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martes, 5 de julio de 2011

* EL POR QUÉ DEL HISTÓRICO “ÁRBOL DEL RESPONSO”

Durante mucho tiempo he ido almacenando información sobre distintos árboles de Canarias… Hoy, con la intención de dejar las cosas en su sitio, vuelvo a retomar el tema sobre “el Árbol del Responso”… Un árbol que, ajeno a los tiempos que corrían, se encontró convertido en obligado punto de despedida que separa la vida de la muerte… Airada fue la protesta de la Iglesia Católica, que se negó en rotundo a dar sepultura en camposanto cristiano a otras confesiones residentes en la isla…

La historia, envuelta en sentimiento, la conté de esta manera en dos artículos anteriores que repongo para refrescar la memoria.

Por fortuna, o por desgracia, los árboles no hablan: pero a veces, la tradición, toma la palabra por ellos... O, si no, pregunten a este espléndido ficus que, durante muchísimos años, en el extremo de la capital grancanaria, dio sombra y cobijo a la comitiva fúnebre, en ese delicado y triste momento que separa la vida y la muerte. El ficus glorioso, no se sabe por qué razón, cuando llegó a la isla lo instalaron nada menos que en la calle de los Reyes, en la señorial Vegueta… Y allí, pasaron los días y los años hasta pasar dos centurias… Y, viejito, arrugado, pero aún florido, siguió prestando sus servicios. Al tiempo, fue creciendo su popularidad y regadas sus raíces con lágrimas de cuantos hasta allí llegaban a acompañar en su último viaje, al familiar o al amigo. Y fuiste tú, Árbol del Responso, el testigo mudo de sentidas despedidas…

Este ficus, no cruzó el mar por un capricho. Llegó para quedarse en Las Palmas de Gran Canaria... Cuando manos isleñas lo arrancaban de su tierra nativa, fue a ti a quien eligieron, “árbol del responso”... Algo especial tuvieron que ver para tal caso… Puede que este ficus hermoso hiciera un guiño cómplice, algún coqueteo convincente para ganar el sorteo de llegar hasta aquí... Tal vez, los árboles también sueñen como los humanos con lugares lejanos donde son más felices que en su propia tierra… Y hasta aquí llego en fecha que la memoria no alcanza, cómo suelen comenzar los cuentos...

Tu empaque y dignidad, exigían un emplazamiento apropiado para ti... Y te plantaste en la calle de los Reyes, nada menos.

Este ficus, llegó para vivir mucho, muchísimo, tal vez por eso, se quedó en el último tramo del camino humano... Bajo tus fuertes ramas se despedían durante años, los vivos de los muertos... y así, durante generaciones, reconfortadas o no por el responso de la iglesia... Tu ficus, ya del responso para siempre, eres testigo y frontera de la definitiva despedida... Y siempre florido, brillante, poderoso como antorcha de fuego verde, en medio de la calle despidiendo los duelos, alentando con tu fuerza, la última esperanza...

Esa fue tu historia a la que debes nombre, pero eso fue ayer o anteayer... Ahora, erguido “árbol del responso”, cuando tantos hombres, mujeres y niños, se han parado ante ti un poco antes de vérselas con dios y con la tierra, tu historia, inalterable durante centurias, llega al final... Todo eso fue ayer. Perdida hoy la tradición y la costumbre cuando ya cada día es un mundo de olvido, tu ficus, “árbol del responso” te revelas y pides atención. Nos obligas al recuerdo... fuerte ejemplo y fuerte problema nos dejas entre las manos...

Que hacer con tanta tradición que igual que tu no quieren morir en este mundo actual cada vez mas estrecho para la historia, para la memoria, para raíces como las tuyas “árbol del responso” que no encuentran por donde seguir creciendo...

Cierto día, una orden municipal, ponía fin a la historia del singular árbol del Responso. Sus días, estaban contados; sus servicios ya no eran necesarios y la plaza que se pensaba construir para albergarlo quedó sepultada bajo la piqueta del progreso.

Voces de distintos personajes se levantaron para evitar lo inevitable. También la mía, pero no había solución para impedir semejante despropósito.

Hoy, el ficus del responso, está desplazado en un cruce situado unos metros más allá. No tiene función. Vive en un retiro obligado, próximo al Campo Santo de Vegueta, en cuyo pórtico escribió el poeta silvestre Roque Morera: “Templo de la verdad y la mentira, no desoigas la voz que te advierte que todo es ilusión en la vida, menos la muerte”. La gente, la buena y agradecida gente, todavía acude allí para ponerle algunas flores y encender velas que recuerden a sus seres queridos.

¡Qué poco dados somos a reconocer los méritos de todo cuanto nos rodea…!

A mí me gustaría, que alguien me dijera si existe un catálogo que sirva para proteger a estos árboles singulares de Canarias. De haber existido, seguramente el “Árbol del Responso”, estaría empadronado en su mismo domicilio.
La realidad a la que he llegado es la siguiente:

En el año 1.812, se inició la construcción del primer cementerio de Las Palmas de Gran Canaria, en el linde entre Vegueta y el barrio marinero de San Cristóbal. Concluyó la fábrica tres años más tarde. La obra, debía costearla las arcas municipales, pero al no disponer de los recursos necesarios, el obispado anticipó el dinero…Surgió entonces el problema… ¿Cómo se iba a dar, en camposanto cristiano, sepultura a quienes profesaban otras religiones?. Inicialmente, los protestantes fallecidos recibían sepultura en el cementerio británico, pero esta colonia se negaba a ello.

Fue en esos momentos cuando se decide que en uno de los laterales del cementerio de Las Palmas, se enterraran los difuntos protestantes de nacionalidad no británica… Esto motivó una airada protesta de la iglesia católica que, desde entonces, se negaron a entrar en el camposanto de Vegueta, despidiendo a los fallecidos a la sombra del ficus que, desde ese momento pasó popularmente a llamarse “Árbol del responso”

ALFREDO AYALA OJEDA

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