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lunes, 20 de agosto de 2018

* KID TANO, CAMPEÓN DEL SILENCIO

Sentado en un banquito de un popular centro comercial, tranquilo, con cara de niño bueno, parecía mecer recuerdos… En su mundo de silencio estaba absorto, ensimismado, buscando con la vista la información que el sonido le negó durante sus casi ochenta años de existencia… Durante largo rato lo observé detenidamente. Sabía más o menos su edad porque los dos, además de ser familia, dimos los primeros pasos en aquel barrio de Arenales, en la calle Pamochamoso. Eran, otros tiempos y en el barrio, el respetito era moneda de curso legal. Yo, también recordaba… Estábamos, como imantados por aquellos tiempos de juventud…Casi sin esfuerzo, afloraban las imágenes de esa época dorada…

Le recordaba, cuando Ambrosio, pretendiente de Marisol, hermana del protagonista de estos recuerdos, le dijo que cuidara, atendiera y pastoreara por Fincas Unidas, el puño de cabras que tenía. Ambrosio, en aquella zona de Arenales, era un cabrero popular en el barrio que, clareando el día o en la tardecita, llevaba y ordeñaba las cabras, de puerta en puerta, mientras las familias desde que sentía el tintineo de los cencerros, esperaban con la escudilla en la mano, su cuchara y el golpito de gofio en el fondo que Ambrosio le jincara la espumosa medida de leche. Cayetano, flaco, seco, era un chiquillo que contaba más o menos una decena de años. Era el varón de la familia. El resto, eran hembras… Su padre, era conductor de guaguas… Cayetano Ojeda Herrera, era sordomudo…


Foto: Un encuentro afortunado.

Andando el tiempo, cierto día Cayetano, Tano para familia y conocidos, caminando de mano de la curiosidad, se paró en el gimnasio del barrio, El Español, muy popular entre la gente joven de la zona y alrededores. “Me invitaron a pasar”, -me dijo- me pusieron unos guantes y desde ese mismo instante pensé que boxear era lo que el destino me tenía reservado". Y de esa manera aquel muchachillo aprendiz de pastor y soñador de grandes gestas sobre el cuadrilátero, empezó su andadura deportiva hasta convertirse en el ídolo de su casa, de su barrio, de la ciudad y de la isla que lo consideraba y ello avalaba con sus gestas: Campeón del silencio.


Foto: Hace 50 años, cuando mantuve una entrevista con Kid Tano, para el desaparecido periódico "El Eco de Canarias". 

En la cima de la fama, cuando esperaba el asalto al título de Europa, hace 50 años, me fui a su casa, en el barrio de Shamann. Allí, en el tresillo de su casa, en presencia de su mujer, le realice una entrevista para el periódico El Eco de Canaria. Era septiembre de 1.967 y estaba en ese momento dulce… Recuerdo aquel enfrentamiento con el Campeón del Mundo Jose Legrá en el Estadio Insular. Yo estaba a pie del ring y el cubano José Legrá, cuando se bajó del cuadrilátero dijo: ¡¡ Joder, como pega el mudo este!!... También vi vibrar la grada curva del insular cuando se midió, con el titulo en juego con otro canario Miguel Calderín “Kimbo”. Fue una noche de 1.962. Aquella grada, repleta con el flamear de blancos pañuelos que, a modo de aplauso, era como se premiaba la gesta del “Campeón del silencio”.

Lo vi debutar. Fui de la mano de su padre y lo vi en numerosas ocasiones en La Gallera del Cuyás, en el Campo España, en el Frontón, en el Insular. Disputó el campeonato de España en numerosa ocasiones logrando retener el fajín en 20 ocasiones después de haberlo disputado en 25. Boxeó, yo creo que con el más grande los boxeadores: “El Vagabundo del Ring” Robinson García. Disputó el título continental ante Franco Brondi, en Milán y, posteriormente mantuvo otra disputa del título europeo Con Pedro Carrasco. Aquel encuentro salió derrotado por KO. Muchos hablaban de las repetidas suspensiones que tuvo el combate que terminaron con la paciencia de Tano y que cuando acudió a Madrid a disputar el título no estaba en su mejor momento. Tano tenía una izquierda de oro. Una izquierda certera que daba en la diana de la flotación de sus rivales.

