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miércoles, 2 de marzo de 2011

* VALENTINA LA DE SABINOSA

Impagable es el servicio que ha prestado el programa “Raíces” de Televisión Española para recuperar o revivir las costumbres de nuestra gente cuando allá por los inicios de los años setenta, con la colaboración y el magisterio de Lothar Siemens y Maximiano Trapero, entre otros.

“Raíces”, magníficamente presentado y dirigido por Garrido, conectó profundamente con la audiencia… Aquella cabecera, en la que se rascaba la botella de anís y a la que se iban sumando otros instrumentos, fue de los pioneros que se lanzó al campo en busca de personajes y arraigadas tradiciones. Eran momentos en que empezaba a desperezarse, después de un larguísimo sueño, nuestro folclore. Raíces, era un programa esperado que recorrió todos los rincones de España a la búsqueda de ese documento que, estaba punto de desaparecer.

Así, en Canarias trataron temas como “La danza del Pámpano Roto” de la que solo quedaban testimonios orales. Aun así, reconstruyeron y escenificaron algunos pasajes, en el Barranco de Guayadeque, de la única danza fálica de la que se tiene imágenes. También otros documentos en La Oliva, como juegos, bautizos y celebraciones.

Hace poco, en Facebook, José Alberto Sánchez, me sorprendió con un documento casi olvidado, de la desaparecida folclorista Valentina la de Sabinosa, que en pleno campo, entonaba “el baile del vivo” mientras una pareja de baile ejecutaba la danza y cómo no, el arrorró que cantaba con dulzura infinita, con sus bracitos meciendo a la criaturita, acunándolo… Ella declaró que cuando llegó a Tenerife, se lo había escuchado a otras intérpretes, pero con música. Sin embargo, cuando Valentina lo cantó lo hizo a "palo seco", sin música y cautivó a cantos la escucharon...
"Si mi niño se durmiera
yo le daba un regalito
una piedrita de azúcar
envuelta en un papelito."
Cuántos arrorrós habrá susurrado, a las criaturas que ayudó a alumbrar, en su vida de partera…

Valentina era única; su arrorró una joya… su carita, surcada por el paso de los años, emanaba esa ternura que le permitió ser la madre el Archipiélago…

Casi a la par, Tenderete, en blanco y negro, en imágenes que todos tenemos más frescas, la escuchábamos con la misma devoción porque Valentina, la de Sabinosa, los interpretaba siempre igual y, a la vez, distintos.

ALFREDO AYALA OJEDA

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