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miércoles, 13 de agosto de 2014

* EL PERRO DE PRESA CANARIO, UNA JOYA

Poderosos, hercúleos, nobles, de bella estampa y mirada de fuego, son los celosos guardianes que custodian la zona en que vivo… Jóvenes descendientes de aquellos gladiadores que, siguiendo las indicaciones de sus dueños, se jugaban la vida en cruentas peleas para regocijo, prestigio y orgullo de sus amos… 

Con la llegada de la prohibición de las peleas de perros en Canarias, algunos agoreros de pacotilla o interesados visionarios aventuraban que la nueva ley llevaba aparejada la desaparición de la raza. Pero no. Defensores de la valiosa raza, con paciencia, dieron un paso al frente para evitar la desaparición de estos poderosos cánidos. Y en el empeño continúan… 

Afortunadamente, gracias a este puñado de hombres y mujeres, la atormentada y cruel historia del Perro de Presa canario, ha quedado atrás. Algo así, como un mal sueño del que parece que hemos despertado.  De todas formas, a veces, cuando asisto a las frecuentes muestras que se celebran en el Archipiélago, me llegan informaciones que todavía, en la Canaria profunda, la práctica continúa en apartados lugares. Son peleas, que se celebran en el más absoluto de los secretos para evitar las durísimas sanciones…

Día tras día, suelo visitarlos. Reconozco que me tienen imantado y que estoy orgulloso de vivir rodeado de “Presa Canario” que responden a los nombres de “Tara”, “Tirma”, “Volcán”,  “Kimbo” y “Nublo”…  No son de mi propiedad. Pertenecen a la familia, pero los disfruto como si fueran propios…“Tara”, símbolo de la fertilidad; “Tirma”, por aquella película rodada en Gran Canaria en 1.954 protagonizada por  Silvana Pampanini, Marcello Mastroianni, Gustavo Rojo, José María Lado, Elvira Quintillá, José María Rodero y Félix de Pomés en los papeles principales. “Volcán”, responde  a la última erupción volcánica del Teneguía (1.971); “Kimbo” por aquél espigado y eléctrico boxeador teldense Miguel Calderín  y “Nublo” por nuestra lírica piedra lunar, símbolo de Gran Canaria. 

Si uno echa la vista atrás,  desde pequeño, recuerdo que, en casa de mis padres, hemos tenido algún perro de esos callejeros que la voz popular llaman “mil leches”… Decían mis padres que tener al cuido un animalito, implica responsabilidad. Recuerdo aquel primer perrito que, en memoria de casi siete años de permanencia en el Sahara, mi padre le puso el nombre de Tarfaya… Después llegaron Toby, Bombillo, Rabuja y July, una perra majorera, que me regalaron cuando dirigía el programa folclórico “La Bodega de Julián”.

Actualmente, en casa, tengo una perrita, blanca, de ensortijado manto que responde al nombre de Luna, faldera, que me acompaña en todos mis recorridos y a la que quiero con locura… En una Caniche Toy Enana, mimosa y celosa como ella sola que acapara atenciones y los halagos de toda la familia. Convive, en armonía, con una ninfa que tengo en libertad y dos cachorrillos gatunos… Muchas horas del día las paso entre el ordenador, escribiendo, leyendo y observándolos. Y me causa admiración que tres especies tan distintas convivan sin sobresaltos.

Próximamente, en Guía, se tiene anunciada “La VI muestra de Perro de Presa” y “II muestra de razas caninas autóctonas” y el día 17, a las 9 en punto no faltaré a la cita que tengo marcadita en el calendario.

ALFREDO AYALA OJEDA


1 comentario:

  1. Se puede decir mas alto pero no más claro,"algunos agoreros de pacotilla o interesados visionarios aventuraban que la nueva ley llevaba aparejada la desaparición de la raza. Pero no. Defensores de la valiosa raza, con paciencia, dieron un paso al frente para evitar la desaparición de estos poderosos cánidos. Y en el empeño continúan… " además añadiría, que gracias a esos defensores se sigue promocionando y mejorando, sin olvidar que se nos haya reconocido como RAZA en todos los ámbitos de la cinofilia mundial, aunque a día de hoy todavía hay muchos que sigan pensando en pajaritos preñados, Felicidades por el artículo.

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