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domingo, 9 de febrero de 2020

* OTRO ENCUENTRO CON LOS “CACOS”

Siguiendo con esa línea de tropiezos, que hay que pagar, por hacer los trabajos en la calle, recuerdo aquella otra ocasión, en que habíamos preparado la serie musical “PUNTO DE ENCUENTRO”, que tendría por escenario, el interior de las Grutas de Artiles, en el mismito corazón, del municipio de Santa Brígida.  

Habíamos concertado intervenciones con “Manzanita”, “Marisol”, “Caco Senante”, “Los Chunguitos”, “El Gato Pérez”, Arévalo, “Los Panchos” etc.  

Los programas, con intérpretes de primera línea, lograban una buena respuesta de audiencia y se tenía, además, el objetivo solapado de mostrar nuestras islas como un plató, donde se podían grabar distintos tipos de espectáculos.  

Una noche, en plena grabación, nos quedamos a oscuras. Aparecieron un montón de linternas, para localizar el motivo del apagón. Recorriendo el extenso tendido de cables, llegamos a un lateral del jardín, en plena calle, donde habíamos puesto un motor auxiliar... Cuál no sería nuestra sorpresa, que el motor que nos generaba la energía de situación, había desaparecido. Solo quedaba el cable, con su enchufe.  Uno de los camareros nos puso en pista... Yo vi un coche pequeño - creo que era un mini, parado, sin luces y escuche unas voces... pero quién iba a pensar, que desengancharían el motor y se lo llevarían... 

Al poco, apareció la guardia civil y la municipal. Otro de los empleados, casi balbuceando dijo: “Aquel almacén que parece abandonado, cada vez que salgo a fumar, encuentro cierta y sospechosa actividad... 

Alguien se envalentonó y sacando pecho dijo: “yo le pego una patada a la puerta y salimos de dudas”. Los agentes de la autoridad lo calmaron. Eso no podemos hacerlo. Vamos a informar y después actuaremos... 

Dicho y hecho. Amanecía. Había pasado un montón de horas y estábamos rendidos. Al final apareció alguien, que facilitó la entrada al almacén. Se abrieron las puertas y dentro, casi entongados, estaban un gran número de coches “mini”, unos desmantelados, otros impecables... 

Y allí, casi en la puerta, el motorcito que nos arruinó una noche de trabajo.  Les dije, a dos de los auxiliares, que lo cogieran y la autoridad lo impidió.  

Tardaron días en devolverlo. Terminé en el juzgado, porque el almacén era un lugar donde los amigos de lo ajeno, tenían como laboratorio, depósito y reparación de los robos, de los coches de esa marca y cobrar por “su” trabajo. 

Fueron varios, los responsables, de este “negocio” bien montado y que dieron con sus huesos en Barranco Seco”. 

Llegaba el cliente, a este taller de especialistas de “mini”, le diagnosticaban la avería, le robaban las piezas a otro coche, le cobraban, hacían ficha para quedarse con todos los datos y así, cuando necesitaban alguna pieza, iban en su busca y lo desmantelaban. 

ALFREDO AYALA OJEDA

viernes, 7 de febrero de 2020

* EN LA MAR Y SIN REMOS

Andar por esos mundos de Dios, grabando programas y viviendo fuera de casa, la mitad de la vida, deja muchísimos momentos, en los que agarras unas calenturas del carajo o unas satisfacciones de escándalo. Hoy, cuando tengo la vena humorística cargadita, suelo ponerme a escribir algunas de esas vivencias... 

Una de ellas, tiene por escenario la isla de La Palma, concretamente, Tijarafe. Tijarafe, significa frescura o sombra. Es tierra de inmensos pinares, que se alongaban hasta el abismo de los acantilados. Tanto es así que, hasta no hace mucho, su principal fuente de economía era el carbón, la brea, los horcones.  

Andar por esas tierras de bendición, es como adentrarte en el pasado. Un día, con la intención de hacer uno de los capítulos de la serie etnográfica “Senderos Isleños”, nos habíamos citado, en mitad del monte, con una familia que entre otros cometidos, se dedicaban al carbón y varas para los tomateros. También, en los tiempos muertos, estaba en nuestra agenda, entrevistarnos con una afamada repostera de la zona. Tal era la cantidad de material que llevábamos que, por cuestión de comodidad, decidí alquilar dos casas rurales que estaban ocultas entre la inmensidad de los altos pinares.  Éramos, un reducido equipo de Televisión Española: Un realizador, un cámara, un ayudante y yo.  

