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domingo, 26 de diciembre de 2010

* MIS RECUERDOS


En una noche como esta, me vienen muchos recuerdos a la cabeza, unos hacen que se dibuje una sonrisa en mis labios y en cambio otros, hacen que salga alguna lagrimilla.

Me viene a la memoria… cuando pequeñita, que pasábamos la Noche Buena, en casa con mis padres y mis abuelos. Era una cena entrañable, en ese momento yo era la pequeña de la casa y la única, qué maravilla, los cinco cenando juntitos, cantando villancicos y hablando del día siguiente, del que para mí era el grande, el importante.

El veinticinco de diciembre, qué ilusión… ese día a lo largo de la mañana, la casa de mis abuelos se iba llenando de gente. Tenían tres hijos y tres hijas, ellas eran las que casi siempre, llegaban primero. Mi perro Toby y yo, salíamos corriendo a encontrarlos a los coches, mientras se bajaban… todo eran besos y abrazos y se escuchaba en todos los lugares ¡Feliz Navidad!, se bajaban mis primos y ya empezaba a sentirse la fiesta, luego un poquito más tarde, llegaban ellos, entonces Toby y yo, junto con l@s prim@s que ya habían llegado, hacíamos el mismo ritual, llegar hasta dónde habían aparcado y ayudarles a bajar las cosas del coche.

Nunca olvidaré, que cuando la familia iba llegando, a mi abuelo siempre, se le saltaban las lágrimas, siempre tuvo la sensibilidad a flor de piel. (Para que me puedan entender, yo vivía al lado de su casa, salíamos a caminar, me llevaba a la piscina, a catequesis, hacíamos cometas, carritos, muñecas con el carozo de las piñas, cogía tunos y me los pelaba y había que ver como sabían esos tunos, que no pasaban por otras manos que no fueran las de mi abuelo… por lo tanto lo veía todos los días, eso sí… cada vez que lo veía le daba un beso, así fueran cuatro o cinco veces al día y él se emocionaba)

Ellas, se metían en la cocina con mi abuela y mi madre, pero ellos se quedaban en el patio hablando y nosotros los más pequeños, a jugar.

En total, éramos ocho los nietos de Sionita y Panchito, en esa época de la que hablo todavía faltaban por nacer, seis personas más, entre ellas… mis hermanos.

Como dije, cada uno tenía algo que hacer, se preparaban distintas mesas; la del comedor era para ellos, la de la cocina para ellas y la del traspatio, para nosotr@s l@s niet@s.

Después de almorzar, llegaba el momento de los postres, y allí estaban las truchas que había hecho mi abuela, mi madre, mis tías y yo, por supuesto, si alguna salía un poquito deformada, ya se pueden imaginar, a quién le echaban la culpa.

Mi abuela, se acostaba un ratito a descansar, mi abuelo, mis tíos y mi padre, se sentaban a jugar al “subastao” y así se pasaban todo el día. Mi madre y mis tías, recogían la cocina y se sentaban a hablar y a contar chistes, había que ver cómo se lo pasaban, alguno de ellos, a veces llegaba a levantarse, para ver que sucedía, al escuchar las carcajadas.

Ese día, era la niña más feliz del mundo, jugábamos a todo, al escondite, al virilé, a la soga, al elástico, al fútbol, a la guerra, a caravana uno, caravana dos y caravana tres y media… todo esto que les cuento sucedía en el campo. Allí éramos completamente libres, eso sí, terminábamos much@s de nosotr@s con las rodillas raspaditas, de las caídas, pero que no era nada importante, nos dolía pero había que aprovechar el tiempo. Tenía tres primas, mayores que yo, tres años nada más pero ellas eran las grandes y yo la pequeñaja, dos primos mayores y dos menores. ¡Cómo nos divertíamos!, según cuenta mi madre, esa noche no los dejaba dormir, porque la pasaba soñando, gritando, y nombrando a cada un@ de mis prim@s. Eran otros tiempos, en los cuales, era enorme la ilusión que existía por vernos tod@s, por reunirnos, por compartir.

