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jueves, 7 de junio de 2018

* A MANOLO VIEIRA

Hace un fleje de años que conocí a Manolo Vieira, el hijo de Carmita. Lo conocí cuando era un pollillo, despierto como el hambre. Y, desde aquellos primeros momentos, con el paso del tiempo, hemos estrechado amistad. Manolo, al que quiero y admiro, es un emprendedor y autodidacta. Creo que no le debe a nada ni a nadie el lugar que ocupa. Él solito se lo ganó. He trabajado junto a él en distintas ocasiones: En Tenderete, en la Bodega de Julián, en los especiales de fin de año, en programas de entretenimiento y durante algunos meses, día tras día, en una serie televisiva “Unas Hora Menos”.

Foto: Alfredo Ayala y Manolo Vieira

Y, por lo méritos contraídos, llego a la conclusión que Manolo es un monstruo de la escena. Un intérprete de lujo que llega y conecta con el público casi sin esforzarse.  En cierta ocasión, cuando yo estaba en activo en la tele canaria, quise hacer una serie de humor, con la sana intención de regalar unos momentos de humor a los espectadores, para que se acostaran con una sonrisa. Contaba, para este ambicioso proyecto, con Sergio Correa, Lorena Petit, Jaime Marrero, Piedra Pómez, Lolo “el Gomero”, Jesús Farráis y como no, a Manolo Vieira, pero como este mundo es un mundo de etiquetas, a mí me pusieron los lindes dentro del apartado de folclore, costumbres y tradiciones lo que quiere decir que a criterio de cuantos llevan las riendas de la tele, no sirves o no estas capacitado para otra cosa que fiestas, romerías, costumbres, tradiciones y música popular. Y el proyecto, claro, quedó durmiendo el sueño de los justos, donde aún continúa…

Pero volviendo a Manolo Vieira, con el que repito, he trabajado muchísimo, tengo que decir que me destoco ante él, porque Manolo para mí, encarna a ese hombre que hace su trabajo en clave de humor. Pero es un humor distinto, cercano, costumbrista… Un humor que no solo nos dibuja una sonrisa en la cara o una amplia y sonora carcajada pero que, sobre todo, invita a pensar… Él, descorre el fino velo que cubre a la sociedad isleña, la observa y estudia detenidamente y extrae sus penas y alegrías de un pueblo y las vuelve a entregar al pueblo. Manolo, con su humor retrata el día a día de nuestra gente hasta convertirse en notario de la época que le ha tocado vivir. Por eso, en cada actuación, levanta el acta de lo que hay.

ALFREDO AYALA OJEDA

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