También, habíamos alquilado dos coches. Era noche cerrada, cuando llegamos a las casas rurales. Disponíamos de lo mínimo para pasar la noche: café, agua, algunas galletas, chocolate y paquetes de papas. Mientras picábamos algo, preparamos los planes de trabajo para el día siguiente, porque a primerísima hora teníamos previsto vernos con la repostera, para hacer un documento de la riquísima variedad de repostería de la zona.  

A primera hora – yo suelo dormir deprisa- Al alba, preparé una buena cafetera y salí de la casa rural a fumar un cigarrillo, ver cómo se va despertando el campo y saborear el humeante cafetito. Me arrepolliné en el coche y puse la radio para estar informado.... Al rato, miré el reloj y me apuré a levantar a los compañeros, porque se acercaba la hora de la cita con la repostera... 

Todos en pie, salimos de las casas, cuando vimos que, camino arriba, llegaba nuestra invitada... Nos saludamos, le ofrecí un café que no aceptó y le dije... ¡Nos cogió saliendo! ¡Íbamos en su busca... ! 

¿Con esos coches?, me dijo 

-¡¡Claro!! 

Pues tendrá que ponerle las ruedas, porque ninguno las tiene... 

Nos habían robado las ocho gomas y calzaron el coche con unos bloques. Los amigos de lo ajeno, nos dejaron tirados en aquel descampado... Sin teléfonos, sin cobertura... Vamos, en la mar y sin remos... 


Al final, terminamos acercándonos al puesto de la policía y denunciando el caso. Siempre, -nos dijo alguien que también aguardaba para presentar una denuncia-, estos robos suceden de madrugada y en estas mismas casas rurales que, están casi perdidas entre los pinos, lejos de las miradas de curiosos. A los cacos, solo les interesan las gomas y las llantas.  Seguramente, tienen un encargo de alguien y esperan que llegue el momento. 

Allí dejamos los coches subidos sobre los bloques y, siguiendo las instrucciones de nuestra artesana, emprendimos  camino hasta una ventita que, al decir de nuestra invitada, tenía teléfono.... Llamamos un taxi y nos fuimos al puesto de policía... Para jincarle unas gotitas de humor le comenté al agente: “Es lo que tiene de bueno moverse en coche alquilado; nunca te roban a ti, sino a quien lo alquila..."

ALFREDO AYALA OJEDA 

jueves, 30 de enero de 2020

* A JUANA MARÍA TORÓN, MISS NACIONAL 1.966

Poco a poco, como a cuentagotas, pasaban los años. El pasado, la guerra, las penurias iban quedando atrás... Corría 1.966, cuando Manolo Santana, conquistaba en la mismita Gran Bretaña, el título más importante del mundo: Winblendon. Era el primer español que se calzaba tan preciado galardón... También el Ministro Fraga Iribarne, se bañaba en Palomares para demostrar a la población que sus aguas no estaban contaminadas... Manolo y Ramón “El Dúo Dinámico” conquistaba el festival de la canción del Mediterráneo, Manuel Benítez “El Cordobés”, anunciaba su regreso a los ruedos después de recuperarse de una lesión, en una de sus manos. A la corrida de presentación asistieron numerosas personalidades como Jackelin Kennedy, a quien le brindó un toro, así como Orson Welles y Estrellita Castro; el Real Madrid, ganaba su VI copa de Europa al vencer al Partizan de Belgrado... Raphael, hacía su presentación con el tema “Yo soy aquel”. También, en ese mismo año, Mary Quant, ponía de moda la breve “minifalda”, que causó sensación entre los jóvenes... 

Pues en medio de este 1.966, pleno de inquietudes, una gran canaria, natural de Tenoya, se presentaba en Salou Pinos del Mar, para deslumbrar con su serena belleza, a ser la más guapa del país. Durísimo trabajo, tuvieron los componentes del jurado que tras distintas votaciones se inclinaron por la andaluza Paquita Torres (Miss España) y como Miss Nacional, el titulo recayó en nuestra paisana Juana María Torón. El galardón de Miss Nacional llevaba aparejado una cantidad 25.000 pesetas de la época. Importe que daba para mucho. 