No hace mucho, en la plaza de Guanarteme, con motivo de la grabación del programa folclórico "La Bodega de Julián", quise rendirle un homenaje. Lo invité y acudió con su familia. Julio Fajardo lo presentó y Tano, como recordando viejo tiempo, se puso en pie y la plaza se volvió a teñir de blanco con el flamear de pañuelos.

Tano, un profesional como la copa de un pino, que brilló con luz propia junto a otros boxeadores de la época, como Cesáreo Barrera, Carmelo García Gancho, Montenegro, Lelo Suárez, Kimbo, Kid Gavilán, Orteguita, Kilovatio.

Hoy, en este encuentro afortunado con mi primo, Campeón del silencio, quise recordar algunos momentos de sus gestas sobre el ring. 

Un abrazo.

ALFREDO AYALA OJEDA

jueves, 5 de julio de 2018

* “EL DELANTAL DE MI ABUELA”

Hace unos días, por medio de un gran amigo, me llegó, a través de “feisbu”, un delicioso artículo que he querido compartirlo con ustedes. Su título, sencillo: “El delantal de mi abuela”. Un delantal, hoy en desuso pero que, para nosotros, los que ya tenemos algo más que las sienes plateadas, guarda profundos recuerdos. Tanto como la “saliva milagrosa de nuestras madres” que cuanto tenía alguna rozadura, alguna mancha, se mojaba los dedos con su lengua y te dejaba inmaculado. El artículo me lo remite el amigo Miguel Ricarte. Está tomado del muro de doña Eligia Socorro Socorro…Disfrútenlo: 

"El delantal de la abuela"
El delantal de la abuela, es un texto que llegó a mis manos hace tiempo y, como lo identifico totalmente con el delantal de mis abuelas...

Dice el texto...

"La principal función del delantal de la abuela era proteger el vestido que estaba debajo, pero, además, servía de agarradera para retirar la sartén más que caliente, del fuego. Era una maravilla secando las lágrimas de los niños y, en ciertas ocasiones, limpiando sus caritas sucias.
El delantal servía para transportar desde el gallinero los huevos, los pollitos que necesitaban terapia intensiva y, a veces, los huevos golpeados que terminaban en el horno.
Con él, se recogían los frutos que caían de los árboles al terminar el verano.
Cuando llegaban visitas, el delantal de la abuela servía de refugio a los niños tímidos y, cuando hacía frío, la abuela se envolvía los brazos en él. Aquel viejo delantal, agitado sobre el fuego, oficiaba de fuelle y él era el que cargaba con las papas y la leña hasta la cocina.
Servía también de canasto para llevar las verduras desde la huerta.
Cuando se acercaba la hora de comer, la abuela salía a la puerta y agitaba el delantal, y entonces los hombres que estaban en los campos, comprendían de inmediato que el almuerzo estaba ya listo.
Cuando alguien llegaba inesperadamente, era sorprendente la rapidez con que el viejo delantal podía sacar el polvo de los muebles.
Pasarán largos años, antes de que alguien invente un objeto que pueda reemplazar aquel viejo delantal que tantas funciones cumplía…
Aunque quizás ya no hay abuelas que… tengan que proteger el vestido, dado que hoy hay muchos y tenemos máquinas que los lavan. Las agarraderas de las sartenes ya no queman. Las caritas de los niños, las lavamos con toallitas húmedas. El fuego lo avivamos con un botón o una llave y el polvo lo quitamos con bayetas ecológicas que repelen el polvo…
En recuerdo de mi abuela, hoy tengo colgado en mi cocina un DELANTAL, que me recuerda a aquella persona tan querida y que tantas cosas fue capaz de hacer con el delantal y sobre todo con mucho cariño.
Que tengan un feliz día y salud, MUCHA SALUD para todos”.

