... Únicos en el mundo.

Hoy, me voy a permitir adentrarme en una historia, que comenzó a levantarse a mitad del siglo pasado y que, afortunadamente, continúa vigente: Los papagüevos de Agaete… unos papagüevos, únicos en el mundo… unos papagüevos a mi juicio, con carnet de identidad.
Cuando el día 3 de agosto, un volador quiebra el silencio… Su estallido es como el clarín del día que convoca al vecindario de Agaete a participar en uno de los actos más emblemáticos y populares de la festividad de Nuestra Señora de Las Nieves: “La Rama”.
Desde ese momento, se desborda el entusiasmo, reina la alegría y cobra vigencia el dicho popular: “Agaete míralo y vete porque si te quedas, en el corazón se te mete”…
Porque mascarones, gigantes y cabezudos, monigotes y papagüevos que de todas estas maneras se conocen en las islas, son antesala, anuncio y prólogo de la fiesta… Estos desmesurados muñecos abren la marcha y todos le seguimos para sumarnos con ilusión y alegría al festejo que ellos, con sus pasos de baile, entre graciosos y grotescos, inauguran. Muchos de ellos, la mayoría, son como “viejos amigos” que nos asombraron cuando éramos niños y, de mayores nos sorprenden con su particular historia…
Tantas veces, viví el intenso programa en honor a Nuestra Señora de Las Nieves, que no pude resistir la tentación de sentirme atraído por esos personajes, que se representan en papagüevos de fibra, y verlos, compararlos, para satisfacer mi curiosidad… cité a Cristo, Chachá y Faneque que gustosamente se prestaron a esa comparación, entre lo vivo y lo pintado.
LOS PERSONAJES:
Hablé durante largo rato con ellos… eran felices, se sentían protagonistas del festejo… Chachá, me llevó hasta su casa… Allí, con mimo, celosamente, está su doble: “cada día, lo limpio y lo aseo”... me lo dijo con tanta fuerza, que me dio la impresión que lo consideraba un ser vivo… no esperé para preguntarle: Pero.., ¿esto qué es un papagüevo, un muñeco…?
No me dejó terminar: ¡¡Un personaje!!...
A Chachá, le brillan los ojos y se le ilumina el rostro cuando habla de su otro yo, ese que como venido del cielo, llegó para acompañarle el resto de su vida.
Me despedí de Chachá que se acercó hasta la puerta para decirme adiós. Quede con él para traer una cámara para hacer unas imágenes de chachá junto a su doble… idéntica fue la conversación con Cristo y también lo citamos para el mismo día…
Y el día señalado con todos nuestros preparativos cámaras, trípodes, sonido, luz, etc. llegamos a la plaza…Y allí, estaban nuestros personajes y sus dobles… pero…, se habían ido a la peluquería para endomingarse, porque venía la televisión y querían estar guapos para la ocasión…
¡¡ Ya me han hecho polvo!!!…ahora sin barba, te pareces menos a tu doble… echamos nuestras risas…
CRISTO
POR QUÉ LA TRADICION:
En nuestras charlas con la gente del lugar, me apuntó el excelente amigo y cronista de Agaete, Chano Sosa, que esta feliz iniciativa, de darle carácter actual a los papagüevos de Agaete fue de don José de Armas. Él, tenía la idea de recrear en cartón piedra, a los personajes populares que se distinguieran por su labor. Estos papagüevos saldrían en la fiesta y serian bailados por las mismas personas que encarnaban. Así, cuando una de estas personas fallecía, el papagüevo se retiraría de la fiesta yendo a reposar a un sereno olvido al igual que su antiguo dueño. Pensaba Don José, que para el papagüevo la fiesta es la vida; retirarle del festejo, equivaldría a la muerte.
Chano Sosa, en la conversación que sostuvimos, abundó en datos: “Don José de Armas quería romper con lo establecido. Darle un giro a aquellos tiesos gigantes y cabezudos de la época que pasean por las calles, dando giros y manotazos como prólogo del festejo: “Chinos”, “esclavos”, “pincha uvas”. “razas del mundo”, “el rey y su corte”, etc. Él, antes de tomar la decisión de crear un papagüevo, hablaba con los personajes y les contaba su intención. Tras convencerlos, se ponía manos a la obra. Pero…, Chano, ¿qué pinta una americana en estas fiestas…?