Foto: Juana María Torón

Yo la conocí, antes y después de su aclamación. Recuerdo tener una cita con ella, en el Periódico El Eco de Canarias, donde se me había encargado hacerle una entrevista... Cuando estábamos sentaditos y dispuestos, surgió un suceso en las “Cuevas del Provecho”, en Mata, donde una criatura resultó muerta. Le dije que me acompañara a cubrir esa información y que por el camino iríamos hablando. Así fue. Me esperó en el coche. Cuando terminé el trabajo, regresamos al periódico. Inmediatamente, me puse a escribir el suceso y le pedí a Juan Santana, compañero de redacción, que hiciera la entrevista a Juana María.  

Con Juana María, andando el tiempo, volví a coincidir en “Tenderete”, programa de televisión que dirigí a finales de los 90 y en “Bolero”, en el Cuasquías...  Dejaban huella sus ojos: grandes, dulces, de serena mirada, cautivadora sonrisa y, sobre todo, muy buena gente... Un año antes, en 1.965, resultó elegida Miss Nacional, otra belleza isleña: Fela Roque, quien trabajó en el cine junto a Robert Taylor, en la película “Pampa Salvaje”... Recuerdo aquella ocasión en que me habló, de manera natural de su delicado estado de salud, con el que mantenía una lucha, que se dilató en el tiempo. 

Hacía algún tiempo que no coincidíamos y hoy, de sopetón, me encuentro en La Provincia, la triste noticia de su fallecimiento. 

Descansa en paz querida y guapa amiga. 

ALFREDO AYALA OJEDA

domingo, 26 de enero de 2020

* COSAS DE FAMILIA...

MI TÍA, PEREGRINA

Por estas fechas, cuando aparco las prisas, suelo hacer un largo y detenido recorrido de algún sucedido curioso, entre miembros de la familia o conocidos. Son recuerdos de momentos vividos o historias que han quedado grabados en mi memoria y que, en estos días, me gusta recordar. 


Mi tía Peregrina, fue una mujer adelantada al tiempo que le tocó vivir. A los golpes que da la vida, ella siempre los sorteaba con buen humor. Era recta, espontánea y no recuerdo ningún contratiempo que le pintara la cara con un mal gesto. 

Ella, en su chalet de Ciudad Jardín, salía cada mañana, al alba, para comprar los periódicos y el pan. Uno, El Eco de Canarias, porque escribía su hermano, Antonio Ayala y también su marido, Juan Sosa Suárez “Belarmino” y el otro “La provincia”. El pan, de la panadería Morales. Era el llamado “pan fino”, famoso dentro y fuera del barrio de Alcaravaneras. Los panecillos venían, (en aquellos tiempos de penurias), envueltito en una finísima servilleta de papel. 

Peregrina, sin temor a equivocarme, no solo era una mujer informada, también una buena tertuliana. Leer los periódicos o escuchar la radio, era su alimento primordial. 

Con los ejemplares bajo el brazo y el cartucho de pan en la mano, deshacía el camino, hasta acomodarse en los banquitos en la plazoleta, próxima al histórico Estadio Insular. Allí, se leía de punta a punta, los periódicos. 

Una noche, espléndida y serena, cuando se disponía a dormir, fue a cerrar una de las ventanas que daba al jardín. La ventana se le resistía... Hacía fuerza y no podía. Parecía como si estuviera atorada. Peregrina, ajena a todo, puso una silla y se subió para ver que le pasaba a la dichosa ventana. Al abrirla, de sopetón, se encaró con un hombre que estaba empujando la ventana, para entrar en la casa. De repente, se vieron frente a frente. Los dos, dieron un respingo. En situación similar a cualquiera le hubiese dado un patatús, pero ella, con flema inglesa, lo miró fijamente, a la vez que le decía: ¿qué hace usted ahí...? 

El hombre, sorprendido, balbuceando, atinó a decirle: “Tengo hambre y quería coger alguna cosa para comer”. 

Tenía el hombre los zapatos en la mano y una profunda carita de pena... ¿Qué hago? Se preguntaba mi tía... Inesperadamente, optó por invitarlo a pasar... El hombre estaba confundido en esa mezcla de sorprendido y agradecido... Peregrina, pachorrúa como ella sola, calentó un potaje de lentejas, le puso sobre la mesa unos plátanos y se sentó con su invitado. 

Charlaron, hablaron de los golpes de la vida... de las injusticias, de problemas y las complicadas soluciones... 