Precioso ¿verdad?

ALFREDO AYALA OJEDA

jueves, 21 de junio de 2018

* LECHE MECIDA O AMOLÁN

Hace algún tiempo, en una visita realizada a la isla de La Gomera (1.977), un reducido equipo de Televisión Española en Canarias, con Fernando Díaz Cutillas a la cabeza, nos desplazamos para mantener una entrevista sobre costumbres y tradiciones con el documentado historiador don Virgilio Brito. Don Virgilio, gustoso, nos contó la historia “Del Muerto que mató al vivo”, “páginas de la constante del isleño: la emigración y nos mostró su particular Museo Etnográfico de Hermigua. También, nos dio una lección práctica de la obtención de la Leche Mecida, manteca de ganado o Amolán, que de todas estas formas se conocía en las islas. 

“Durante varios días, - nos dijo- una o varias cabras se seleccionan y se dejan pastar en el campo sin ponerle ninguna ración. Solo las hierbas que brotan en fechas próximas a la festividad de San Juan. En esa época, las hierbas, enriquecidas por los rayos solares, tienen propiedades sanadoras y esas virtudes se reflejan en la leche que día tras día, tras el ordeño, se va depositando en un recipiente situado en lugar fresco. El último ordeño se efectúa el día de San Juan, antes de la salida del sol. 

Con la leche reposada se pasa al proceso de mecerla. Para ello se introduce en un odre o fol, que en Fuerteventura recibe el nombre de “borracho”. El odre, se cuelga sobre la gruesa viga cumbrera, se deja al pairo y se le introduce la leche. Luego, se cierra y se empieza a columpiarlo, hasta que el suero se separe de la leche. Con esta larga operación, los vaivenes del odre permiten que la leche se vaya espesando, hasta obtener la manteca de ganado, que los aborígenes isleños conocían como Amolán. 

Foto: Tomás Marichal elaborando leche mecida

Hoy, cuando se aproxima la festividad de San Juan, me ha venido a la memoria el recuerdo de aquellos momentos, recogidos y emitidos por Televisión Española, en que la tele iniciaba su andadura en las islas, pero, desgraciadamente estas valiosas imágenes, por pésima conservación o por distintos cambios de formatos, desgraciadamente, ya no existen. 

Recuerdo que las busqué, por todos los recovecos de los archivos televisivos, pero sin fortuna. Por eso, cuando dimos los primeros pasos sobre la serie Senderos Isleños, uno de los primeros capítulos fue el de “Tres historias majoreras”: El Amolán, La pesca de la anguila mediante embrosque y el queso enterrao... Fijamos nuestra atención en Tomas Marichal y durante días estuvimos alrededor de estos viejos oficios. Pero la memoria, desgraciadamente, le jugó una mala pasada y no pudimos terminar ninguno de los tres cometidos. Hacer el proceso sí; recogerlo, sí. Pero hacer el proceso completo fue imposible, porque la memoria ya no alcanzaba. 

Foto: Preparativos del embrosque

Embargo, Tomás Marichal, si nos comentó, con todo lujo de detalles algunos interesantes aspectos como_ “La leche, en esa época víspera de San Juan, era mantecosa y más rica en grasa. Estaba enriquecida porque las hierbas son más ricas en vitaminas por el efecto de los rayos del sol. Hasta no hace mucho, familias enteras, mecían la leche. Incluso, el “borracho”, se prestaba. La leche mecida o manteca de ganado, era aconsejable para desflemar, realizar estregaditos en el estómago cuando se tenía el “pomo esconchabao” y, también se empleaba, como pomada, para evitar la inflamación o irritación en las ingles o culito de los niños de pañales. 

