto a la rubia de larga y dorada cabellera… Se durmió en los laureles y ebrio de éxito abandonó el gimnasio, los entrenos y se olvidó del hambre…

Pero el dinero, si gastas y no ingresas, se acaba. Arruinado, despojado del sueño, volvió a quedar al pairo… La historia de triunfos y ruina se repitió en cuatro ocasiones, hasta que las facultades físicas lo abandonaron. Un día, enfermo, tirado en una húmeda calle, cuando pedía limosnas, un hombre le dio unas monedas. “Araña”, estás hecho una ruina, le dijo… “Sí, contestó. Estoy enfermo. Cuídeme. Atiéndame y cuando recupere el título del mundo, le doy todos mis beneficios”. Aquel ojeador de sus comienzos que lo descubrió, conmovido, lo recogió nuevamente y lo cuidó hasta su muerte. Volver al ring, era imposible. No había ilusión, faltaba hambre para combatir… Fue un final triste para un boxeador de leyenda…

A la Unión Deportiva Las Palmas, mi equipo, me duele decirlo, le ocurre lo mismo. Le falta hambre, actitud, entrega y fe. Está enferma. Tan grave es el estado de salud, que los jugadores hasta disimulan las ganas que tienen de ascender. En fin, algunos jugadores tienen poca escuela y mucho recreo, como difunden las redes sociales. Se ha pedido en numerosas ocasiones la dimisión de los directivos responsables que en acto de falsa valentía, inesperadamente, despidió a Lobera para sustituirlo por dos entrenadores ramplones que ha convertido a los amarillos en un auténtico psiquiátrico.

Un equipo sin hambre, sin ilusión, que quiere ganar los partidos sin despeinarse, es imposible.

ALFREDO AYALA OJEDA

2 comentarios:

  1. Tiene usted toda la razon, ellos no tienen hambre ni sed, no sienten los colores y se rien de la aficion.

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    1. Los días de "vino y rosas", quedan atrás. La euforia colectiva antes y después del derbi, se ha evaporado. El próximo y último partido ante la Ponferradina, tiene toda la pinta de celebrarse en familia. Nos sentíamos en la liga de las estrellas y nos hemos estrellado. Ahora, con las ilusiones rotas, con una temporada para olvidar y con una directiva que no ha sabido estar, como viene siendo habitual, a la altura de los aficionados, llego a la conclusión que querer es poder. Nadie, por lo visto quiere: Ni jugadores, ni directivos. Ambos, han convertido a La Unión Deportiva, mi equipo, en un saco de despropósitos... Unos y otros, nos han robado la ilusión. Ahora, estamos sujetos a la calculadora, mientras la directiva se carcajea de todos...

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