Lo de Maggie, fue especial. Ella convenció a Don José para que la reflejara en un papagüevo. Maggie, era americana. Había recorrido mundo. Se enamoró de la pintoresca Villa de Agaete. Aquí vivió. Andando el tiempo, cuando las fuerzas le fueron abandonando, regresó a su patria. Su ropa chillona, como reina de colorines, su desparpajo, su pésimo y atropellado castellano cautivó a la gente del lugar. Cada vez que Don José le daba un retoque al papagüevo de Maggie, ella lo celebraba por todo lo alto invitando espléndidamente…
MAGGIE, ROMPE LA TRADICIÓN:
Pero la tradición, la originalidad de estos papagüevos únicos en el mundo, puede innovarse. Y fue hace unos años, cuando se varió la tradición de que en Agaete, los papagüevos de personajes ya desparecidos, no volviesen a bailar en las fiestas. El por qué, de este cambio merece conocerse:
Agaete, ha sido desde siempre fuerte atractivo para viajeros, artistas y estudiosos de la naturaleza, de los más diversos países. Atraídos por la belleza del paisaje y la bondad del clima, por la variedad y riqueza de la vegetación y los cultivos, el municipio siempre ha despertado interés y admiración, en cuantos extranjeros se han acercado hasta él. Pero siempre hay quien se enamora tan ciegamente de un lugar que lo elige para vivir allí, el resto de su vida.
Y este fue el caso de Maggie, “la americana esa”, llegada del otro lado del mar, dejando atrás otra vida, ya bien cumplida en años. De su trepidante América, se trajo puesto el dinamismo, el desparpajo ante muchos prejuicios, el vestir colores chillones… Ella, era todo un desenfado capaz de suponerse refrescante… En fin, encandiló a los lugareños que, cuando se encariñaron con ella, sería porque les dio motivos, y no tardó mucho. En una fiesta salió un papagüevo, en el que se encarnó a Maggie. Pero ella nunca lo bailó como dicta la tradición. Debido a su avanzada edad, solo salía a su lado, gozando junto a su autor, José De Armas, y Chano Sosa…
Pero Maggie una vez fallecida, quiso seguir participando, si no en cuerpo, sí en alma, en el festejo. Y dejó clara su voluntad, aún en contra de la tradición, de que su papagüevo, salga y siga bailando en la fiesta.
Y como el verdadero cariño siempre es complaciente, aunque Maggie, rompía la tradición, como era extranjera y el canario es respetuoso con la voluntad de cuantos llegan y hacen patria, ¿qué le costaba entonces, concederle un capricho?... Y así, variada la firma costumbre, Maggie, en su papagüevo, bailó después de morir…
MAGGIE
EL MUSEO:
Para mí, visitar el todavía pendiente de inaugurar “Museo de la Rama”, fue como un encuentro de infancia con los amigos de siempre. Aquí en silencio reposan, El Pululo, Vicentillo, El Carila…
Qué deuda de gratitud, más grande, hemos contraído con Don José de Armas, que ha sabido captar en estos muñecos de cartón piedra, el perfil del alma, de los rostros, de estos singulares protagonistas del festejo.
LA RAMA:
La rama, hay que vivirla, dicen unos, sin embargo, cada cual siente el ritual de la rama de manera diferente: Se habla del espíritu de la rama, que flota en el ambiente, otros, comentan que cuando se baila la rama, la figura de los danzantes se agiganta, mientras los más viejos del lugar, apuntan el valor simbólico de la danza. La rama, hunde sus raíces en el pasado, pero acoge nuevos ritmos que le dan un sello especial, mágico, único. La rama, mantiene la costumbre y admite la modernidad. Parece, como si todo fuera viejo y nuevo a la vez...
ALFREDO AYALA OJEDA