ALFREDO AYALA OJEDA

martes, 19 de junio de 2018

* VERSIONES PARA LA CURA DE LA HERNIA

Todavía no se han apagado las fogaleras del día de San Antonio, cuando los chiquillos y galletones, empiezan a trastiar por los alrededores acarreando ramas, muebles viejos, cartones y todo cuanto pueda servir de combustible para alimentar las hogueras purificadoras de San Juan.

Ayer, cuando regresaba de la capital en dirección a la zona norte de la isla, fui divisando distintos montones de materiales viejos que prenderán en la víspera de San Juan.

Pero la noche de San Juan, la más larga del año, da para tanto que muchas de las tradiciones que se celebran en las islas no caben en estos folios.

Baños, fuegos, quemar lo viejo para renovarse, saltar la hoguera, plomo derretido, clara de huevos, los tres papelitos, el rezo de las tres papas “San Juan Bendito, por ser tu día, pon en mi mano la fortuna mía, el lavarse la cara con agua del rocío, baños de cabras y otros animales, apartar las cabras sin comer otra cosa que hierbas hasta el día 24, tomar las nueve olas, bañarse en la playa a las doce en punto, las cabañuelas de San Juan, la danza de las brujas, poner la escoba tras la puerta, preparar los hachitos, en los altos de Icod de los Vinos... En fin son tantas...

Pero a mí me tiene atrapado, por su sencillez, por su fe “La Cura de la Hernia”, en cualquiera de la especialidades que conozco: “El Drago”, “La Higuera”, “La Caña” o la “Mimbrera”. Cada una de estas creencias contadas por gente experta y hecha la practica por personas que venían haciéndolo desde hace muchísimos años....

Domingo Barbuzano, periodista y documentado en esta tradición, cuando hacíamos el programa Senderos Isleños de Televisión Española en Canarias, nos acompañó hasta un viejo drago en la Laguna. Nos mostró el drago, herido por las distintas operaciones sanadoras, sobre la cura de la hernia. Para ello, nos explicó, había que traer al enfermo y colocar, descalzo, la huella del pie y hacerle a lo largo una hendidura silueteando la planta del pie. Esta operación debe realizarse antes de la salida del sol el día 24 de junio.

En Icod de los vinos, en la zona de Las Canales, nos reunimos con Isabel, Juan y María y al oscuro caminamos durante un larguísimo trecho en busca de una vieja higuera. Queríamos estar temprano para que no nos sorprendiera los primeros rayos de sol. Hicimos los preparativos y, rápidamente, Isabel, saco un afilado cuchillo y lo limpió cuidadosamente. Juan y María, con un niño de un año aproximadamente, eran testigos de toda la operación. Llegado el momento el niño puso el diminuto pie sobre el tronco de la higuera para que Isabel lo silueteara... Con anterioridad, Isabel, con su cuchillo, abría la rama de una mimbrera para hacer un aro por donde pudiera pasar la criatura... “Las madres son muy desconfiadas cuando se trata de la salud de sus hijos. Por eso, me doy prisa porque así lo paso por la higuera y después, como refuerzo, por la mimbrera.

En el ritual María y Juan se colocan a uno y otro lado del aro por donde pasa la criatura y le dice:

Juan que me traes

María: un niño quebrado para que me lo devuelvas sano.

Esta operación, se realiza tres veces.

Para confirmar estas variantes viaje hasta la isla de la Gomera, donde tenía noticias que don Juan Santos, tocados de chácaras, artesano del tradicional ramo de frutas y flores, hizo esa practica. Juan Santos, con el que había compartido espacio en romerías y programas televisivos, me llevó al barranco de Arure. En el camino, cogió una rama de “bimbre”, le decía él y empezó a dar sus explicaciones. No solo hace falta para el ritual una Isabel, Juan y María (que no tienen otra virtud que llevar esos nombres de pila). Además, hace falta que las dos partes en la que se divide la rama de mimbre y por la que se había introducido la criatura, hay que sellarla con un hilo carreto uniendo ambas caras y regándolo con un barro finito. Después, cada tiempo, hay que visitar la ramita y cuidarla para que pegue y recupere la vida. Si la rama se sana, la criatura, también.