Luego, como dije anteriormente, fueron naciendo los que faltaban, primero mis hermanos, y luego los cuatro hijos de mi tío, el menor. La familia había crecido y todo seguía igual. Crecimos y siguió la tradición. Llegó el momento en que trajimos al mundo a nuestr@s propi@s hij@s, y allí se reunían los abuelos, los hijos, los nietos y los bisnietos. ¡Eso era Navidad!

Y la madrugada del día de Reyes, eso ya era tremendo, sobre todo por lo que pasaba esa noche, después de costarles como a cada padre o madre, que su hija se fuera a dormir, eso sí antes ya había puesto la hierba para los camellos, el vasito de leche, caramelos… y por supuesto el zapato limpito, pues me tocaba acostarme y no podía dormir, aún así a día de hoy, reconozco que la noche de Reyes no puedo dormir, me embarga la ilusión, que así transmito a mis hijas. Cuando ya había cogido el sueño, bastante tarde… nos despertaba una melodía tan dulce, tan bonita… eran unas guitarras y una voz que cantaba:

Despierta madre despierta
de este sueño tan profundo
que hoy te viene a cantar
quien más te quiere en el mundo.
Nos asomábamos a la ventana y ahí estaban, como todos los años, mi tío y unos amigos, que cada noche de Reyes, venía a cantarle una serenata a mi abuela, su madre, era maravilloso. Luego pasaban por mi casa, recuerdo que nos hacíamos los dormidos y tardábamos en abrir la puerta, para que siguiera sonando la música.

Nota: Esto no es un artículo ni pretende serlo, simplemente me apetecía compartirlo, y desearles a tod@s visitantes y colaboradores unas FELICES PASCUAS.

LYDIA DÍAZ PÉREZ

4 comentarios:

  1. QUERIDA AMIGA AHORA ENTIENDO EL PORQUÉ TE GUSTAN MIS RELATOS ES QUE MAS O MENOS NUESTROS CENO FAMILIARES TENÍAN VIVENCIAS SIMILARES ME EMOCIONO AL LEER ESTOS RECUERDOS Y TAMBIEN ME ASOMAN LAGRIMAS A LOS OJOS ESTOS DÍAS YA SON MUCHOS LOS QUE FALTAN EN MI FAMILIA PERO YO HAGO TODO LO QUE PUEDO PARA QUE ALAN EL PRIMER BISNIETO DE LA FAMILIA EL DÍA DE MAÑANA RECUERDE ESTAS FIESTAS CON LA EMOCIÓN QUE HOY NOS EMBARGA A NOSOTRAS AL RECORDAR NAVIDADES PASADAS GRACIAS AMIGA POR MOSTRAR ESTOS RECUERDOS TE CONOZCO MUCHO MEJOR Y ME GUSTA DALE A TUS HIJAS UN ACHUCHON DE MI PARTE

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  2. Si con el articulo mas leido del blog "va por ti", me sorprendistes. Con este de hoy "recuerdos", rindes culto a la amistad, al cariño, al amor. Pocos, por no decir nadie, porque sería un atrevimiento, no se verían retratados en el sentimiento que encierra tu comentario. Me habias insinuado, en otras ocasiones, la veneracion que sentias por tus abuelos, tus idas y venidas, cogida de la mano o sentada sobre sus piernas. Tu abuelo, me decias, era tu ídolo, el amor eterno, el que perdurara mientras vivas: Sionita y Panchito. ¡Que pena no haberos conocido!
    Lydia, lo dicho, excelente relato que a nadie dejara indiferente por las fechas y por cariñoi que transmites.

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  3. Lydia;mi niña. Tus recuerdos,me han emocionado tanto que, al leerlos, sentía estar viviéndolos de nuevo. "Mis Recuerdos" Como tú los detallas, con tanto Amor,Ternura,Alegría,Añoranza y, también con Tristeza son tan entrañables que,les Brindas,un Sentido Homenaje a Tu Querido Abuelo y Abuela. Sé,que desde donde están,te siguen Adorando, como Tú a Ellos. Gracias, mi niña, por ser como eres. No cambies nunca.

    Besitos, de Panchito y Sionita.

    Abrazos y Besitos de tu Mamá.

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  4. Por una vez en tu vida me has dejado callaito, bueno; hablando por dentro.

    Que bonito me tienes añurgao como cual pella de gofio por josico se tratase.

    SHHHHHHHHHH exprimelo!!!!!! Tu ya me entiendes.

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