Tras la larga charla, mi tía le dio cuanto podía y también le endulzó el bolsillo con unas perrillas... El aprendiz de caco se marchó más contento que unas pascuas y en el escalón de la puerta del chalet, se calzó sus zapatos. 

Mi madre, seguía el relato sin perderse detalle. ¿Pero cómo de noche y sola, que estabas en tu casa, te atreviste a dejarlo pasar...? ¡¡ Tú eres muy atrevida!!... 

Solita, es que aquel hombrito no tenía fuerzas para nada. Su carita, daba tanta pena y cargaba tanta tristeza, que se me estremeció el alma... 

Andando el tiempo, en vísperas de Navidad, el caco volvió a la casa de mi tía. Tocó el timbre y Peregrina fue a ver quién llamaba a su puerta... Era el mismito hombre que una noche intentó entrar en la casa...Venía con una sencilla flor silvestre. Cuando la vio, una lágrima le resbaló por su mejilla. Le dio las gracias y la felicitó... 

Jamás mi tía, lo volvió a tropezar...

ALFREDO AYALA OJEDA

martes, 21 de enero de 2020

* CUANDO DON JUSTO MESA, ACARICIÓ LA IDEA DE ENFRENTARSE, EN DESAFÍO, AL FARO

Allá, por el año 1.975, se me metió entre ceja y ceja, publicar un libro sobre la vieja Lucha Canaria. Lo hice, movido por el cariño que le tenía a mi padre, Antonio Ayala, periodista, jefe de deportes del desaparecido periódico “El Eco de Canarias”, y corresponsal del deportivo diario, Marca. Mi padre, había trabajado recopilando información sobre la Lucha Canaria, de la que fue secretario de la Federación durante muchos años. Vivió aquellos acalorados momentos de la unificación del reglamento, ampliamente reflejados en el libro. También, otros trabajos sobre fútbol, boxeo, vela latina, etc. Mi padre, falleció en 1973, y yo, conocedor y colaborador de su obra, me empeñé en sacar a la luz un libro, (agotado), que titulé: “La Lucha Canaria” y años más tarde, preparé y dirigí un documental para la serie etnográfica de TVE “Senderos Isleños”, bajo el título: “Sobre la Lucha Canaria”. Queda claro que mi gran pasión es la lucha canaria. 

Dicho esto, en el libro, se hacía referencia a un posible desafío entre el campeonísimo don Justo Mesa y el hombre del momento: el hercúleo y también campeón, José Rodríguez Franco “Faro de Maspalomas”. El encuentro, entre estos hombres de leyenda, fue muy esperado por los incondicionales de uno y otro luchador, aunque nunca llegó a celebrarse... 

Hoy, repasando mis documentos, me tropiezo con una larga crónica publicitada en el periódico “La Provincia”, el 27 de agosto de 1.995, en el dominical, cuadernillo donde escribía, sus “Siesta de Memorias”, el cronista oficial de Gáldar, Martín Moreno. En esta fecha, Martín Moreno, contaba con pelos y señales, aquella ocasión en que, Andrés Medina, al que nunca le gustó practicar la lucha, derrotara a la voz de ¡ya! a don Justo. 

Don Justo, que llevaba muchísimo tiempo sin caer, le escribió, insistentemente, cartas pidiéndole el desquite. Pero ese encuentro de “rasquera” nunca llegó a celebrarse porque Andrés Medina, tras su sonada victoria, no volvió a ponerse los pantalones de lucha. 

Pues por esa época, allá, en la pila de Telde, había un hombre que tan solo verlo salir al terrero, daba escalofrío. Espigado, rozando los dos metros, músculos de acero, ateado, estaba sembrando el pánico en los terreros. Era, el Faro de Maspalomas, del que se contaban toda clase de hazañas: ...que si ahogaba con la cabeza, la fuerza del motor de un pozo ...que si mataba un cochino, de un puñetazo ...que si levantaba el arado, como si fuera una caña de pescar ...que si le pegaba una burra a una platanera y la tumbaba...  en fin, tantas cosas se contaban.
Ilusionado por medirse con este nuevo “As”, don Justo acarició la posibilidad de un desafío, con el título en juego, que en ese momento estaba en poder del Faro... 

