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sábado, 14 de julio de 2012

* Y AQUÍ ESTAMOS

"EL CHISTE-RA" EL TEMPLO DEL HUMOR


Yo siento por Manolo Vieira, lo he confesado en distintas ocasiones, la admiración por su trabajo y el profundo respeto por el amigo.

Conozco a Manolo, “mi isletero mayor”, desde hace muchos años. Lo he visto crecer y, pasito a pasito, agigantarse en los escenarios y en clamor popular hasta convertirse en el embajador de nuestro humor, en la estrella indiscutible.

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que Manolo Vieira no debe nada a nadie. Todo se lo ha currelado él solito, aprovechando ese don con el que nos dota y distingue la naturaleza, desde que respiramos la primera bocanada de aire y aterrizamos en el mundo.

Manolo, desde su particular “Cabo Cañaveral” de camarero, allá por el comienzo de los 80, comenzó a escribir páginas distinguidas retratándonos, con magisterio, la particular manera de ser del isleño; levantando el acta notarial en cada uno de sus relatos, retazos de la filosofía isleña. Manolo Vieira, en aquellos tiempos de noches, de crecimiento turístico, de arrumacos y suspiros en el “Whisky club”, o amanecidas en la “Casa de mi tía”, “la Copa”, de bailoteos en “Las Cuevas”, en el Saxo, “El Papagayo”, “Aloha” o de amanecida esperando que nos sirvieran unos reparadores y deliciosos perros calientes, churros en la Madrileña o en la plaza del Puerto, o alongados en las barandillas de nuestras playas, observando las rubias vikingas de breve ropaje… Se vivía intensamente de “la isleta al Refugio”, con tanta intensidad como los encuentros de nuestro equipillo amarillo o las pegas entre el Tomás Morales y el Porteño…

Eran tiempos de cambio, de vuelco total… De ruptura con lo establecido. Estrenábamos democracia y nuestra gente, despoblaba los campos cambiando el arado por la servilleta… Irremediable, imparable fue, también, el éxodo de labrantes de cantería de Arucas por las rentables jornadas de ajustes para acomodo de turistas… Era otra forma nueva de entender la vida…de prolongar las noches y sacar fuerzas de flaqueza para aguantar la jornada laboral… Canarias, había cambiado hasta casi quedar desconocida. Nada tenía que ver con aquella otra heredada. Aquella en que prohibir era casi gobernar.

En medio de esta vorágine, cambiante, vertiginosa, Manolo Vieira también creció. Autodidacta, observador de modos y geitos, de maneras de vida aprendidos de familiares, vecinos y amigos, había calado y conectado con el público…

Manolo, nacido y criado en la Isleta, se abrió camino y vio claro que hay momentos que te la tienes que jugar. Que tienes que dar un paso al frente…Y Manolo, apostó por Manolo…Valiente y decidido un día, abrió su nuevo local. Casi vi construir ese templo del humor llamado Chiste-ra. Muchas veces caminé por el laberinto de puntales para concretar el acuerdo del proyecto televisivo: “Una hora menos” protagonizado por Manolo Vieira. Fue, un ambicioso proyecto en el que se contrató a numerosos artistas locales, guionistas y célebres artistas de nivel internacional.


 
Manolo Vieira, en los traslados, en las grabaciones, en los ensayos, hacía piña con todos los componentes del equipo. Fue la primera ocasión en que trabajé con mi amigo Manolo. Después en Tenderete, en la Bodega de Julián, en transmisiones de fin de año, en programas especiales. También radio. La última ocasión fue en Radio Gáldar, en “El Traspatio”, programa que dirijo junto a mi mujer Lydia Díaz. Dos horas, que supieron a poco compartiendo micrófonos, hablando de las cosas que a nosotros nos interesa: la cultura popular.

Manolo Vieira, es un culo inquieto. Una inquietud que le ha llevado a tocar otros campos de la interpretación, con su disco dedicado a boleros: “Autores y Amores”. También en el campo de la interpretación llevando el peso de la serie televisiva: “La Revoltosa”. Por eso no es de extrañar que Manolo Vieira disfrute de prestigio y consideración dentro y fuera de nuestra breve geografía. Ahora, sus miras están en alternar las actuaciones en su Chiste-ra y subirse a distintos escenarios de tierras americanas donde es esperado con los brazos abiertos de los numerosos emigrantes. Nosotros, desde aquí, le deseamos toda clase de venturas.

ALFREDO AYALA OJEDA

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