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jueves, 4 de abril de 2013

* UNA SEMANA SANTA DIFERENTE


Voy a relatarles, una de las curiosidades de la Semana Santa… Hace unos años, conocí a un amigo con el que tengo una estrechísima amistad. Con él compartí distintos programas televisivos… Lo recuerdo, en orfebrerías, entre artistas, en charlas con los párrocos de distintas iglesias, con la cartera dispuesta para adquirir bordados, manteles, imágenes en tallas entre los 25 y 40 centímetros, diseñando peanas y metiéndonos en distintos círculos religiosos…

En cierta ocasión en una casa vieja que daba espaldas a la idílica Playa de las Canteras, me invitó a comer… Me había hablado de su devoción por la opera y nada más traspasar el umbral de la puerta, pinchó música sacra… “Estamos en Semana Santa y eso mi domicilio lo llevo a rajatabla…” A medida que avanzaba por el pasillo, descubría Santos, Patronos, Vírgenes que, colocadas en sus respectivas y artísticas peanas  realzaban su porte. Él, las había limpiado meticulosamente y brillaban que daba gusto… Cierto es que andar entre ellas me sorprendieron gratamente… Me habló de cada una de ellas y como, poco a poco, las había adquirido…

Nada más terminar el almuerzo, se puso en marcha... “¡Alfredo!, tengo que preparar estos pasos, para hacer mi particular semana santa…” Y del dicho pasó al hecho… lujosas mantelerías, tupidos velos, paños, mantillas, peinetas y varios carros de supermercado salieron desde distintos lugares…
Y esto, ¿de qué va? le pregunté sorprendido. Sin balbuceos me dijo: Es la semana santa y en la fecha señalada, que es mañana, hago una procesión del encuentro…

-¿Dónde?

-Aquí en mi casa. Esta vivienda, se convierte en la señorial Vegueta y no falta un detalle… La verdad que me pareció una locura, pero viniendo de él, no me quedó otro remedio que además de decir bendita locura, saber el final de la historia…

Le pregunté que si podía asistir… Y como respuesta me dijo tienes que venir vestido de negro y si alguna mujer viene contigo, pues debe asistir vestida de negro, con peineta y mantilla negra…

Desde temprana hora comencé a prepararme. Una amiga, de las que se apuntan a un bombardeo, me acompañó. Ella, que no conocía al anfitrión, alucinaba… Artísticos y tiernos palmitos colgaban de las paredes… Lentamente, fueron llegando los invitados… Curas, monaguillos…La verdad que fue un día mágico, recogido y sentido… Vivido el momento con toda la grandiosidad que se pueda imaginar… Allí, los pasos, perfectamente ataviados, con riquísimos detalles donde no faltaba el cristal de bohemia, candelabros, las flores, los pétalos, espléndidas velas y el sahumerio liberador de las malas vibraciones… Cada santo, en su disimulado carrito del “super”, salía, con andares cansinos, de cada una de las habitaciones… Cada asistente, con el vestuario adecuado estaba metido de lleno en su papel… En cada aparición de los tronos, una sentida malagueña interpretada por solistas, de los que me reservo sus nombres… Y el larguísimo pasillo se fue transformando en una magna procesión…

En verdad, fue una de esas vivencias que no se pueden olvidar…

ALFREDO AYALA OJEDA 

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