Don Justo Mesa, empezó con sus blandeos hasta ponerse a puntito... Fue entonces cuando le pidió a Andrés Medina, que fuera a ver un entreno del “Faro”... Y Andrés, fue. Vio, volvió y dio su impresión... Así lo cuenta el amigo Martín Moreno: 

“Tantas horas como las que caben en un día, nos costaría convencer a don Justo para quitarle esa idea de la cabeza. 

-Entonces, usted... ¿Cree que lo mío es una locura, que yo no soy hombre para “El Faro”? 

-Lo de “hombre”, déjelo aparte, don Justo. 

-¿Entonces? 

-No es cuestión de hombría, sino “de quintas”. Usted es de ayer y él de hoy. Y eso no tiene remedio. Piénselo, don Justo. 

Lo pensó y se arrepintió. "

Nota: se decía que don Justo – que atravesaba un momento económico delicado- le llegaron a ofrecer 25.000 pesetas (de las antes) por celebrar el desafío. Pero don Justo, prefirió prestigio antes que dinero... 

Así era nuestra gente. 

ALFREDO AYALA OJEDA

miércoles, 15 de enero de 2020

* MÁS SOBRE LA VIEJA IDEA DE ESCRIBIR UN LIBRO, SOBRE LA HISTORIA DE "MAESTRO PEPE", EL FARO

Continuando con aquella vieja y aparcada idea, de escribir un libro sobre José Rodríguez Franco “El Faro de Maspalomas”, también, en esos años, ocupé al amigo José Martín Ramos por aquel entonces, Jefe de Informativos de Televisión Española, en Canarias. Con Martín, he compartido distintas trincheras informativas: en el desaparecido periódico “EL Eco de Canarias” y en TVE. Juntos, formamos una unidad informativa en aquellos difíciles y últimos momentos del entonces Sáhara Español recorrimos los fosfatos “Fos Bucraa”, sesiones plenarias de Yemaá (Asamblea General), contactos con algunos miembros del Polisario y distintas escaramuzas entre Polisario y el Puns. 

Foto: J.J. La Calle, Martín Ramos, Alfredo Ayala y Juan Ramón Gómez. La imagen corresponde a los últimos momentos del Sáhara español.

Hicimos algunos documentales titulados “Dos rombos”, que eran atrevidos en los tiempos que corrían. Uno dedicado a la prostitución, otro a los robos de moda “El tirón”, y el butrón a las joyerías... Además, juntos hemos estado en los servicios informativos, en distintos acontecimientos o en espacios especiales sobre los Carnavales, o en acontecimientos puntuales en beneficio de la Cruz Blanca,disputando un torneo triangular en el viejo Estadio Insular, en aquellos históricos encuentros entre Médicos, Abogados y Periodistas, de los que siempre salimos vencedores. 

Bueno no quiero distraerme y solo me queda por ofrecerles la visión de Pepe Martín Ramos, sobre el “Faro de Maspalomas”... 

Foto: Monumento al Faro


JOSÉ RODRÍGUEZ EL “AS”. 

José Rodríguez Franco, su vida y su obra, representa la naturaleza y la historia de donde nos ha tocado vivir: Canarias. 

Somos un país donde han confluido varias culturas. Un Archipiélago que ha servido de laboratorio para muchos experimentos; unas islas a veces enfrentadas en beneficios de terceros, pero a su vez, Canarias ha sido un pueblo hospitalario y sin fronteras, producto del mestizaje y por estar situadas en un punto geoestratégico importante. Pero, cuando los foráneos, en cualquier país superan la cifra del diez por ciento, se puede considerar una colonización; cifra que se duplica en Canarias, máxime cuando gran parte de la economía no está controlada por los nativos. Todo ello ha repercutido negativamente, en las pautas de comportamiento que se evidencia en la sociedad canaria, donde los años cincuenta del pasado siglo; evolución que tenemos que analizar para que no siga afectando a nuestra identidad. 

Y, nos hemos situado en estas fechas y momentos porque son los más duros para nuestro personaje, José Rodriguez Franco “Faro de Maspalomas”, un “AS” del deporte vernáculo y un trabajador comprometido con su tierra, que tiene que complementar su “brega” en los “terreros” con su trabajo ocasional en aparcería, pozos, construcción y allá donde fuese necesario para sacar adelante a los suyos de una grave crisis económica. 

José Rodríguez Franco “Faro de Maspalomas”. Como todos los de su condición y raza fue un caballero en la lucha canaria, ejemplo que llevó a la sociedad que le tocó vivir en el Sur de Gran Canaria, llegando incluso a hacer frente a una condena en el denominado caso de Juan García Suárez “El Corredera”, que fue sin duda uno de los más injustos sumarios instruidos en el franquismo. 

