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domingo, 4 de diciembre de 2016

* A PROPÓSITO DE LAS PARRANDAS

Pocas parrandas, según mi memoria, existían en Canarias. Algunas punteras se escuchaban con devoción. Allá por 1.983, al término de la grabación y emisión del mítico Tenderete, solíamos acudir a una sala ya desaparecida Cuasquías” (Cuevas Cáidas) que estaba situado, inicialmente, en la mismita calle de Venegas en Las Palmas de Gran Canaria... Allí se reunían los amigos y solían coincidir parranderos y parrandas que entre palmas y toque, coplas y copas, estirábamos la noche hasta el amanecer. Así, sin más, de manera espontánea, surgió la Parranda Cuasquías y su debut en Tenderete fue todo un éxito... A Cuasquías, se le unió el recordado compositor isleño Sindo Saavedra con numerosos temas pero sobre todo con el Himno al carnaval...

Las parrandas, hasta mediados del siglo pasado, tenían consideración porque ellas recibían los encargos de amenizar los bailes de taifas, reuniones, bodas y bautizos, en barrios, pueblos y pagos...

Pero si bien es verdad que la parranda siempre era bienvenida no ocurría lo mismo con el parrandero. El parrandero, estaba mal visto. Se le temía por su anarquía... Se le evitaba... Era el incordio de turno, el borrachito, la mosca cojonera...

En Fuerteventura, en La Oliva, concretamente, conocí al viejo Esteban Ramírez de León, parrandero de raza que se recorría la isla junto a su cuñado, amenizando aquello bailes de entonces... Incluso, para los programas “Senderos Isleños” y “Canarias Viva”, nos recreó juegos y bailes de taifas con todo lujo de detalles... También a otro parrandero de la zona sur de la isla, el poeta Juan Betancor, me dijo en cierta ocasión y con mucho orgullo cuando lo entrevisté sobre su vida y sus décimas... “Usted ve esos muritos de piedra seca, pues yo me he quedado a "dormirla" al soco en todos y cada uno de ellos...

O el viejo Navarro, cantador de leyenda que entre copla y copla despuntaba el sueño de años apoyándose en bastón... Sobre él, me contó el amigo Pedro Grimón que el viejo Navarro en cierta ocasión llegó de Fuerteventura, expresamente invitado, para participar en la romería del Pino... El calor, las copas y la parranda lo dejaron rendido y buscó donde acostarse... vio una puerta abierta y unas camas litera y allí, sin pensar más entró y se acostó. Cuando despertó se encontró rodeado de agentes de la Guardia Civil y es que se había quedado en el antiguo cuartel de la Guardia Civil...

De ahí, rizando el rizo,viene la anécdota de aquel cristiano, que llegó a casa casi amaneciendo y estaba quitándose los pantalones. Algún ruido hizo cuando se quitaba la ropa para acostarse que la mujer se despertó y con cara de pocos amigo le dijo:

-¿Ahora vienes?

Y el, subiéndose el pantalón, contestó: “No vengo, me voy... No ves que me estoy vistiendo para ir a trabajar...”

Durante un largo tiempo tuve la ocasión de dirigir programas como Tenderete y crear La Bodega de Julián. Siempre encaminé mis pasos para que se formaran parranditas. Así con Tenderete en esta última etapa, se creó la parranda del Millo porque eran componentes del excelente grupo Los Gofiones. Las parrandas daban mucho juego en los programas... Por ello, para fomentarlas, creé otro programa/concurso para televisión Canaria que titulé “Parrandiando”. Era un concurso donde participaban catorce parrandas... Pero las cosas son como son. Programaron el espacio en hora punta y Antena 3 emitía en ese momento una serie que impactó: “Sin tetas no hay paraíso” y “Parrandiando” pagó las consecuencias con una audiencia que estaba en los dos dígitos, pero que se esperaba mucho más.


Sin embargo en otro programa que creé y dirigí, “La Bodega de Julián” se formaron otras muchas parrandas para actuar: “La parranda del Botellín”, “La Parranda del cafetín”, “Parranda de amigos”, “Los parranderos”, “Los Punchas”, “la parranda el Rato”, “El Chirato”, “El Golpito”, “Los turroneros” “Parranda del pueblo”, “Los que no escarmientan”, "Jóvenes Cantadores" y otros muchos... Y es que para mí, en los anárquicos parranderos y sus espontáneas parrandas se encuentra la autenticidad, la verdad...

ALFREDO AYALA OJEDA

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