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miércoles, 29 de noviembre de 2017

* FIESTAS DEL RUIDO: TABLAS Y CACHARROS

Las fiestas del ruido ya están AHÍ. Viene celebrándose desde hace tiempo por los distintos rincones de Icod de los Vinos, La Orotava, Puerto de la Cruz y otras muchas localidades. Son fiestas ligadas al vino y en las numerosas bodegas norteñas, casi en soledad, rugen los caldos hasta conseguir el punto justo. Recuerdo, en esa época cuando saboreaba un vino de bendición, junto a mi inseparable Sergio Correa, en un rincón de una de las tantas bodegas que visitamos que, Sergio comenzó, ante la insistencia de los allí presentes y envalentonados por el ambiente que se respiraba, a regalarnos una larga retahíla de chistes y anécdotas sobre el vino. Y tengo en la memoria casi tatuado, uno que se largó Sergio Correa y que posteriormente contó en La Bodega de Julián… El chiste, decía así:

Dos amigos, acodados en la barra de un bochinche, uno al otro le pregunta:

-Oye, a ti que te gusta más: El vino o las mujeres.

Y la contestación no se hizo esperar: ¿Qué vino? ¿El tinto o el blanco?

Aquella noche, por las empinadas calles de Icod, vimos a numerosa concurrencia, en alocada carrera, deslizarse hasta terminar con el frenazo brusco al final del recorrido. Suele haber lesionados, pero todos se entregan con mucho entusiasmo.

Para correr las tablas, no hay edad. Los pequeños, desde que empieza a despuntar el mes de noviembre, empiezan a poner a punto, sus tablas. Pero para ello entre la cantidad de modelos que se unen a este encuentro festivo, los he visto hasta sentados en una cajita de yogur, haciendo las delicias de los visitantes y conocidos…

En el Puerto de la Cruz, en plena zona turística, los visitantes con los ojos como platos no dan crédito a semejante ruido. Toda clase de latas, neveras, lavadoras, bañeras, cadena de latas de refrescos o la simple chapa de una botella de agua, sirve para participar en las fiestas. Después, unos vasos de vino de la zona, unos chicharros a la brasa o unas castañas tostadas, que ofrecen los numerosos ventorrillos instalados por los alrededores.

Son, como decía las fiestas del ruido. Unas fiestas que se deben al arraigo del vino en la zona norteña. Son fiestas que se cuentan solas y, lo cierto es que van siendo escasas, las fiestas populares que, por auténticas, no precisan expertos en marketing, ni elevados presupuestos económicos y tampoco, influyentes padrinos que las organicen. Lo original, aquello nacido del ser y del sentir popular, que se genera sano y nace para una larga vida, rebosante de vigor y de alegría no hay quien, sea capaz de pararlo o de manipularlo. Es la fiesta del pueblo y poco o nada tienen que ver las arcas municipales. Son fiestas que nacen del pueblo, que las sostiene el pueblo y que las disfruta el pueblo…

ALFREDO AYALA OJEDA

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