José Rodríguez estuvo en la cárcel de Barranco Seco, pues la máquina de la época le había implicado en todas las andanzas de su amigo Juan García, que luego resultaron no estar nada claras. Pero eran los momentos de grandes silencios, y el “ASA” tuvo que ver la realidad desde el Centro Penitenciario cuando lo único que había hecho fue acompañar a su amigo y compañero de la época a “echar unas copas de ron”, en la ciudad de Telde... 

La figura del “Faro de Maspalomas”, una vez más, quedó limpia de tanta “trama” y cuando salió de su “celda” y volvió a los campos de lucha para satisfacción de los miles de canarios que lo seguían por todos los lugares. No olvidó aquellos hechos, no pudo y tampoco quiso quitar de su cabeza el recuerdo perpetuo de Juan García “El Corredera” con quien había compartido su experiencias y sufrimientos como un apéndice más de la miseria mental canaria, que no era otra cosa que las terribles calamidades de la clase humilde, que tuvo que recurrir al gofio como alimento y a las cartillas de racionamiento como alternativa. Recuérdese que la parte más difícil y árida del personaje fue desde 1.936 al 1.959. 

Los hechos lo curtieron y de qué manera, y pudo comprobar cómo se le amaba profundamente y por eso no quiso dejar de intervenir en los “terreros”, no ya como luchador – pues habría pasado el tiempo- pero sí realizando exhibiciones para mantener la “llama encendida” con su arado. 

Era un hombre alto, corpulento, como demandaba el bello deporte. Era un gladiador que no quiso rendirse ni al deporte vernáculo, ni a la vida que tantas “cornadas” le había dado por el sólo hecho de querer respetar lo suyo. Fue un “caballero de la lucha canaria” que cada jornada con su mirada infantil y perdida acudía no ya sólo a los grandes puntos de concentración deportiva, sino a aquellos pequeños caseríos y pueblos que gustaban ver como un “AS” del mundo vernáculo continuaba realizando sus exhibiciones de levantamiento de arado, como queriendo transmitir a las nuevas generaciones su amor y entrega absoluta por nuestras esencias: lo canario. 

José Rodríguez Franco “Faro de Maspalomas” luchó hasta el final de sus días. Su cara era un reflejo de quienes no se tomaron un descanso de quienes, pese a la adversidad, marcaron con su propio estilo una época que fue dura, injusta, pero que él como nadie supo superar para ejemplo de un pueblo, de una raza... 

J. Martín Ramos


ALFREDO AYALA OJEDA

viernes, 10 de enero de 2020

* LA VIEJA IDEA DE ESCRIBIR UN LIBRO SOBRE LA HISTORIA DE "MAESTRO PEPE", EL FARO

Hace algún tiempo, en vida de Maestro Pepe, Pepito o José Rodríguez Franco “Faro de Maspalomas,” me propuse escribir un libro sobre el vivir sucesivo de este hombre irrepetible. Tenía la verdad, numerosas historias, gestas de poder, desafíos y conversaciones mantenidas a lo largo de muchísimos años.  Yo lo admiraba y lo frecuentaba cada vez que me desplazaba a Telde. Guardo recuerdos en el barrio de San Francisco, alrededor de un pozo de la zona, en el barranco de Telde, en medio una finca de plataneras. Incluso un día lo cité en el López Socas con su arado para hacer, para TVE su levantamiento desde distintos puntos de vista. Mantuve conversaciones sobre “El Corredera”, sobre la muerte de su hijo, sobre un homenaje que le preparó mi padre en el campo del Hornillo cuando el Faro pasaba unos apurillos, en el viejo Campo España cuando endomingado irrumpió en el terrero en medio de la actuación del forzudo Sansón del siglo XX, en la plaza de San Gregorio cuando retomó la lucha y ficho por el Unión Telde de Juan Galindo... ¡¡En fin!!  


Pues para hacer realidad el libro sobre el Faro, hablé con distintos amigos que lo conocieron para que me hicieran algún escrito sobre maestro Pepe. Uno de ellos, de pluma precisa, José Luis Cruz González, compañero en prensa y en televisión me hizo este escrito que ayer, rebuscando entre mis papeles me lo encontré.    



