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lunes, 3 de octubre de 2016

* GRACIAS, ICO ARROCHA, GRACIAS

En las islas, no cabe duda, hay cantantes, intérpretes mediocres, buenos, buenísimos y otros que son de otra echaúra. Son los consagrados, los que están tocados por la varita mágica de la excelencia y al que el público, entendido o no, cuando los escuchan, dicen que se rompió el molde cuando nacieron.

Estos últimos corresponden a la escasa y distinguida cosecha que atesoran la virtud de sentir y transmitir, de enamorar y desatar la pasión en cada actuación... Son voces que saben a pueblo y se retratan a través de las coplas como si formaran un invisible vínculo entre intérprete y poeta...

Recuerdo en Tegueste, después de un ensayo de preparativos para la grabación de un programa de “La Bodega de Julián” que me empeciné en invitar a Dacio Ferrera y la parranda de los Punchas, para que interpretaran, en vísperas de las fiestas en honor a San Marcos, el tema “Abril de Romería” (letra y música de Feluco Tejera y Manolo Melián). Dacio, valgan verdades, no estaba en su mejor momento. La noche anterior había abandonado el hospital. De hecho fue su última actuación televisiva antes de fallecer. Al terminar la grabación alguien me dijo: “Dacio no canta como antes. Ahora, habla...” ¡Coño!, me dolió y le respondí. “Es verdad, ahora habla, ¡¡ Pero cómo habla !!... Habla con hondura, con sentimiento y su voz llega a ese rinconcito del alma que despierta todo tipo de sensaciones...”

Otros son tan distinguidos y están a tan alto nivel, que incluso se sorprenden cuando después de interpretar una copla o un tema, reciben una atronadora ovación. Me viene a la memoria aquella primera intervención del irrepetible Ico Arrocha, en el programa Tenderete, cuando se emitía en directo desde la Feria del Atlántico. Nadie, ni los que ya lo habíamos escuchado, dábamos crédito a aquella voz brillante que salía de la garganta de aquel muchachillo flaco y tiposo. Ni el propio Ico, cuando terminaba las seguidillas, las folias o lo que le marcaran, se lo creía. Yo viví distintos momentos con Ico Arrocha, como aquel “mano a mano” entre él y Abelardo García “El Tormento”, en San Bartolomé, después de una grabación para el programa Tenderete... Aquellas noches en las frías madrugadas de Fontanales, donde se reunían, año tras año los amigos...

En cierta ocasión, cuando dejé Televisión Española y el programa Tenderete, por un “quítame allá esas pajas” con el Director de TVE, mi primera iniciativa fue crear para Televisión Canaria “La Bodega de Julián”. Para uno de los primeros programas invité a Ico Arrocha con la intención que compartiera en la intimidad música, voz y vino entre amigos. Ico, no lo dudó un momento. Fijamos fecha y se presentó con una parranda apañadita... Ico, se despachó a gusto. Habló de folclore, de variantes, de coplas y recordó aquellos inicios cuando de chinijo, se acercaba a la puerta de los cines para escuchar la música de las películas, preferentemente mejicanas. Habló del sometimiento que tiene el solista lanzaroteño, en la interpretación de las malagueñas... Comentó usando el símil de un racimo de uvas para definir a las folias: “todas están en el mismo racimo pero en todas las islas, son diferentes..." Y como no, de las vibrantes seguidillas conejeras, exigentes con los solistas...





Otra ocasión, sentimiento, voz, arte, estilo se funden en esta copla que el autor (Manolo Haro) escribió para él:

Madre yo tengo un calvario
que me está rompiendo el alma
cómo puedo tener calma
si yo he nacido en Canarias
y me muero en tierra extraña.

Con esta copla, Ico, nos eriza la piel y va de la mano del poeta... Poeta y autor, juntos. Ico, retratando los versos y el poeta reviviendo sus palabras...

Fue, en el momento del señalado día de Canarias, cuando Ico Arrocha decidió poner fin a una vida repleta de éxitos. Un triste día en que Juan Brito, Hijo predilecto de Lanzarote dijo: “El folklore canario y el del mundo está de luto, está llorando porque ha volado y, para no volver, el ruiseñor del canto de todos los tiempos”.

ALFREDO AYALA OJEDA

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