Por otro lado, en Lanzarote contacté con una vecina, de nombre Isabel, que había realizado esta practica en distintas ocasiones. En un viaje de localización, quedamos emplazados para una fecha próxima. Pero, siempre hay un pero, cuando llegué con los equipos la señora me dijo que lo sentía pero que no lo hacía porque su nietita le pidió que no lo hiciera porque en el colegio le decían que eso era brujería. Y, claro, me quedé con las ganas.

Pero como uno tiene amigos hasta debajo de las piedras acudí a don Juan Brito, mi catedrático de cultura popular. Y Juan que sabe de lo escrupuloso que soy para estas cosas de la tierra pues me preparó un equipo amplio y me recreó una de aquellas curas multitudinarias que se hacían por aquellos tiempos., El escenario, increíble y la vestimenta de los intervinientes, rigurosa y sencilla:

Foto: Alfredo Ayala en un ritual de San Juan, en  La Laguna, Tenerife

Así lo conté para Andar Canarias y tal cual lo reproduzco:

Alfredo Ayala: Estamos ahora mismo en el escenario donde se celebraba la práctica de la sanación de la cura de la hernia en la caña.

Juan Brito: Sí, estamos en el Barranco del Obispo. Aquí, antiguamente, a principios de siglo, porque esto data del siglo XVIII, se sabe que venían aquí. Había un cañaveral, todo esto era bosque y había cañas muy grandes, porque esa fuente alimentaba a todo el cañaveral.

Bueno, y en las mañanas de San Juan, que era cuando se hacía esto, venían aquí muchas familias, sobre todo de los pueblos del centro, por ejemplo de Teguise para abajo, Mozaga, San Bartolomé, Montaña Blanca... de toda esta parte venían aquí. Y esto era una fiesta, las mañanas de San Juan, a los claros del día, estaba toda la gente aquí. Venían en parrandas, en sus camellos, burros, traían sus viandas, sus cosas caseras que hacían...

Entonces la cosa era abrir una caña, coger al niño y hacían como un arco. Cogían la madrina y el padrino, que se tenían que llamar Juan y María, había una tercera persona que se llamaba Isabel, que era la que amasaba el barro y hacía el hilo en la rueca y el huso para ratear la caña cuando se terminara todo el ritual.

Bien, pues entonces cogían el niño, lo pasaban por la caña diciendo las palabras sanadoras, no sé si lo sabes...

Empezaban: María: “Ahí te va, Juan” – Él dice: “¿qué me das, María?” – Ella: “Un niño roto y quebrado. San Juan y la Virgen María me lo devuelvan sano”. Cuando ya lo tiene Juan en las manos se lo da a ella y dice: “Ahí te va, María” / “Qué me das, Juan” / “Un niño roto y quebrado. San Juan y la Virgen María me lo devuelvan sano”... Así seis veces. Entonces Isabel va hilando su lana, haciendo el hilo y tal. Pues cuando ya terminan los padrinos el niño pasa a otras manos, Isabel coge el barro que ya tiene amasado, lo pasa por la caña... Es decir, coge el hilo antes y lo ratea alrededor de la caña diciendo: “Con este hilo te amarro la vida, con este hilo te amarro la vida...”, hasta que termina el hilo de liarse en la caña. Luego coge el barro y unta toda la caña de abajo a arriba y dice: “Con este barro te curo la herida, con este barro te curo la herida“ hasta que termina este ritual.

Si al año de pasar el niño, la caña no se muere y echa nuevos revientos, está el niño curado. Si no, hay que repetirlo al año siguiente, siempre las mañanas de San Juan.

Hoy, ni Juan Brito, ni Juan Santos, están entre nosotros. Por fortuna, llegue a tiempo a esa cita de urgencias con nuestras costumbres y tradiciones para que futuras generaciones nos entiendan y comprendan mejor.

ALFREDO AYALA OJEDA