UN ARADO QUE SURCABA EL CIELO  

Para la chiquillería maravillada era, ante todo, el hombre que empenicaba el arado como si fuera una caña. La lucha Canaria tuvo en él, a una de las acabadas expresiones de la nobleza en la brega. Se llamaba Maestro Pepe y también Pepito. No le gustaba que lo llamaran don José, porque él se sentía un obrero y, en su juventud sureña de atropellos caciquiles y pan duro el don era una frontera social, el título que marcaba diferencia que repugnaban a un sufridor de injusticias, a un amigo de Juan García Suárez, “El Corredera” y de Francisco Casimiro, comunista tibio y antifascista radical.  

Era lo más alto y lo más luminoso. Por eso era el “Faro de Maspalomas”. Triunfó cuando más difícil era destacar. En su momento de máximo esplendor el deporte de sus amores estaba plagado de grandes figuras en casi todas las islas. Maestro Pepe añadió brillo a la época de oro de la lucha canaria. Su presencia en el terrero era doblemente imponente por el señorío de sus pausados ademanes y por la potencia de sus músculos. Desde que era un adolescente se hizo leyenda su fortaleza. Con Pepito no se podía apostar en cuestiones de poderío físico. Cinco duros - de aquellos que daban para comer dos días a base de bien- tuvo que apoquinar el atrevido que le desafió a echarle una burra a una platanera y partir el rolo con una mano en menos de tres minutos.  

De José Rodríguez Franco todo se ha escrito en los papeles y todo se ha exclamado en las gradas de los terreros, pero quizás el mejor compendio a tanto tributo de admiración lo hizo un médico de los habituales en las tertulias que entonces se formaban en el Café de Buenaventura, cerca de la plaza teldense de San Gregorio. Dijo el doctor: “El Faro no tiene más fuerzas porque debe emplear la mitad en contener a la otra mitad”.  

Sin embargo, lo más hermoso de José Rodriguez eran sus silencios ante las preguntas delicadas que aludían a la represión política, al escondite de ·Corredera o a la prisión de Casimiro. El Faro era un hombre de palabra. Por eso callaba. Odiaba el abuso y despreciaba a los prepotentes, pero tampoco era un héroe ni un inconsciente. Era un buen amigo que se sentía unido a los suyos, pero carecía del impulso del militante.  

Desde el otro lado, desde la orilla marginante de los enemigos de sus amigos, quisieron manipular su fama para convertirlo en símbolo del régimen político imperante. Por prudencia, que no por deslealtad, tuvo a veces que tragar, pero nunca hasta el punto de que llegara a pensarse, que había connivencia entre él y los que pertenecían instrumentalizar el cariño que en toda Canarias se le tenía.  

Pepe Rodríguez, un cachorro de hombre, un amigacho del carajo, un caballero de fundamento, casi no podía hablar en los últimos momentos de su vida. Había callado tanto que sus cuerdas enfermaron y hasta esa dolencia criminal tuvo que extenderse traidoramente por todas sus células, para conseguir dar en tierra de camposanto, con el cuerpo de un personaje al que le brillaban los ojos (ojos de faro) cuando le decían: “Pepito, a usted lo que le pasa es que es un guanche”. El alma de niño y el orgullo sanote de la gente del Sur, le afloraba a los labios para dejar caer la escueta respuesta socarrona: “Será...”  

En la memoria de los que hemos pasado el ecuador de la existencia y hasta un trópico queda la estampa gallarda de un arado que enfilaba el horizonte y se alzaba hasta el cielo para surcar de admiración la misma barba de Sansón.  

La prodigiosa facilidad con la que levantaba el arado, queda como un símbolo doble, porque durante muchos años el arado iba amarrado al yugo en sus demostraciones. Puede pensarse que aquello era la única entre una extraordinaria exhibición de facultades físicas, pero aquel hombre, era tan buena gente y aquellos tiempos eran tan perversos para su pueblo, que a uno le viene la imagen del libertador Espartaco, redivivo cuando evoca la última vez que vio a Maestro Pepe ya en las puertas de la ancianidad, izando el arado en la Plaza de San Juan, junto a los laureles de India que cató el poeta Fernando González y que parecían coronar con su denso follaje, no a Pepito, sino al arado que prolongaba el milagro de nuestro Titán.    

J.J. Cruz González  

Jinámar, diciembre 1.992 

ALFREDO AYALA OJEDA